Este Congreso Mundial que se hace en Colombia coincide con los 35 años de la Constitución Política del país, ¿Qué destaca de la Constitución de 1991 como ejemplo para el mundo?
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Me parece que fue un gran pacto de la sociedad colombiana, es una Constitución que arriesgo hacia el futuro, dando la vuelta a la página y fue un magnífico ejercicio. Desde luego, como todas las Constituciones, puede tener sus virtudes y sus defectos. Pero creo que le ha servido a Colombia, que ha transitado de un Estado muy limitado y golpeado por ciertos grupos, hacia uno realmente fuerte, consolidado, que enfrenta sus desafíos. Creo que le ha servido para llegar hasta donde está hoy en día.
En distintos países de la región se han presentado discursos políticos que hablan de reformas constitucionales. De hecho, hace dos años en México hubo una que permitió la elección de jueces y magistrados por voto popular. ¿Qué papel deben jugar los jueces en una democracia como la colombiana en la que los discursos políticos llegan a desacreditar incluso a las altas cortes y sus decisiones?
Yo creo que ese tipo de reformas toca verlas con mucho cuidado. Nosotros la estamos sufriendo en México. No ha sido una reforma lo suficientemente asertiva y doy algunos datos: algunos jueces que fueron electos por voto popular están renunciando a esos cargos, porque ser juez no es fácil, aunque se diga que hacer justicia es muy fácil. La verdad no lo es. Es un oficio que exige de una especialización, técnica, incluso de conocimientos administrativos, de cómo llevar un juzgado o cómo formar parte de un tribunal colegiado. Eso no es fácil. Esta reforma en México atendió precisamente a una propuesta del presidente anterior, de Andrés Manuel López Obrador, a quien no le gustaba la Corte Suprema y con quien tuvo diversos conflictos jurídicos que llevaron a la Corte a limitar e invalidar algunas reformas que el presidente había presentado. Se dieron choques estructurales. Yo espero que eso no pase en Colombia.
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¿A qué se refiere?
El país está saliendo ahora de un proceso electoral, que con todo lo cuestionable que pueda resultar, es un procedimiento electoral democrático, y para eso ha servido la Constitución de 1991, justamente para acceder al poder de una manera pacífica y democrática. En todos los procesos electorales siempre hay triunfadores y los que no han llegado al triunfo. Pero aquellos que no han llegado al triunfo tienen también un papel fundamental en el Estado democrático y es hacer una oposición inteligente en el marco del Congreso. El Estado democrático es tan generoso que permite eso: que el gobierno gobierne y que la oposición haga lo propio en el Congreso.
¿Usted cree que las constituciones son herramientas para los gobernantes o son obstáculos para sus mandatos?
Hay que tener algo muy claro en América Latina y es que la Constitución es una norma que, al interpretarse, se actualiza. La Constitución tiene intérpretes cualificados. Un intérprete cualificado es el Congreso. Y otra cosa es el intérprete supremo de la Constitución, que son las cortes constitucionales. Estas realizan también otro método de interpretación. El quehacer del Congreso es fundamental en nuestros países y no lo hemos querido terminar de entender. Queremos reformar primero la Constitución en lugar de ajustar nuestros ordenamientos jurídicos. Tenemos que aprender en la región que el Congreso es fundamental en el Estado democrático, pero pasa desapercibido a los ciudadanos de la región. Nosotros como ciudadanos somos responsables de la integración de nuestros congresos.
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¿Por qué cree que esa conformación de los Congresos es un tema que no está tan claro?
Cuando yo le explico esto a mis alumnos en clase, les digo que el Congreso “es el poder ciudadano. Ahí estamos representados todos”. El parlamento debe hacer una interpretación de la Constitución a partir de la ley. Justamente las mayorías y minorías en el Congreso tienen que aprender cuál es su rol. No es que no se permita gobernar a los Ejecutivos o al presidente, es que tenemos que aprender que los gobiernos tienen que respetar la supremacía constitucional. Cuando la interpretación del legislador o de la Corte Constitucional no es suficiente, entonces sí hay otra garantía extraordinaria de la Constitución que es la reforma constitucional.
Y justamente esa reforma constitucional es la que se ha puesto de moda en la región…
Nosotros en América Latina vemos a la reforma constitucional como una varita mágica con la que vamos a resolver todos nuestros problemas. O, incluso, que poniendo en la Constitución todos nuestros deseos así vamos a transformar nuestra realidad. Eso no sucede así. Tenemos que darle un rol fundamental a nuestros congresistas. Los ciudadanos tenemos que comprometernos con nuestro poder que es el Congreso y, a partir de ahí, construir instrumentos que permitan que el gobierno trabaje y puedan ser controlados por nuestros representantes. Ese es el mecanismo que nosotros no hemos entendido de manera correcta.
¿Cómo garantizar ese compromiso de los ciudadanos, y de los integrantes del Congreso, en estos momentos políticos tan caldeados y en escenarios de tanta polarización?
Hay que partir del origen. Nosotros como ciudadanos tenemos que involucrarnos en la elección de nuestros representantes. En el caso de mi país, nosotros elegimos diputados cada tres años, pero muy rápidamente nos olvidamos de ellos, y, claro, ellos de nosotros. No nos rinden cuentas, no sabemos qué están votando, qué están haciendo. No sabemos nada. Nos volvemos a acordar hasta los siguientes tres años que volvemos a elegir. Creo que esto como ciudadanos nos lo tenemos que tomar más en serio. La integración de este poder depende de nosotros. Voy a decir una frase que espero que se entienda bien: nosotros elegimos a nuestros servidores, ellos son nuestros servidores, ellos deben justamente atender las necesidades de los ciudadanos. Esa es una parte fundamental en la que no podemos desasociar al ciudadano del Congreso. Esto lo tenemos que aprender en toda América Latina.
En mi país, por ejemplo, hay cualquier cantidad de políticas públicas ahora: apoyos económicos que se dan a adultos mayores, a madres solteras, personas con discapacidades, alumnos, etc. Todo eso me parece muy bien, pero también hay que controlar esas políticas públicas, porque si no se convierten en barriles sin fondo. Al final toda política pública es mantenida por los impuestos que pagamos y yo creo que hay que fiscalizarlas para que realmente lleguen a quien tiene que llegar. No se trata de que un poder entorpezca al otro, se trata de que cada uno, en el ámbito de sus competencias, trabaje con respeto de la Constitución.
¿Quiénes son los llamados a buscar el respeto de la Constitución así como la conquista de nuevos derechos que se derivan de esa regla suprema?
Yo pienso que las nuevas generaciones. Hay un concepto de soberanía del profesor Francisco Rubio Llorente que habla precisamente de eso, que la soberanía son las generaciones vivas. Yo veo en los jóvenes una veta fundamental. Están mejor formados, más informados por todos los medios que tienen a su alcance, y los exhorto a estar mucho más comprometidos con los asuntos públicos. Nosotros como ciudadanos tenemos que participar en la vida pública, interesarnos por el presupuesto, por la ley de ingresos, por las políticas sociales, por los nombramientos de quienes nos representarán en las cortes, en el Congreso y los ministerios. Los jóvenes hoy no tienen límites para conocer qué hizo, qué estudió, a qué se dedicó, de dónde viene. Se sabe todo.
¿Cuáles son los retos que afrontan las democracias modernas de cara a problemas como el cambio climático, el uso de la inteligencia artificial, la diversidad de género y otros temas que eran inimaginables, por ejemplo, en 1991?
Los retos a futuro son muy amplios para el constitucionalismo, justamente porque estamos viviendo una era de transformaciones. Hay cambios a los que tenemos que hacerle frente y ser más responsables con la casa común. A eso debe contribuir también el derecho y los ejecutivos, generando políticas que permitan que respetemos más al medio ambiente, por ejemplo. Por supuesto que los temas de la inclusión y de los nuevos derechos, por llamarlos de alguna manera, están en la agenda. Somos países multiculturales y tenemos que aceptarnos como somos. La Constitución tiene que ser un reflejo de nuestra sociedad y darle un reconocimiento pluriétnico y pluricultural a todos.
¿Cómo hacer que los ciudadanos sepan los derechos que les da la Constitución y todos los temas que ustedes desarrollan en este congreso y que no se quede en algo meramente académico?
Este tipo de congresos contribuyen mucho al conocimiento de la Constitución y de lo que implica el Estado constitucional. Efectivamente en el día a día no somos capaces de darle seguimiento a muchas cosas, pero yo sí pienso que debe haber un compromiso ciudadano. Tenemos que esmerarnos porque nos comprometamos con las decisiones como es, hacer un esfuerzo. En ese sentido me parece que los medios de comunicación cumplen un factor fundamental, sacan esta discusión y la ponen al alcance de muchas personas y puedan generar en ellos preguntas en torno a la Constitución. Desde luego lo que hacen las universidades también es algo que hay que agradecer, porque se prestan para este ámbito de reflexiones que en otro momento no podrían haberse dado. Es un momento crucial y el ciudadano tiene que comprometerse, buscarle tiempo al tiempo para tratar de conectar con los problemas comunes, porque no vivimos solos, vivimos en comunidad.
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