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31 Jul 2021 - 8:31 p. m.

Condenan al “padre Ángel”, quien violó y asesinó a una mujer tras “exorcismo”

Édgar Alberto Gómez pagará 39 años de prisión por orden de la Corte Suprema. Asesinó a una mujer en Soledad (Atlántico), con complicidad de “creyentes”, y dijo que la víctima estaba poseída por “el negro Felipe”. La ahorcó por tres días, la accedió sexualmente y, una vez falleció, la maquilló y sentó en una mecedora.
Imagen de referencia. El hombre se hacía llamar el "padre Ángel".
Imagen de referencia. El hombre se hacía llamar el "padre Ángel".
Foto: Pixabay

El patrullero Esteban Díaz fue testigo de una historia increíble. El 5 de noviembre de 2010, hizo presencia en un barrio de Soledad (Atlántico) pues los gritos desesperados de una mujer alertaron a los vecinos. Cuando fue, en compañía de otros dos patrulleros, le respondieron que en esa casa todo estaba bien y que se hacía “lo que se les daba la gana”. Al siguiente día volvió, pero lo que encontró seguramente no olvidará: María Martínez* estaba sentada en una mecedora, maquillada, pero sin signos vitales y con evidentes señales de maltrato. Édgar Alberto Gómez, quien aseguraba ser el “padre Ángel”, la había asesinado luego de tres días de un supuesto exorcismo. 11 años después, fue condenado a 39 años de prisión.

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Todo comenzó a finales de 2010. Entonces, Gómez ofrecía fantasiosos servicios de exorcismo, pues aseguraba ser un sacerdote ordenado en la iglesia católica. En la casa de los esposos Jairo Rafael Pertuz y Miladys Cecilia Pérez, celebró una sesión de oración, convenciendo a María Martínez* de que estaba poseída por el demonio de “el negro Felipe”. Según dijo el asesino, se trataba de un “espíritu maligno” que abusaba sexualmente de la víctima durante las noches. Se comprometió a expulsarlo de su cuerpo, a través de una sesión que luego los cómplices dijeron que era “socialmente aceptada”.

A María Martínez* la llevaron al segundo piso de la casa de los Pertuz Pérez. Allí, Gómez fue el maestro de ceremonia y la ciudadana Leli Johana Doria participó como asistente. “El ‘padre Ángel’ la penetró con los dedos en la vagina y el ano, y en las mismas cavidades le fueron introducidos billetes. En sus oídos y nariz le clavaron agujas. Recibió golpes en varias partes del cuerpo, se le causó gastritis hemorrágica (al parecer por la ingesta forzada de sal y miel) y le fueron infligidas laceraciones en la lengua”, agregó la Corte Suprema, quien acaba de resolver un recurso de casación interpuesto por los representantes de víctimas y las involucradas Pérez y Doria.

Mientras los vejámenes sucedían, Jairo Pertuz y Miladys Pérez oraban y reproducían alabanzas en un equipo de sonido. Finalmente, Martínez* fue asesinada el 6 de noviembre de 2010 al medio día, muriendo por asfixia mecánica. Cuando los familiares fueron a preguntar por la situación de la víctima, encontraron que Gómez y los demás “creyentes” la habían cambiado de ropa y le habían arreglado las uñas. En interrogatorio, Gómez dijo que ella “se había sacrificado por el bien de todos”. Lo cierto es que Medicina Legal después demostró que tenía lesiones en la cara, cuello, tórax, abdomen, glúteos y piernas, así como un hematoma en el cuello uterino y un desgarro anal.

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Édgar Gómez, Leli Johana Doria, Jairo Pertuz y Miladys Pérez fueron imputados el 8 de noviembre y en la navidad de 2010. Gómez y Doria como autores de homicidio agravado y la pareja de esposos Pertuz-Pérez como cómplices. En sentencia del 22 de mayo de 2012, Gómez y Doria fueron condenados a 39 años de prisión, los demás recibieron una pena de 16 años intramuros. No obstante, los involucrados apelaron la decisión y llevaron el caso al Tribunal Superior de Barranquilla, el cual consideró como primer elemento que el supuesto sacerdote era inimputable, es decir, no estaba en sus sentidos cuando cometió el crimen y por tanto solo debería estar internado.

El expediente llegó a la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia. El abogado de víctimas alegó que Gómez no era ningún inimputable, pues aunque tenía un historial de enfermedades mentales, su psiquiatra José del Carmen Bornacelly declaró que ese mismo año le había dado de alta y estaba en total rehabilitación. El abogado de Lely Johana Doria, la asistente de Gómez, explicó que su cliente en todo momento pensó que se trataba de un ritual religioso y que ella misma ya se había sometido a maniobras de “sanación”. Miladys Pérez, quien prestó la casa, aseguró que participó en una ceremonia históricamente aceptada en Colombia.

La Corte Suprema estudió la posibilidad de declarar a Gómez como inimputable, pues el tribunal había decidido que era “un demente salido de la realidad” y que obró en un “entorno ficticio paralelo donde la víctima era una poseída”. Sin embargo, encontró que el asesino obró con pleno conocimiento de que su sesión podría cobrar la vida de María Martínez*. Para ello, trajo a debate el testimonio del psiquiatra Bornacelly, quien aseguró que atendió a Gómez entre 2006 y 2010, y que una cosa era cuando tenía “crisis” y otra cosa era cuando lograba que su comportamiento se apaciguara.

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“Uno tiene lunas de miel y también tiene lunas de hiel, es decir, uno pasa por momentos magníficos en que tú tienes a tu paciente correctamente vestido, adecuadamente presentado, desempeñándose ocupacionalmente bien o tienes el paciente acompañado de tres agentes de la policía en la puerta de la clínica y la familia llamándote hace tres días que no lo encuentran, que no saben dónde está”, explicó el psiquiatra. Según le dijo a la Corte, Gómez durante noviembre de 2010 estaba en su “luna de miel”, pues no presentaba agresividad, hiperactividad o ideas paranoides.

Lo mismo confirmó la testigo Claudia Martínez*, hermana de la víctima, quien cuando arribó a la casa del homicidio, notó que Gómez estaba tranquilo y articulaba las palabras de manera adecuada. “El patrullero Esteban Díaz Rodríguez, quien ingresó a la vivienda en la noche del 6 de noviembre de 2010, encontró el cadáver y realizó las primeras capturas, también aseguró que el comportamiento de Gómez en ese momento fue ‘totalmente normal’ y siempre ‘habló coherentemente’”, agregó la Corte.

Desde luego, el despacho no desconoció conductas atípicas como que Gómez hubiera sentado a la víctima en una mecedora, le hubiera intentado dar té y que, incluso, intentase “revivirla” a gritos. Sin embargo, “tales conductas, aisladas de cualquier otra de las que caracterizaba y definía los ataques (se reitera, verborrea, ideas persecutorias, movilidad exagerada, agresividad), resultan insuficientes para colegir que en esos momentos estaba en crisis, es decir, para atribuirlas a un episodio maníaco y no a una expresión libre e inteligente de la voluntad criminal”, concluyó la Corte.

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Sobre Lely Johana Doria, la asistente, la alta corte le dio la razón de que los rituales de liberación y sanación no son actos penalizables en Colombia, sin embargo, le advirtió que entre eso y asesinar a una persona hay un océano de diferencia. Le reprochó que tenía conocimientos en salud ocupacional y que estaba completamente insertada en las dinámicas sociales de un centro urbano, por lo cual no cabe duda de su responsabilidad durante el asesinato y su omisión. Quedó en firme su condena a 39 años de prisión.

Asimismo, sobre Miladys Pérez, quien prestó su casa para el crimen, se acusó el pleno conocimiento que tenía de las fantasiosas habilidades de Gómez. Una semana antes del asesinato de la víctima, había escuchado como su hijo sufrió los maltratos de la supuesta ceremonia de sanación. El joven le dijo que resultó sangrando por la boca y que “jamás había gritado tan fuerte”, no obstante, ella permitió que días después la mujer fuera maltratada día tras día. Contra ella quedó en firme la condena a 16 años de prisión y, además, la Fiscalía deberá investigar el “exorcismo” al que fue sometido su propio hijo, quien nunca fue abusado como sí le pasó a Claudia Martínez*.

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