“Traemos el gallo Claudio todo amarillito todo creído, pintura naranjada, la negra que pica y sal, para que se conozcan todos los ingredientes. Raqueta dragón de fuego, aceite de tractor 0 kilómetros, doramos el gallo Claudio todo creído todo delicioso, doramos muy bien por ambos lados, después de 15 días, bajamos el fuego y agregamos un galón de pintura roja, 333.339 gotas de agua deslactosada, dos barras de caña líquida bronceada, Drácula todo enojado todo delicioso, un panal de abejas, salsa americana, pintura amarilla para entonar y de nuevo que se conozcan todos. Cuando estén firmes les hacemos unas pequeñas aeroventilas para que les entre bien el sabor, luego, cada 5 días destapamos y miramos al gallo Claudio. Después de 15 días destapamos, subimos la llama del amor y tapamos por cinco días para que se caramelice la salsa y está listo”.
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Esto que ustedes están leyendo aquí es la receta para hacer un pollo a la barbacoa, narrada a través del humor por su creador. Convertir una instrucción en un espectáculo es el truco que usa Víctor Rivera para conectarse con la gente que lo sigue, y no precisamente porque quiera que el chiste tape el conocimiento y la rigurosidad al hacer una preparación sino porque como él mismo lo cuenta, el conocimiento entra mejor cuando viene acompañado de una sonrisa.
Para él cocinar, igual que reír es un acto de generosidad porque una receta bien contada no solo enseña a cocinar un pollo, una carne o unos camarones, también le quita el miedo a quien nunca se había animado a prender un fogón para luego satisfacer paladares.
Convertir dificultades en oportunidades
“Vickingo” como lo conocen a través de las pantallas tiene 37 años y su vida más bien ha tenido sabores picantes, insípidos y muy salados, al menos durante la última década. Hace 11 años, tuvo un accidente de tránsito que lo dejó en coma, sin la pierna izquierda, sin la movilidad del brazo izquierdo, sin dientes y con el rostro reconstruido. Un momento que asocia con la incomodidad y con la imposibilidad de cumplir sus sueños, sin embargo, lo que vino después no fue el final, sino un comienzo distinto.
Antes de la cámara y de los 499.000 seguidores que tiene, estuvo horas enteras en un semáforo. Vendía dulces y limpiaba vidrios en una calle concurrida de Medellín, entre la Avenida Colombia y la calle 70, y de esa etapa no reniega. Al contrario, dice que “la calle fue su gran maestra”, porque me enseñó el valor del trabajo, a no avergonzarme, a ganarme la vida honradamente. Ahí aprendí a mirar a la gente distinto, porque detrás de cada persona que pasaba por ese aparato que cambiaba de colores en cuestión de minutos, había un destino y una mentalidad”, y a todas, asegura, las trató con respeto sin importar lo que hicieran.
Lo aclara con contundencia, “vender dulces o limpiar vidrios no fue un motivo de vergüenza para mí; siempre me sentí bien y la gente me apoyó mucho”. Lo que no quisiera repetir, dice, no es ese oficio en particular, sino las dificultades que lo empujaron hasta allá. Y en medio de esas dificultades, tuvo claro por dónde no iba a caminar. La calle también le ofreció atajos, dinero fácil, vicios, malas compañías y él solo los vio pasar. “Lo fácil no dura, dura poquito, mientras que el trabajo honrado deja tranquilidad.” Su fe y su familia, insiste, siempre pesaron más.
El plato que lo trajo de vuelta
Hay un plato que marca su historia, la de su renacer y no es ninguno sofisticado, se trata de una colada de bienestarina. Después del accidente, con la boca cerrada durante dos meses, fue de los primeros alimentos que su cuerpo pudo asimilar y que con el paso del tiempo transformó en un símbolo para de fuerza y de esperanza.
De ahí en adelante, la cocina dejó de ser solo el recuerdo de su mamá para volverse una vía de salvación. “Entendí que la cocina no era solamente preparar algo de comida, sino una forma de encontrarme conmigo mismo”, explica. Esa herramienta lo ayudó a levantarse.
Con el tiempo descubrió que cocinar lo ordenaba por dentro, y mientras en su cotidianidad transforma ingredientes, también organiza el pensamiento y sus emociones. La cocina le ha enseñado paciencia y a confiar en los procesos, “así como un plato necesita tiempo para quedar bien, la vida también necesita tiempo para reconstruirse”, lo afirma con una convicción que repite casi que como un mantra, “no hace falta lo caro para que algo sane, tampoco se trata de lo que hay en el plato, sino de su historia y del corazón que uno le pone. Lo que sana son las cosas sencillas hechas con fe.”
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De la nevera a la cámara
La receta que lo volvió viral fueron unas alitas de pollo apanadas a la BBQ, unas arepas de plátano maduro con queso en la masa y un jugo de borojó, pero él sabe que la gente conectó con algo más que la comida. “La gente conectó con la forma de ser mía, con cómo hablé”, ese primer video lo grabó siendo él mismo y así se quedó.
Su cocina es deliberadamente terrenal, cocino cosas que todo el mundo puede preparar en la casa, con ingredientes que se tienen a la mano, y la fórmula la resume a su manera, “un poco de creatividad, mucho corazón y pocos ingredientes”. Abrir la nevera y encontrar tomate, cebolla y verduras no es una limitación para él, es un punto de partida para crear “tesoros” en esos fogones que vio desde pequeño manipulados por su mamá.
Detrás de cada video hay una persona que la cámara no siempre muestra, su esposa, Victoria, con quien lleva 15 años. “Es una pieza fundamental, es el piñón de este proyecto”, dice. Ella se convirtió en sus ojos detrás del celular, en su apoyo en cada grabación y en su sostén en los momentos difíciles, siempre ha creído en él, y aun con los problemas que se les han presentado siempre sigue soñando a su lado con su hijo de 9 años, un aficionado al fútbol que ya cuenta con el respaldo de quienes en algún momento, vivían con la impotencia de lo imposible a cuestas.
Volver a sonreír
Hubo otro momento que Víctor cuenta con gratitud especial, recuperar la sonrisa. Fue gracias a un diseño de sonrisa que le regaló el doctor Carlos Alberto Restrepo, -el odontólogo de la artista colombiana Karol G- que recuperó la confianza para volver a sonreírle al mundo. Gracias a eso ha sido la cara visible de campañas publicitarias y el responsable de “alegrarle el día a aquellos que pasan por el lugar que escogí para trabajar cuando pasaba hambre”.
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En la actualidad, Rivera estudia en la Escuela de Gastronomía de Medellín (EGM), y está viviendo su nueva oportunidad como un tránsito de la cocina empírica a la formación profesional, porque sí, quiere en el futuro abrir su propio restaurante. “Durante muchos años aprendí desde la práctica, la experiencia, el recuerdo de mi madre y la necesidad, hoy tengo la posibilidad de adquirir conocimientos técnicos y fortalecer mis habilidades como cocinero”.
Lo sagrado y lo que viene
La receta sagrada de su mamá y que espera que nunca se le olvide su sabor son los fríjoles, esa bandeja que siempre se sirve en un plato humeante que se acompaña con arepa, tajadas de plátano maduro, aguacate y “cuanta cosa se le pueda añadir”. Rivera asegura que es un ser humano privilegiado, que haber nacido en Colombia es lo que lo ha mantenido con vida, porque es un país donde la hospitalidad el verdadero plato del día que se sazona con empatía.
Más allá del mondongo, el sancocho, el calentao paisa, y la arepa -que es casi un elemento insignia de la bandera de su departamento- Vickingo ha logrado desarrollar su potencial en una tierra de abundancia que hay que trabajar para transformarla en un festín que está convencido que deja satisfecho a cualquiera. Y si de presupuesto se trata, es tajante en su respuesta, “la comida deliciosa no depende del precio, con menos de $10.000, dice, soy capaz de servir un arroz con huevo y tajadas que vale el recuerdo de cualquier persona que se siente a la mesa, queda uno contento y con el bolsillo lleno”.
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Su reverencia mayor es para un ingrediente humilde que si pudiera lo pondrá todos los días en sus recetas, el plátano, ese mismo que ubica en un espacio de humildad, entendiéndolo como tradición y símbolo del campesino. “Dulce o salado, relleno o frito, es versátil siempre, yo creo que a eso sabe Colombia”.
El futuro “ya lo tiene en la mira” para cumplirle otro sueño, lo espera con las mismas ganas con las que hizo que su corazón volviera a latir, con calma y sin prisa: abrir un restaurante. No le pone fecha de vencimiento a este proyecto, lo quiere construir con bases sólidas, no solo por cumplir una meta.
Se lo imagina como un lugar con su esencia, buena comida y buena historia, donde la gente se sienta como en casa. Y quiere que su hijo, de 9 años, entienda de dónde viene todo esto, “quiero que vea que su papá es alguien que nunca cayó, sino alguien que aprendió a levantarse cada vez que la vida lo puso a prueba.”
Cuando mira hacia atrás, al muchacho del semáforo, no siente tristeza, más bien siente orgullo. “Le agradezco profundamente a ese joven porque fue él quien me enseñó a luchar, a trabajar, a no rendirme”. La cámara, dice, solo le dio un escenario más grande para seguir siendo el mismo de siempre.
La historia de Víctor, sigue escribiéndose, hace pocos días otra “diosidad” apareció frente a él, luego de 11 prótesis fallidas para reemplazar su pierna, consiguió la número 12, “la más cómoda que me ha tocado en la vida”, diseñada por Miguel Ángel Loaiza, certificado en prótesis y órtesis.
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Rivera tiene una banda sonora para definir sus días: “ay, mi Dios, mi grito te elevo, ay, mi Dios, bendito Papá, ay, Señor, la vida te debo, ay, mi Dios, bendito Papá”, esa vieja canción de Joe Arroyo que se entiende como el agradecimiento que eleva al cielo para por poder respirar y caminar.
Hoy encuentra una gracia inesperada en su “caminado de robot”, como dice entre risas, ese andar mecánico que ya no le recuerda lo que perdió, sino lo que ha ganado hasta hoy por continuar parándose en al semáforo a limpiar vidrios de manera ocasional y frente a los fogones de forma permanente. Y para él, eso basta.
Un momento para reflexionar
Si abres la nevera y solo tienes lo básico, ¿qué prepararías?
A) Arroz con huevo
B) Un buen sudado
C) Fríjoles con todo
D) Lo que aparezca, con creatividad
¿Cuál de estos ingredientes te recuerda a la cocina de tu casa?
A) El plátano
B) El fríjol
C) El arroz
D) La papa
¿Con qué acompañas siempre una receta de tu gusto, pase lo que pase?
A) Arepa
B) Aguacate
C) Tajadas de plátano maduro
D) Ají o picante
Si te gusta la cocina y eres de los que crea recetas en busca de nuevos sabores, escríbenos al correo de Tatiana Gómez Fuentes (tgomez@elespectador.com) para conocer tu propuesta gastronómica. 😊🥦🥩🥧