El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Lo que un documento de 1944 revela sobre la persecución contra mujeres lesbianas en Colombia

En una entrega especial para El Espectador, el historiador Felipe Caro Romero, fundador del Instituto de Historia Marika de Bogotá, revela un expediente médico de 1944 en Medellín que permite entender cómo el Estado persiguió a mujeres que amaban a otras mujeres, en un contexto marcado por prejuicios médicos, raciales y morales.

Felipe Caro Romero / Especial para El Espectador

16 de abril de 2026 - 06:34 p. m.
Foto: La Disidencia
PUBLICIDAD

En Colombia aún desconocemos mucho sobre la historia de las mujeres que amaron o desearon a otras mujeres. Por eso, cada vez que se descubre un documento nuevo al respecto es motivo de emoción. Sin embargo, la mayoría de veces estos documentos muestran la desgarradora violencia de un sistema que, por casi 200 años, castigó a aquellas personas que consideraba diferentes. La historia que se presenta a continuación* es un amargo recordatorio de una parte del pasado nacional que aún permanece poco explorada.

Le puede interesar: ¿Qué significa ser sáfica y en qué se diferencia de ser lesbiana?

Deseos sáficos y hechizos incompletos”

La noche del 25 de mayo de 1944 llegó a una inspección de policía de Medellín una mujer negra con un cuchillo ensangrentado en la mano, afirmando que acababa de herir a otra mujer. El motivo de la riña, según la mujer, identificada como XX en todo registro, fue que ella, una reconocida “bruja”, se había rehusado a continuar con el conjuro que Berta Martinez, de 21 años, le había solicitado para hacer regresar a su esposo, quien la había dejado tres meses antes. La razón del rechazo era sencilla: Martinez se había negado a seguir las instrucciones del hechizo, específicamente, la instrucción de cesar cualquier contacto con otros hombres.

Martinez le reclamó a XX, lo que terminó en una riña. Durante la confrontación, XX, quien se hizo con un cuchillo, hirió a Martinez en el abdomen, un daño grave pues esta se encontraba entre seis y siete meses de embarazo. Aunque en el hospital Martínez pudo recuperarse, fue necesario practicarle una cesárea y el nacido murió un día después a causa de las heridas.

Read more!

El proceso judicial iniciado por la denuncia de la misma XX develó que ella era una “homosexual” (lesbiana díriamos hoy). Las autoridades la enviaron a un asilo mientras investigaban este nuevo cargo, pues la homosexualidad era castigada en Colombia con hasta dos años de cárcel en ese entonces. La pesquisa reveló que XX ya había sido procesada por otros dos ataques violentos a mujeres que, según declararon, habían rechazado sus avances amorosos. Las declaraciones de Martinez, quien aseguró que fue por amor no correspondido que XX la atacó, parecían confirmar este patrón de violencia.

XX fue declarada culpable, gracias además a la recopilación de testimonios tanto en Medellín como en Angostura (de donde era oriunda) que daban cuenta de sus expresiones de género consideradas masculinas en una sociedad tradicional, su “infame” hechicería y su conocida homosexualidad. Esto a pesar de que su testimonio frente a las autoridades, que dió libremente cuando fue por voluntad, mantenía que la riña había sido producto de una bofetada que Martinez había dado al rehusarse a continuar con el hechizo: “Yo estaba en mi derecho, tenía que defenderme”.

Cuando se solicitó un peritaje médico especializado para evaluar el estado psicológico de XX, se llamó al Dr. Julio Ortiz Velásquez, afamado médico legista de Medellín. Ortiz la encontró cuerda a excepción de su confianza en la brujería, que al parecer “podría explicar” su orientación sexual. Sin embargo, al realizar un examen físico, el doctor Ortíz se topó con algo inesperado: una aparente malformación genital. Su conclusión fue que XX era clasificada, bajo los términos médicos de la época, como una “pseudohermafrodita”, pues poseía órganos sexuales masculinos no desarrollados. Este diagnóstico (y no su homosexualidad), hoy cuestionado por la medicina contemporánea, explicaba su violencia y atracción hacia las mujeres.

El diagnóstico de mujeres negras como hermafroditas (o pseudo hermafroditas) fue una práctica común a finales de siglo XIX y principios de siglo XX, debido a que sus cuerpos no cumplían con los parámetros de feminidad asociados a la idea física de mujer proveniente de Europa. Por ello, no sorprende la conclusión del Dr. Ortiz, quien además no solicitó segunda opinión. Bajo esta nueva revelación, se recomendó entonces que se enviará a XX a la Cárcel de Varones.

Al enterarse de esto, XX suplicó a las autoridades y al Dr Ortiz que no la enviaran allá: “Yo pago doctor, la falta que cometí, pero a la cárcel de hombres no me mande, o máteme si quiere, pero allá no me haga ir”. Sus repetidas súplicas, reiteradas en la documentación que poseemos, no fueron escuchadas y las autoridades procedieron a cortarle el pelo, ponerle ropa “masculina” y mandarla a la Cárcel de Varones. Desprevenidamente frente a esta situación en su informe final, Ortíz anotó que “la brusca revelación de su horrible miseria fisiológica y biológica la ha sumido en una depresión.”

***

No ad for you

La condena de XX es un hallazgo muy importante. Es uno de los pocos vestigios que tenemos sobre la homosexualidad femenina en Colombia a principios de siglo XX. Este caso permite entender cómo operaba el sistema médico-legal para controlar la sexualidad de las mujeres y cómo otros factores, como el racismo, se involucraron en este proceso. La crueldad con la que fue tratada XX y la crueldad con la que su vida fue archivada son dolorosas pistas que nos pueden guiar hacia un camino que llegue al reconocimiento de una persecución legal y sistemática a la disidencia sexual y de género que aún estamos por entender.

Lea también: No todos los dioses eran heterosexuales: 12 figuras queer en la mitología y la religión

*El caso fue publicado por Julio Ortíz Velázques bajo el título “Error de Sexo” en la Revista de Medicina Legal de Colombia, Vol 6 Núm 35-35 (1944): pp. 58-74.

🟣📰 Para conocer más noticias y análisis, visite la sección de Género y Diversidad de El Espectador.

✉️ Si tiene interés en los temas de género o información que considere oportuna compartirnos, por favor, escríbanos a cualquiera de estos correos: lasigualadasoficial@gmail.com o ladisidenciaee@gmail.com.

No ad for you

Por Felipe Caro Romero / Especial para El Espectador

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.