Entre insultos, gritos y peleas se suspendió la semana pasada el inicio del octavo debate en el Congreso del proyecto que podría cambiar la historia de Colombia y sus políticas prohibicionistas para enfrentar el fenómeno de las drogas. Este martes 20 de junio, día en que se acaba la legislatura, es el último plazo que tiene la iniciativa para ser aprobada o hundirse, como ocurrió en las tres ocasiones anteriores. (Le puede interesar: El pesebre de marihuana que crece en el norte del Cauca)
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La diferencia con los intentos fallidos es que, por primera vez en la legislación colombiana, el proyecto ya superó siete de los ocho debates que se necesitan en el Congreso para modificar el artículo 49 de la Constitución. En el país, el consumo de la dosis personal está despenalizado desde 1994 por la Sentencia C-221, del magistrado Carlos Gaviria Díaz, y está permitido el autocultivo de máximo 20 plantas. Esto quiere decir que la discusión actual se enfoca en la producción, comercialización y venta del cannabis de uso adulto y no en su consumo.
En 2009, durante el gobierno del expresidente Álvaro Uribe, se modificó el artículo 49 de la Constitución y se incluyó una prohibición expresa: “El porte y consumo de sustancias estupefacientes o psicotrópicas está prohibido, salvo prescripción médica”. La iniciativa del representante Juan Carlos Losada busca modificar este artículo y agregar una excepción con el mercado del cannabis de uso adulto. “La prohibición prevista en el inciso anterior no aplicará para el porte y consumo del cannabis y sus derivados por parte de mayores de edad. Tampoco aplicará para la producción, distribución, venta y comercialización de esta sustancia con fines de uso adulto”, establece el proyecto.
¿Por qué cree que Colombia debe regular la industria del cannabis de uso adulto?
El centro del proyecto de acto legislativo es permitir la comercialización del cannabis, que hoy está prohibida. En Colombia es legal consumir cannabis, es legal portar hasta una dosis determinada y es legal el autocultivo de hasta 20 plantas. Cuando todo eso es legal, ¿qué sentido tiene mantener esa sustancia en poder de un mercado ilegal? Por eso es que los colombianos deben acudir a redes delictivas para poder obtener una sustancia legal. Es absurdo, es una contradicción que no tiene sentido. El acto legislativo busca habilitar la comercialización del cannabis en Colombia. Es decir, crear, un mercado legal del cannabis. En una segunda discusión se planteará cómo será esa regulación.
Los contradictores del proyecto dicen que se está promoviendo el consumo del cannabis, ¿usted qué les diría?
Este proyecto no es una apología de la sustancia, me he cansado de decirlo y me ha molestado cuando otros han hecho apologías de la sustancia aquí. Este proyecto no se trata de promover el consumo de cannabis, sino que busca que la gente pueda hacer efectivo un derecho y una libertad constitucional que tiene. Hay varios ejemplos que aguardan mi postura, por ejemplo, los estudios en Estados Unidos sobre qué ha pasado con el consumo de niños, niñas y adolescentes en los estados donde se ha regulado. Varios de ellos muestran que en el 75 % de los estados no solamente no aumentó, sino que se redujo el consumo en menores de edad. Eso tiene una lógica, y es que el Estado puede hacer una mejor prevención en un mercado regulado que en un mercado no regulado. También transmitir la mejor información a las aulas, a los colegios, a las familias. Esto tendría un efecto inmediato sobre la educación y en materia de prevención. Además, que un mercado regulado le da un enfoque de salud pública y no un enfoque punitivo. En la actualidad les estamos dejando todo este mercado a los narcotraficantes y a traquetos, pues ellos son los que están dándoles información a los consumidores sobre la droga. No el Estado. (Puede leer: Las 12 recomendaciones de académicos para la regulación del uso adulto de cannabis)
¿Y aquellos que dicen que ahora se podrá fumar cannabis en espacios públicos, como los parques?
Les recuerdo que la Corte Constitucional ya les dio la facultad a los alcaldes para que determinen en cuáles zonas se va a poder y en cuáles no en el espacio público de sus municipios. Esto va a tener unas talanqueras. Con estos argumentos es que se debe responderles a quienes han instrumentalizado a los niños y a las niñas para tratar de cercenar el verdadero acceso al derecho que tienen los colombianos de acceder a una sustancia legal.
¿Cree que debe haber una política especial para las comunidades que históricamente han cultivado cannabis y también han sufrido la violencia?
Para ellos debe haber un licenciamiento especial. Por eso debe haber una inversión del Ministerio de Agricultura muy importante en ese sector, pues esas inversiones terminan siendo reparación, y es la razón por la que nuestro acto legislativo pretende dejar la tributación en las regiones donde se genere el tributo. No centralizarlo, sino justamente descentralizar los tributos canábicos. Hay unos que están directamente diseñados para efectos de infraestructura canábica en las regiones que tendrán que dejar impuestos en esos municipios. Tendremos que seguir haciendo lo mejor en la regulación, justamente para llevar la justicia a esos sectores que se han visto marginalizados por la ilegalidad.
De ser posible la regulación, ¿le apostaría a un modelo que permita mayor participación del mercado, como en Estados Unidos, a un monopolio estatal, como en Uruguay, o a uno intermedio, como en Canadá?
Siento que Colombia necesita un modelo intermedio. Necesita un modelo de libre mercado que mantenga en algunos aspectos la intervención estatal, porque necesitamos equilibrarles la cancha a quienes han sido las víctimas del prohibicionismo, en especial a esos campesinos y campesinas que están del lado ilegal, justamente por el prohibicionismo, en lugares como el norte de Cauca, donde hay miles de hectáreas de cannabis sembrado de manera ilegal. Debemos traerlos a la formalidad. Para que esta población no se quede por fuera del negocio, como sucedió con el cannabis medicinal, quien debe ser el actor primordial es el Estado, y lo debe hacer a través de inversión en esa región. Es decir, la regulación en Colombia debe ser una regulación de libre mercado que entienda perfectamente la condición de quienes no están en las mismas condiciones de competencia y el Estado debe entrar a suplir esas deficiencias. (Le puede interesar: El “falso boom” de cannabis medicinal que se prometió en el norte del Cauca)
¿Cómo no repetir los errores del cannabis medicinal?
Hay dos factores fundamentales. El primero es entender que en el cannabis medicinal los estándares que se requieren son farmacológicos. Se trata de desmitificar una falsa promesa, entendiendo que este mercado es una oportunidad, sin decir que nos va a sacar de la pobreza ni que es el próximo oro verde. Hemos recolectado cifras que nos indican que este mercado nos puede dar 17,5 empleos por hectárea, mientras que otros cultivos, como el de palma africana, logran entre 8 y 10 empleos por hectárea. Claro que el cannabis tiene unas potencialidades, pero eso no quiere decir que vaya a ser la panacea para la economía rural colombiana. En segundo lugar, entender el tema sanitario y comprender que debemos tener una regulación sanitaria gradual, que nos lleve a garantizarles a los consumidores la mejor calidad posible, sin dejar por fuera del mercado a quienes son sus principales cultivadores, y ahí el Estado tiene que desempeñar ese rol central, para darles las condiciones técnicas a los campesinos y que puedan participar del mercado.
¿Por qué esta vez, a diferencia de las tres anteriores, el proyecto para regular el cannabis de uso adulto ha llegado tan lejos?
Lo primero es que la composición del Congreso cambió y es más liberal. El Partido Liberal sigue siendo la primera votación, también creció la representación del Partido Verde, que en definitiva es un partido liberal, y la participación de la izquierda, que en temas de derechos y garantías son liberales. Eso nos dio una posibilidad de que esta vez fuera diferente a lo que pasó con Iván Duque. Se le suma que el presidente Gustavo Petro ha hecho un énfasis en este tema, sobre todo en sus discursos internacionales. Este es el primer paso. En Estados Unidos, por ejemplo, los estados que hoy tienen reguladas todas las sustancias empezaron por la del cannabis. Es decir, usted tiene que arrancar por lo suave para poder ir viendo cómo puede incluir otro tipo de regulaciones.
¿Si se llega a caer el proyecto, lo volvería a presentar?
Lo he presentado cuatro veces, ¿por qué no lo voy a presentar cinco veces? No voy a bajar los brazos en esta lucha. Lo mismo me ha pasado con otros proyectos como las corridas de toros, que no lo he podido lograr, pero que seguiré insistiendo en ellos. Estoy listo para seguir dando este debate si necesitan 10 años más. Si no pasa, la Corte Constitucional, como siempre, será la que termine estableciendo las reglas de cómo será ese mercado, porque si el Congreso no es capaz de hacer su labor, pues la termina haciendo la Corte. En caso de que pase, trabajaré sin cesar para sacar una regulación que sea beneficiosa para el pueblo. Ese es el paso que hay que dar después, porque uno se tiene que hacer responsable de sus leyes y de sus actos legislativos, no solamente en el trámite en el Congreso, sino después en su aplicación.
Además de este proyecto, se presentó el del representante del Pacto Histórico, Alejando Ocampo, ¿en qué se diferencia la regulación del cannabis de uso adulto que él propone?
Creo que esa regulación es un tema de tal magnitud que debería ser un proyecto presentado por el Gobierno. Hace unos meses conseguí la firma de 25 senadores y representantes a la Cámara, pidiéndole al Gobierno que creara una mesa de concentración canábica entre el Gobierno y el Congreso, para empezar a trabajar en los temas concretos de la regulación. Lo que se aprobó del proyecto de Ocampo es el informe de la ponencia, es decir, que vamos a darle debate al proyecto. Yo presenté 23 proposiciones a este proyecto, que consta de 77 artículos, es decir, más del 30 % del proyecto yo lo cuestiono. Me parece que es sobre regulador. Le pongo un ejemplo concreto: el proyecto de Ocampo establece que solamente se podrán transportar 25 kilos de marihuana, entonces, no tiene sentido si usted tiene un camión al que le caben toneladas, porque solamente puede transportar 25 kilos de marihuana. Opino que esa regulación debe quedar en manos del Ministerio de Transporte, que es quien debe ver con el Gobierno, con el propio Ministerio de Justicia, cuál debe ser la cantidad máxima de cannabis que se puede transportar para estar seguros de que esto no termine en las redes ilegales de otros países.
¿Qué pasará con aquellos que están condenados por porte ilegal de cannabis si pasa el proyecto? ¿Quedarían libres?
Lo que hizo Joe Biden en Estados Unidos fue entregarles a estas personas amnistía federal, y creo que eso hay que hacerlo en Colombia, porque hay mucha gente que ha sido condenada por hasta, tristemente, menos de la dosis mínima. De hecho, el 40 % de las incautaciones de marihuana es por dosis menores a 20 gramos y se supone que la dosis personal no se puede incautar. Justamente porque no ha habido un mercado regulado y porque hay una contradicción entre el hecho de que hay una sustancia que es legal, pero que no se puede adquirir legalmente, ha habido múltiples injusticias que se han dado con muchas personas, quienes han terminado presas por tener un porro en su posesión. Deberían quedarse detenidas aquellas personas a las que no se les pueda probar que están privadas de la libertad por comercializar otras sustancias.
¿Cuándo cree que en el país podríamos tener una tienda de cannabis de uso adulto de forma legal?
Si el acto legislativo se aprueba, yo esperaría que en el siguiente año se pudiera aprobar una ley de regulación. Pero yo calcularía que no más de un año y medio o dos años máximo a partir de hoy. Por tarde, si todo sale bien, en 2025. (Lea también: Cannabis: se levanta el debate tras pelea entre ‘Jota Pe’ Hernández e Inti Asprilla)
Si pasa este proyecto, ¿se lanzaría a promover iniciativas que regulen otras sustancias psicoactivas?
Creo que hay muchas otras sustancias que necesitan ser reguladas, pero esperaría un tiempo, porque creo que lo que es responsable es mostrarle a Colombia, primero, que el camino de la regulación es un mejor camino que el de la prohibición. Esperaría el tiempo prudente para que la propia nación empiece a ver los cambios que la regulación del cannabis trae.
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