“Destrocé el corazón de Celia porque pasaba la mitad de mi tiempo amándola; y la otra mitad, ocultando lo mucho que la amaba”. Esta confesión del libro de Taylor Jenkins Reid resume una experiencia que marcó la Era Dorada de Hollywood: la fragmentación de la identidad como estrategia de supervivencia en una industria que castigaba a las personas LGBTIQ+. Se trata del retrato de un contexto real en el que las personas diversas debían dividirse para poder existir en la vida pública.
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El vínculo entre Evelyn Hugo y su compañera de estudio, Celia St. James, se desarrolla bajo una presión que obligaba a silenciar cualquier relación fuera de la norma heterosexual. Algo común en las relaciones románticas entre mujeres, la necesidad de presentar a tu pareja como tu “amiga”. La novela muestra cómo esta hostilidad social se traduce en la construcción de una fachada sostenida mediante el llamado “matrimonio lavanda”: acuerdos matrimoniales en los que una o ambas personas ocultan su orientación sexual para preservar su reputación pública, estabilidad económica o carrera profesional.
Evelyn se casa siete veces, combinando ambición con la necesidad de resguardar su intimidad. Estas uniones eran frecuentes en una época en la que la homosexualidad podía derivar en sanciones legales o en la pérdida de contratos. Porque amar libremente tenía condiciones. Para la protagonista, una mujer bisexual que amó profundamente tanto a hombres como a Celia, el matrimonio se convirtió más en un mecanismo de protección antes que en un proyecto romántico.
Contrato de protección
Históricamente, el matrimonio ha sido mucho más que una unión afectiva. En diálogo con este medio, la socióloga Mariana Castro explica que este vínculo ha funcionado como un contrato económico y social, especialmente en épocas donde las mujeres enfrentaban restricciones legales, simbólicas y materiales para construir su propia autonomía. Es decir, una institución que ordenaba la vida en torno a los hombres y limitaba la posibilidad de sostener vínculos afectivos visibles con otra mujer.
Bajo este esquema, los matrimonios por conveniencia surgen como respuestas estratégicas a entornos hostiles, en este caso, homofóbicos y machistas. Castro advierte que, aunque estos tratos ofrecen estabilidad, “siguen implicando la necesidad de ocultarse socialmente”. Las condiciones anulan el margen del deseo y colocan la vida en el centro de la decisión.
Desde la psicología, Nancy Becerra refuerza la idea planteando estos acuerdos como mecanismos de resguardo emocional y material. Para la especialista, no se trata de una opción libre, sino de una “constante disputa de supervivencia entre el bienestar psicológico, la seguridad económica y la inclusión social”.
No obstante, Becerra introduce un matiz importante: estos pactos, cuando son conscientes y éticos, también son una forma de resistencia. La complicidad en el secreto genera una fortaleza vincular que permite preservar la integridad en contextos donde existir abiertamente implicaba, y aún implica, un riesgo real.
Fragmentación y un duelo silencioso
Habitar una mentira durante décadas tiene un costo profundo. Priorizar la seguridad material por encima de la verdad personal organiza la mente alrededor de la negación. Según la psicóloga, este proceso implica un desgaste constante: “ocultar la orientación sexual no es solo ‘no decir algo’, al contrario, es estructurar la vida social bajo una máscara”.
Para sostener esta mentira, Evelyn desarrolla una gran capacidad para separar sus emociones. Según la especialista, más allá de una patología, se convierte en una forma de evitar que su vida privada choque con su carrera. Sin embargo, el precio es lo que se llama precarización simbólica, en donde logra mantener su éxito profesional, pero a cambio de un desgaste interno que la va vaciando por dentro.
El ocultamiento también produce un duelo no reconocido por la vida y el amor que no pudo vivirse a plena luz. La invisibilización responde a lo que se denomina la “heterosexualidad obligatoria”, una estructura social que mantiene la centralidad del hombre en la vida de las mujeres. Al mantener su romance en la sombra, la estrella protegía su poder, pero reforzaba el silencio impuesto por el sistema.
La norma como herramienta de exclusión
La heterosexualidad opera como una regla social que condiciona el valor femenino a su relación con los hombres. Mariana Castro señala que este mandato puede generar una “heterosexualidad compulsiva”, donde incluso mujeres con deseos hacia otras mujeres establecen estos vínculos para validar su pertenencia social y supervivencia.
En términos de salud mental, explica Becerra, esto suele manifestarse como vacío emocional, apatía o pérdida de sentido vital. El cuerpo comienza a señalar que algo no funciona; en Evelyn, el cansancio deja de ser físico y se transforma en existencial.
¿Son estas decisiones una forma de agencia o únicamente el resultado de la opresión estructural? La respuesta se sitúa en una zona intermedia. Desde la mirada de la protagonista al final de su vida, sus matrimonios fueron también una forma de resistencia. Aprendió a manipular las reglas del juego para construir su imperio personal; comprendió el sistema y decidió ganar. Sin embargo, esa victoria aparece marcada por una pérdida irreparable. El matrimonio lavanda termina siendo una renuncia forzada a la integridad afectiva y una manera de mantenerse en el clóset.
“Tengo más dinero del que podría llegar a usar en esta vida, pero me arrepiento de cada segundo que elegí eso en vez de amarla con orgullo. Pero eso es un lujo”.
La confesión evidencia que la verdadera libertad no se basa en perfeccionar el arte de esconderse, es transformar las condiciones que obligan a hacerlo. La historia de Evelyn Hugo recuerda que, cuando el éxito exige la fragmentación del yo, la gloria inevitablemente adquiere un trasfondo amargo. La historia también dialoga con experiencias que todavía atraviesan a muchas personas LGBTIQ+, para quienes la visibilidad sigue siendo una negociación constante.
Como concluye Becerra, el objetivo es reconfigurar las condiciones que obligan a las mujeres a fragmentarse para sobrevivir. Esto es especialmente urgente en un mundo que aún castiga la diferencia y prohíbe expresar libremente el amor homosexual o una identidad diversa. Al final, ninguna fortuna puede devolver el tiempo que una vida pasa aprendiendo a existir en la sombra.
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