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¿Alguna vez se ha quedado tres horas seguidas en frente de la estantería de vinos tratando de escoger el correcto? Tranquilo, no es el único.
A veces el criterio de elección se rige por el precio, por la botella más “bonita” o por la etiqueta más sobria. Pero esta última va más allá de la apuesta de marca o de los requisitos sanitarios: es la puerta de entrada para contarnos exactamente qué estamos comprando.
Aprendamos a leer este “mapa” juntos.
Lo primero: el nombre y la bodega.
No, no siempre es lo mismo. Debe tener en cuenta que a veces el vino lleva el nombre del productor y, en otras, el de la marca propia. Si usted ya conoce una bodega porque ha probado algún otro vino antes y le gusta su estilo, ese dato puede ayudarle a elegir entre las opciones.
El porcentaje de alcohol
Este es un criterio que aparece en otras bebidas embriagantes. En general, más graduación (es decir, mayor número de alcohol) suele significar más “cuerpo” y sensación cálida en la boca. Entre menos graduación, los vinos son más ligeros.
D.O. (es decir, la Denominación de Origen)
Indican que el vino cumple normas específicas y que proviene de una zona concreta. Eso influye en el tipo de uva, el clima y el estilo de la bebida. Datos de los que hablaremos a continuación.
El año y la clasificación
La añada —el año de cosecha— no es un número decorativo. Este nos indica que, como el clima cambia cada temporada, eso afecta a la uva. Un mismo vino puede sentirse distinto dependiendo del año.
Si, por ejemplo, le gustó una botella en particular, revisar la añada cuando vuelva a comprarla lo va a ayudar.
Ahora, la clasificación también tiene que ver con el tiempo que el vino pasó envejeciendo, especialmente en barrica (el recipiente de madera, el barril). Esta es una pequeña guía al respecto:
- Joven: casi sin paso por madera. Más fresco, más frutal.
- Crianza: mínimo dos años de envejecimiento, parte en barrica.
- Reserva: más tiempo afinándose.
- Gran reserva: largos periodos en barrica y botella.
No es que uno sea “mejor” que otro. Son estilos distintos. Si prefiere vinos ligeros, la recomendación será elegir uno joven. Y así, dependiendo de la ocasión y de los gustos, encontrará la opción ideal.
La clase de uva
Si encontró una uva que le gustó en algún vino, puede empezar a buscarla en otras etiquetas de otras marcas y comparar. Aquí algunos ejemplos:
- Tempranillo: más equilibrada, neutral.
- Garnacha: más frutal.
- Cabernet Sauvignon: más estructurada. O sea, más densa.
- Verdejo o Albariño en vinos blancos: da más frescura y acidez.
Por último, pero no menos importante: los sulfitos.
La frase “contiene sulfitos” no significa que el vino sea artificial. Los sulfitos se generan naturalmente en la fermentación y ayudan a conservar esta bebida. Algunas bodegas trabajan con cantidades mínimas, otras producen vinos sin sulfitos añadidos.
Evite adquirirlos si sabe que es alérgico al compuesto. Además, recuerde que la compra y el consumo de bebidas alcohólicas debe hacerse estando en la mayoría de edad y bajo riesgo propio.
Para usted, ¿cuál es el mejor vino? ¿Qué criterio rige su elección? Lo leemos en los comentarios.
Si le gusta la cocina y es de los que crea recetas en busca de nuevos sabores, escríbanos al correo de Tatiana Gómez Fuentes (tgomez@elespectador.com) o al de Edwin Bohórquez Aya (ebohorquez@elespectador.com) para conocer su propuesta gastronómica. 😊🥦🥩🥧