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22 Jun 2020 - 7:26 p. m.

Canto a mi pueblo negro, una mirada a las luchas de los pueblos del Pacífico

La canción fue compuesta por Betzayda María Domínguez y cuenta con la interpretación del maestro Hugo Candelario. Así le apuestan a la conexión espiritual y memoria de las luchas de los pueblos afro del Pacífico.
'Canto a mi pueblo negro' fue compuesta por Betzayda Maria Domínguez y en esta versión participa el maestro Hugo Candelario.
'Canto a mi pueblo negro' fue compuesta por Betzayda Maria Domínguez y en esta versión participa el maestro Hugo Candelario.

A través de la marimba, del maestro Hugo Candelario, la guitarra, el cununo y guasá, ‘Canto a mi pueblo negro’ evoca los sonidos de la selva y el mar. Sin embargo, la canción que Betzayda María Domínguez compuso hace más de 20 años tiene un significado más profundo. Domínguez narra que la letra salió casi como si se tratase de un dictado a finales de los noventa, años que coinciden con los de mayor recrudecimiento de la violencia política en el Pacífico colombiano. Es así como la cantautora encontró una forma de reconectar al pueblo del pacifico y crear memoria de la lucha afro en los territorios.

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Es en este escenario de violencia y dolor, que Domínguez escribe la música y la letra de la canción. Había llegado a Buenaventura en 2001 desde su natal Chocó, para iniciar sus labores pastorales con comunidades rurales y urbanas, víctimas de un conflicto que no daba tregua. La cantautora recuerda que ese año fue muy dura la vida para mi en Buenaventura, porque la violencia estaba muy fuerte. Entonces yo recuerdo que muchas veces, a eso de las 6:00 de la mañana, escuchaba disparos. En dos ocasiones vi caer gente. Quienes los mataban salían corriendo”.

Lo que era una canción para apoyar la celebración de una eucaristía, se convirtió en un himno de la reivindicación de los derechos de las comunidades afro en Colombia. Con una letra que habla del territorio, la cultura, los ancestros y la conocida ley 70 de 1993, importantísima en reconocer a las comunidades negras de los ríos de la cuenca del Pacífico y sus prácticas tradicionales. Además, con la composición Domínguez invita a las comunidades afro a mirarse hacia adentro, para fortalecer y unirse a la lucha conjunta por la reivindicación de sus derechos.

Asimismo, la composición plantea una conexión espiritual con las raíces africanas. La canción se centra en creencias Yorubas, una cosmología que comparten aproximadamente el 30% de la población de Nigeria. Domínguez, a pesar de ser una misionera de la Hermana Laura, decidió incluir en sus letras algunas deidades propias de la cosmología Yoruba, luego de un encuentro pastoral en Brasil. Al encontrar gran similitud entre estas prácticas culturales y las realizadas en Chocó, ella cuenta que “no lo sabría explicar, pero sentí la conexión.

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La cantautora también relata que cuando canta “hacemos honores a los cimarrones, líderes y lideresas de los palenques, quienes vivieron la lucha, nunca se callaron, siempre defendieron su territorio y la vida también”. Quiere invitar a recuperar la espiritualidad de los pueblos afro en el Pacífico. De igual manera, señala que es necesario hacer memoria de los orígenes para fortalecer la identidad, que siempre ha estado ligada con las luchas de las comunidades. Sin embargo, incluir a deidades de otra cosmología en sus canciones ha sido conflictivo y eso Domínguez lo ha tenido que lidiar.

De acuerdo con el comunicado de lanzamiento del videoclip de la canción, “Betzayda, siendo misionera de la Madre Laura, se encontró con prohibiciones dentro de la jerarquía eclesial, que le indicaban dejar de invocar a Yemayá, Oshún, Obatalá, Ewa, Ebeji porque iba en contra de Dios”. Sin embargo, ella ha logrado darle la vuelta a estos señalamientos y promover el encuentro con la diversidad y siendo una canción raizal se ha convertido en un himno que acompaña los cantos de la Guardia Indígena.

La ley 70 de 1993 que reconoce los consejos comunitarios y la titulación colectiva, es mencionada con frecuencia por Domínguez quien recuerda las travesías en lancha por el Río San Juan y marchas de comunidades chocoanas hasta llegar a Bogotá en las que participó. El resultado de la organización de las comunidades negras fue el reconocimiento jurídico de los derechos ancestrales de los pueblos afro a la identidad, el territorio colectivo.

El video de la canción fue grabado en varios lugares del Pacífico colombiano con líderes y lideresas del proceso de Comunidades Negras, PCN, ACOM, Mujeres Corteras de la Caña, Consejos comunitarios de la Toma (Cauca), La Plata y Bahía Málaga en Buenaventura (Valle).

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