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12 Feb 2021 - 2:00 a. m.

Cúcuta en alerta tras llegada del Clan del Golfo

La ONU puso sus ojos esta semana en la vereda Banco de Arena, cercana al Catatumbo, a la que habrían llegado hombres de “Otoniel” para pelear por el narcotráfico y el contrabando en la frontera.
Two men who were arrested carrying in a hearse a coffin with drugs as if it belonged to a victim of the new coronavirus, are presented to the press next to packages of the seized drug in Cucuta, Colombia, in the border with Venezuela, on May 13, 2020. / AFP / Schneyder MENDOZA
Two men who were arrested carrying in a hearse a coffin with drugs as if it belonged to a victim of the new coronavirus, are presented to the press next to packages of the seized drug in Cucuta, Colombia, in the border with Venezuela, on May 13, 2020. / AFP / Schneyder MENDOZA
SCHNEYDER MENDOZA
En los últimos meses, la Policía ha aumentado los operativos en contra del narcotráfico en Cúcuta. /AFP.
En los últimos meses, la Policía ha aumentado los operativos en contra del narcotráfico en Cúcuta. /AFP.
Foto: AFP - SCHNEYDER MENDOZA

En medio de la crisis de seguridad que viven varias regiones del país por cuenta de las masacres y los asesinatos de líderes sociales y excombatientes, una de las zonas que más preocupa es el área metropolitana y rural de Cúcuta. Desde diciembre de 2020, varios sectores han alertado sobre lo que viven cientos de familias en 17 veredas de la capital de Norte de Santander y de dos municipios cercanos que también sufren las disputas entre grupos armados al margen de la ley: Puerto Santander y Tibú. Una de las veredas que más preocupa es la de Banco de Arena, la que está más al norte del municipio y que colinda con el Catatumbo.

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Los reclamos aumentaron esta semana cuando Juliette de Rivero, representante en Colombia de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, visitó Banco de Arena con el fin de verificar las condiciones actuales de esta comunidad que está en medio de los enfrentamientos -en los que también la Fuerza Pública interviene-. El Espectador se contactó con funcionarios públicos, defensores de derechos humanos y líderes sociales de la zona para conocer las consecuencias de esta pugna violenta que ya dejó un líder social asesinado el pasado 16 de enero: William Antonio Rodríguez, a quien semanas antes lo obligaron a desplazarse de manera forzada, pero al volver a la vereda lo mataron.

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Wilfredo Cañizares, director de la Fundación Progresar, que hace veeduría de los derechos humanos en Norte de Santander, señaló que en Banco de Arena los campesinos están pagando extorsiones a los hombres bajo el mando de alias Otoniel. Asimismo, manifestó que los pobladores tienen restringido el paso de grandes cantidades de comida y que están siendo desplazados forzadamente. “Esta vereda queda apenas a 40 minutos de Cúcuta y es una zona en la que hay distritos de riego. No es una región donde no haya inversión social y abandonado a su suerte”, agregó la cabeza de Progresar, la ONG que dio el primer campanazo de alerta el 14 de diciembre de 2020, cuando el Clan del Golfo llegó a zona rural de Tibú.

Durante los primeros días de enero, la Policía capturó a alias Aquiles, un hombre de confianza de Otoniel que lo acompañó desde que ambos eran miembros del bloque Centauros de las Autodefensas Unidas de Colombia. En ese momento se supo que Aquiles gestó alianzas con la desarticulada estructura los Rastrojos en Norte de Santander, para confrontar a los Pelusos y retomar las rutas ilegales hacia Venezuela. “Desde los Llanos Orientales se encuentra articulando un plan de consolidación del Clan del Golfo en Cúcuta y como eje principal del narcotráfico en la región del Catatumbo y la frontera con Venezuela”, se lee en un documento de la Dijín conocido por este diario.

En entrevista con este diario, un miembro de la comunidad de Banco de Arena, recientemente desplazado hacia Cúcuta, señaló que lo que ocurre en la vereda es un desplazamiento a cuentagotas. “Vamos saliendo de a poco, pero hay mucho temor. Cuando llegaron esta gente armada dijeron que venían a sacar al Eln y a sus colaboradores. Hemos salido de a poco con mi familia, porque no se puede vivir con la preocupación de que en cualquier momento se pueden encender a tiros esta gente y terminar uno muerto en la mitad de ellos”, dijo el miembro de la comunidad, a quien este diario le omite su nombre por seguridad.

Lo delicado de la situación de Banco de Arena es que se encuentra a pocos minutos de una de las subregiones más convulsas del país: el Catatumbo, conformada por los municipios de Ábrego, Convención, El Carmen, El Tarra, Hacarí, La Playa, Ocaña, San Calixto, Sardinata, Teorama y Tibú. Estos territorios son considerados como uno de los cónclaves más importantes del narcotráfico, no solo por su capacidad de producción de droga, sino que es la principal ruta al tener salidas hacia Venezuela y el Caribe colombiano. En noviembre de 2020, la Defensoría del Pueblo señaló que las veredas de San Miguel y El Empalme, pertenecientes a Tibú y colindantes con Banco de Arena, estaban en alto riesgo.

“La disputa territorial que se viene presentando entre el Eln y los Rastrojos, en busca de obtener el control de la zona de frontera colombo-venezolana (...) La frontera de Tibú hacia las poblaciones venezolanas está parcialmente controlada por el Eln mediante la instalación de minas antipersonales en las veredas La Primavera y El Socorro para impedir el paso de los Rastrojos. Sin embargo, esta es una frontera muy extensa y los Rastrojos se han movido por territorio del vecino país, lo que plantea la posibilidad de ingresar a Tibú desde la parte más noroccidental de la frontera a través de áreas de La Casigua y El Cubo, por donde también transitaba el Epl”, apuntó la Defensoría del Pueblo.

Los Rastrojos, organización nacida del cartel del norte del Valle, pero que se extendió en varias regiones del país, se encuentra debilitada por las capturas que ha realizado la Fuerza Pública contra sus importantes miembros. Fuentes policiales explicaron que de al menos 700 hombres que los Rastrojos tenían en Puerto Santander y zona rural de Cúcuta, hoy solo quedan cerca de 80, pues el Eln también los tiene cercados. Asimismo, recientes operativos de las autoridades venezolanas contribuyeron con el debilitamiento de la estructura criminal, que en su mejor momento tenía células en departamentos como Nariño, Putumayo, Córdoba, Chocó, Cesar, entre otros.

No es la primera vez que hombres de Otoniel hacen presencia en la capital de Norte de Santander y sus municipios circundantes. En noviembre de 2017, cuando alias Inglaterra murió durante un operativo policial en Chinácota, se supo que sus hombres se movían entre Cúcuta y Zulia (Venezuela). La Policía señaló que en abril de ese año Otoniel le había ordenado a su hombre de confianza reagrupar a todas las filas dispersas que operaban en la frontera, luego de un operativo policial que los dejó contra las cuerdas y como una medida para encabezar la ruta del narcotráfico internacional y evitar divisiones internas.

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