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El regreso del tomillo: las hierbas que cuidan la tierra

Hoy, estas pequeñas plantas están demostrando algo poderoso, pueden ayudar a sanar la tierra y también la relación de las personas con los alimentos.

Doreen Colondres, chef

17 de marzo de 2026 - 08:00 a. m.
El tomillo es un ingrediente ideal para potenciar sabores de carnes e incluso para hacer sopas.
Foto: RitaE / Pixabay
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En algunas regiones de España está ocurriendo algo curioso que, en realidad, no es nuevo. Agricultores regenerativos están recuperando una práctica que durante generaciones fue común en el campo: plantar hierbas aromáticas entre los cultivos.

Entre olivares, viñedos y almendros vuelven a crecer tomillo, romero, lavanda y salvia. Estas plantas no solo perfuman el paisaje; cumplen una función clave en la salud del ecosistema agrícola. Atraen polinizadores, protegen el suelo, aumentan la biodiversidad y ayudan a “sanar” las tierras que durante años han sido explotadas.

Pero hay una planta que merece especial atención: el tomillo.

Esta pequeña hierba aromática ha sido durante siglos un ingrediente fundamental de la cocina mediterránea y también un remedio natural muy utilizado en los hogares. Contiene compuestos como el timol, conocidos por sus propiedades antibacterianas y antiinflamatorias. Por eso nuestras abuelas lo usaban para preparar infusiones contra resfriados o para aliviar la digestión.

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En la cocina, el tomillo tiene una capacidad única para transformar platos simples. Una ramita fresca puede aromatizar un guiso, el “steak”, el pescado, el pollo, unas papas asadas, un aceite de oliva o un plato de verduras.

Lo interesante es que estas hierbas también influyen en la calidad de los alimentos que se producen a su alrededor. Algunos agricultores han observado que cuando los olivares conviven con hierbas aromáticas como el tomillo o el romero, los aceites producidos en esos paisajes pueden presentar niveles más altos de polifenoles. Estos compuestos antioxidantes ayudan a reducir la inflamación, apoyan la salud cardiovascular y se han asociado con la protección frente a enfermedades neurodegenerativas.

Es un recordatorio de que el paisaje influye en la química de los alimentos, y esa química termina influyendo en nuestra salud.

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La buena noticia es que no necesitamos un campo para reconectar con estas tradiciones. Un pequeño balcón o una maceta en la ventana puede ser suficiente para cultivar tomillo o romero en casa. Con la llegada de la primavera, cuando la tierra despierta y los días se llenan de luz, es el momento perfecto para plantar, cuidar y volver a conectar con esos aromas que durante generaciones han acompañado nuestras cocinas.

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Tal vez por eso nuestras abuelas siempre tenían una planta aromática cerca de la cocina. Ellas sabían algo que hoy volvemos a descubrir: que el sabor, la salud y la tierra están profundamente conectados.

Volver a estas plantas no es nostalgia. Es sabiduría.

Si te gusta la cocina y eres de los que crea recetas en busca de nuevos sabores, escríbenos al correo de Tatiana Gómez Fuentes (tgomez@elespectador.com) para conocer tu propuesta gastronómica. 😊🥦🥩🥧

Por Doreen Colondres, chef

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