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26 Jan 2022 - 2:00 a. m.

El vacío de poder en las disidencias de “Gentil Duarte” tras la muerte de “Jhonier”

El Ejército y la Policía aún no tienen claro quién será el sucesor del hombre considerado como la tercera cabeza de las disidencias de “Gentil Duarte” y que estaba al mando de 1.000 hombres armados. Alias “Calarcá” sería un posible heredero.
“Jhonier” fue uno de los guerrilleros que formaron parte de la toma de Mitú en 1998.  / Andrea Aldana
“Jhonier” fue uno de los guerrilleros que formaron parte de la toma de Mitú en 1998. / Andrea Aldana
Foto: El Espectador

Los organigramas de las disidencias de las Farc han estado en permanente cambio los últimos meses. Varios de sus líderes han muerto en circunstancias que aún no son muy claras o en enfrentamientos con la Fuerza Pública. Ese es el caso del más reciente golpe contra la disidencia de alias Gentil Duarte en el suroccidente del país. El pasado lunes, el presidente Iván Duque confirmó la muerte, durante un operativo militar, de Euclides España Caicedo, alias Jhonier, el tercero al mando de esa disidencia, considerado como una figura similar al fallecido alias el Paisa, en la Segunda Marquetalia, por su nivel de beligerancia y experiencia de casi tres décadas en el conflicto armado.

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Como suele suceder en estos escenarios, alias Gentil Duarte e Iván Mordisco, segundo al mando de la disidencia, asignarán muy pronto a un subalterno para que se haga cargo de las siete estructuras que coordinaba Jhonier y que estaban integradas en total por unos 1.000 hombres armados, entre los departamentos de Cauca, Nariño y Valle del Cauca. Según fuentes militares, aún no es muy claro quién podría llegar a dirigir ese poderoso andamiaje criminal, que tenía como fin disputarles los corredores de narcotráfico al Eln, la Segunda Marquetalia y otros reductos criminales de las guerrillas o que formaron parte de grupos sucesores del paramilitarismo y operan independientemente.

Hay un nombre que surge, por ahora, dentro de los radares de la Fuerza Pública como el heredero del poderío de Jhonier en el suroccidente del país. Se trata de Alexander Díaz Mendoza, alias Calarcá, que al igual que el recién fallecido militó en el frente 40 de las antiguas Farc y son hombres de total confianza de Gentil Duarte e Iván Mordisco. Este hombre, que está cercano a los 40 años, ingresó a los 18 a las Farc y en 2017 abandonó el proceso de paz y retomó las armas. Según los últimos reportes de inteligencia, Calarcá se mueve con alrededor de 100 hombres armados en los municipios de Mesetas, Vistahermosa y Uribe. Allí mantiene el control de más de 5.000 hectáreas de cultivos de coca y tiene una alianza con antiguos miembros de la banda criminal los Puntilleros.

Calarcá cobró notoriedad en 2018, cuando un grupo de desminado humanitario fue amenazado en esa zona del Meta, pero además porque ha mantenido confrontaciones con la Fuerza Pública en los últimos años. “Que Calarcá reemplace a Jhonier aún no es muy claro, porque las labores que cumple él en el Meta son claves para una de las rutas más importantes de la disidencia de Gentil Duarte: la que inicia en el Meta, pasa por Venezuela y termina en manos de enlaces de los carteles mexicanos en Centroamérica. Así que para esa disidencia tendría que perder un hombre de confianza en una zona donde la Segunda Marquetalia y el Clan del Golfo también le disputan el territorio”, señala un alto oficial del Ejército.

En marzo de 2021, Calarcá fue señalado por la Fiscalía de ser el responsable, junto con toda la cúpula de esa disidencia, del reclutamiento forzado de tres menores de edad en Caquetá y Guaviare. Según el ente investigador, tras la desaparición de los menores, estos fueron encontrados sin vida en el campamento del guerrillero alias Gildardo Cucho en agosto de 2019, tras un bombardeo de la Fuerza Pública y que terminó costando la salida del entonces ministro de Defensa, Guillermo Botero. A su vez, el Ejército ha identificado que él y sus hombres se han estado desplazando por el municipio La Macarena, en el Meta.

Sea Calarcá o el que sea delegado para ocupar el vacío que dejó Jhonier, su destino es una zona donde confluyen varios grupos armados que se disputan otra de las principales rutas de la salida de la cocaína a Europa y Estados Unidos. Por ejemplo, en el Cauca se disputaba el territorio del Cañón del Micay y la costa Pacífica del departamento con la guerrilla del Eln y la autodenominada disidencia de la Segunda Marquetalia. En Nariño libraban una guerra contra las estructuras residuales Óliver Sinisterra, el Bloque Occidental Alfonso Cano, Ariel Aldana y los Contadores. Esas violentas disputas han dejado, solo en 2021, el desplazamiento forzado de al menos 2.000 personas y decenas de asesinatos de civiles.

Un alto oficial de la Dijín de la Policía menciona que los grandes grupos armados actualmente carecen de perfiles criminales que puedan asumir roles claves en las organizaciones criminales y que a su vez sean de confianza para sus principales líderes. “Tanto el Clan del Golfo como la Segunda Marquetalia han tenido varios golpes por parte de la Fuerza Pública en el último tiempo que les ha obligado a recurrir a delegar a subalternos en los que o no confían plenamente o no tenían previsto que asumieran ciertos roles en las estructuras criminales”, dice el uniformado que ha hecho seguimiento al rearme de las disidencias de las Farc.

La concentración de tantos actores armados hace que sea complejo entender las dinámicas de poder en esta zona del país, señalaron fuentes de la Policía en diálogo con este diario. Además, esta situación se dificulta por el constante cambio de las alianzas, los nombres de los grupos criminales y sus liderazgos. Estos grupos, sobre todo los que hacen presencia en Nariño, junto con los que están en la frontera con Putumayo, son los responsables de los envíos de cocaína que llegan a Ecuador y han desatado toda una crisis de seguridad en el vecino país entre bandas criminales que coordinan los envíos a Europa y Estados Unidos, y que vincula a enlaces de las mafias mexicanas y de los Balcanes.

Lo que se espera es que, tras la muerte de Jhonier, esta disidencia responda con ataques contra instalaciones o personal de la Fuerza Pública. Naturalmente, en los próximos meses iniciará otro ciclo de la disputa por el narcotráfico en el sur occidente colombiano: los trabajos de inteligencia darán con el heredero de Jhonier, quien se convertirá en uno de los grandes objetivos militares del país.

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