La Unidad de Búsqueda ha realizado varias búsquedas catalogadas como complejas en el país, pero ¿Por qué esta es una búsqueda sin precedentes?
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En primer lugar, por la vieja data. Estamos hablando de 60 años atrás. Podríamos decir que es el más antiguo. En segundo lugar, aquí hubo un ejercicio sistemático de ocultamiento del cuerpo. Todo lo que se hizo para tratar de ocultar ese cuerpo fue evidente, porque sino, lo hubiesen encontrado hace muchos años. Eso pone retos no solo investigativos, sino también forenses. Estamos hablando de buscar información de hace muchos años y triangularla, cuando los registros de este país son más bien recientes. Se trata de interpretar esa información. ¿Qué pasa en un territorio que es ácido, húmedo, prácticamente selvático y con temperaturas extremas? Y después, cuando se hizo esa recuperación, ¿con qué técnica y cuidado se pudo hacer para trasladarla a otro sitio? Lo más difícil es esa cantidad de intereses de ocultamiento.
En tercer lugar, uno se ve enfrentado a qué líneas de evidencia son a las que se les tiene que dar más fortaleza en el marco de la investigación para llegar a la identificación. A eso súmale la connotación política. Nosotros somos neutrales e imparciales, pero eso pone presión y dificulta, más cuando está relacionado con un grupo con el que Colombia todavía no ha podido concretar un proceso de paz. Seguramente si esta búsqueda la hubiésemos hecho en otro escenario sin conflicto hubiese sido un poco menos difícil. Todo eso está en el marco de esta búsqueda, en la que igual aplicamos las mismas metodologías y el mismo rigor con que hacemos la búsqueda de todos nuestros desaparecidos. Insistimos en que no es porque sea Camilo, es porque es una persona más que merece ser buscada.
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¿En qué fecha determinaron que ese era el padre Camilo Torres?
Tengo que ser clara en que, cuando llegamos a la localización, lo que venía de la investigación era tan cierto que estábamos muy seguros. Pero los técnicos científicos siempre estamos buscando una evidencia más, un indicio más que nos permita conectar la información. Teníamos un alto grado de certeza cuando lo exhumamos en junio del 2024. La localización la teníamos ya muy precisa hacia mayo porque todo este tiempo previo se estaba en el proceso de triangulación de información. Mirar las cosas retrospectivamente es muy fácil, pero cuando uno lee ciertos relatos públicos donde narran hace 20 años que el sitio de inhumación del padre Camilo Torres estaba en la primera bóveda a la derecha de tal pabellón del Cementerio Central, yo digo: ¿Pero por qué no lo vieron o no querían verlo?. Eso es lo que uno siempre se pregunta, porque esa información hace 20 años hubiese sido determinante para ir a ese lugar, hacer la exhumación y encontrarlo. También pensemos que hace 20 años seguramente las técnicas de búsqueda e identificación no estaban tan depuradas como hoy. De pronto este era el momento preciso para encontrarlo.
¿Por qué solo hasta ahora están entregando esta noticia? Me refiero a la rueda de prensa anterior donde ustedes ya sabían que era el padre Camilo, pero dijeron “todavía no”. ¿Por qué se aguantó hasta ahora?
Para nosotros la validación internacional en este caso era determinante. Estábamos muy seguros, el equipo revisaba todos los días, hacíamos análisis de doble ciego con una persona absolutamente descontaminada que sacara las mismas conclusiones; eso es parte del método científico. Pero para nosotros la validación internacional, contar con expertos de la talla de Luis Fondebrider, que señaló que estuvo en el proceso de búsqueda e identificación del Che Guevara, era determinante. Derek Comgram, que ha trabajado a lo largo y ancho del mundo buscando desaparecidos y tiene esa visión clara de la búsqueda humanitaria y extrajudicial.
Ese ejercicio de validación solo se pudo hacer hasta estos días, hasta el sábado y el domingo que estuvimos trabajando. Cuando ya tuvimos esa validación técnica y esa certeza, decidimos hacerlo y lo hablamos con el padre Javier Giraldo. La validación internacional es muy importante, aunque ellos han sido nuestros maestros y conocen la complejidad de la institucionalidad colombiana. También era importante la validación social: mostrar una investigación sólida, cierta, que no deja nada a la interpretación, que todo lo conecta con una fuente que da respaldo. Ese ejercicio de volver a contar la historia nos costó un buen tiempo.
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¿En algún momento tuvieron dudas de que fuera el padre Camilo Torres?
Desde el principio no había dudas, sobre todo por el rigor de la investigación.
Medicina Legal se pronunció diciendo que no estaban tan seguros o faltaban algunas pruebas para determinar que eran los restos de Camilo Torres, pero la UBPD decidió entregar los restos y asegurar que se trata del sacerdote ¿Cuáles son las diferencias?
Somos una autoridad y Medicina Legal es una institución de apoyo a la justicia. ¿Cómo funciona esto? Una autoridad le hace requerimientos y ellos responden a esos requerimientos forenses en la categoría de peritos expertos. Nosotros les hicimos requerimientos desde el principio: mire antropológicamente este caso, mírelo desde el punto de vista médico; y lo hicieron. Hicimos el requerimiento de análisis genético y ellos lo hicieron. Pero nosotros, para salvar la integridad del caso, también lo hicimos porque tenemos esa capacidad instalada. Cuando les hicimos los primeros requerimientos del abordaje forense, nosotros todavía no teníamos tan instalada la capacidad de los Centros Integrales Forenses. Ya cuando tenemos los nuestros, volvemos a abordar el caso para hacer contrastación. Eso es absolutamente sano, responsable y respetuoso en la ciencia. Nosotros somos la autoridad. Finalmente hacemos los requerimientos y, como se lo pedimos a Medicina Legal, se lo podemos pedir a cualquier otra institución, inclusive privadas. Si eso contribuye a la búsqueda humanitaria, no hay problema porque nada de lo que nosotros hacemos va a un estrado judicial, nada tiene que ser controvertido en ese escenario; a diferencia del gran rigor que tiene que tener Medicina Legal para que nada de sus experticias sea controvertida judicialmente. En este caso extrajudicial no es que haya menor rigor, pero sí pueden haber formas diferentes.
Sobre esas formas diferentes de trabajo, Medicina Legal hasta ahora no ha dicho que es el cuerpo del Padre Camilo porque les falta esa prueba genética, pero usted ha hecho énfasis en que eso no es lo único importante…
Exacto. Insisto todo el tiempo: la prueba genética no identifica, es una de las líneas de evidencia más que aportan a la identificación. Estamos esperando todos esos insumos que ayuden a alimentar el informe final de identificación, y ese informe lo hacemos nosotros como autoridad de la búsqueda e identificación de los desaparecidos en el contexto del conflicto armado. Ahí es donde es importante la investigación, lo que se hizo en campo, lo forense; una prueba genética termina siendo un insumo más.
Entonces, en este caso, ¿esa prueba genética no terminó siendo exclusivamente necesaria para identificar al padre Camilo Torres?
Digamos que sí. Es muy rotundo decirlo, pero digamos que sí. Medicina Legal nos informó verbalmente en una mesa técnica con los técnicos de esa coincidencia entre las pruebas genéticas recogidas de los restos óseos que analizaba y el padre de Camilo. Es una información más que llega a la investigación y que nosotros valoramos en todo ese contexto investigativo. Creo que hay que hacer la salvedad en que hay casos con cero información de contexto. Cuando no se tiene esa información que ayude a orientar la investigación, la prueba genética puede tener cierta relevancia porque podemos recoger una prueba ósea de una persona que no tenemos la más remota idea de quién es, pero en el banco de perfiles genéticos hay muestras de sangre de personas buscadoras. Puede pasar que esta persona tenga una coincidencia con alguien del banco. Es difícil, pero se da algún match, y muchas veces no se da una sola sino muchas coincidencias, toca empezar a hacer un trabajo de descarte con la información no genética.
¿Y cuál es esa información no genética?
Por ejemplo, en algún caso salió una coincidencia, pero la señora busca a un hombre y la prueba genética es de una mujer; o busca a una persona de 20 años y la prueba es de un adulto mayor. Hay que empezar a hacer ese descarte hasta llegar a un alto índice de probabilidad. Tenemos que desmitificar la genética. No es la panacea, es muy importante, pero no resuelve todas las preguntas que en un escenario de búsqueda tienen que ser resueltas.
¿Es decir que la búsqueda de desaparecidos es algo mucho más amplio que una prueba genética?
Esa es la conclusión.
El padre Javier Giraldo dijo que la actitud de Medicina Legal fue más bien política, ¿Cuál es la posición de la UBPD frente a esto?
No creo que sea una actitud política, reconozco profundamente el rigor técnico, los avances de las ciencias forenses que le debemos a esta institución y todo lo que ha hecho en este país por generar protocolos, procedimientos y metodologías para avanzar en la búsqueda de los desaparecidos. No desestimamos la rigurosidad técnica que detentan, que además es necesaria en los escenarios judiciales en que se deben debatir los peritos de la entidad en un marco judicial, no obstante, la búsqueda humanitaria y extrajudicial debe ser flexible, ágil y orientada a satisfacer las expectativas reales de las víctimas y atender oportunamente sus urgencias o solicitudes, cumpliendo un rol de exigibilidad de derechos y control a las instituciones del Estado.
¿Ahora qué sigue en cuanto a la custodia de los restos del padre Camilo Torres que van a reposar en la Universidad Nacional?
La Unidad de Búsqueda terminó la investigación humanitaria del padre Camilo Torres ayer (domingo, 15 de febrero) a las 7 de la noche cuando entregó el cuerpo a su familia buscadora, a su buscador que es el padre Javier Giraldo. Le dije ayer: “Padre, hasta aquí llegamos”. Al entregarle el cuerpo en ese acto simbólico, él también me tiene que firmar una cadena de custodia. Ahora está en manos del padre y él hace lo que estime conveniente en cuanto al sitio de inhumación. Nosotros ni siquiera tenemos influencia sobre eso, porque siempre la persona buscadora es la que determina el sitio. Algo muy importante que le decía al padre es que no nos vamos a alejar de lo que significa la memoria. Le propuse que miremos juntos iniciativas de memoria que podamos impulsar desde la perspectiva de la Unidad de Búsqueda sobre cómo un ser buscado, a pesar de tenerlo todo en contra, lo encontramos.
¿Qué le diría a las personas que creen que la única forma de buscar a un desaparecido es que sean directamente su familia biológica, por el tema de la genética? ¿Cómo es esto de la familia social?
La familia social es un concepto que hemos venido desarrollando, sobre todo con la búsqueda de personas LGBTIQ+, donde tenemos dificultad de que las familias biológicas eleven la solicitud de búsqueda. El gran éxito de la investigación humanitaria extrajudicial es una excelente solicitud de búsqueda que tenga en cuenta todas las variables e información no genética: quién era, si tenía alguna señal particular, un lunar, una fractura antigua.
Por ejemplo, los documentos pueden hablar de que tenía los ojos verdes. Nosotros llamamos a eso el “retrato hablado” de la persona que desapareció, que incluye sus gustos. Si era futbolista, si era diestro. Insistimos mucho en que el padre Camilo Torres era una persona diestra porque encontramos en sus estructuras el desgaste natural en las partes derechas. Son detalles no menores para la búsqueda. La toma de muestra biológica en familias biológicas puede ser fácil, pero en las sociales no. Ahí el trabajo es más extenso: hay que apelar a fotografías y recuerdos. La estimulación de la memoria en la familia social se hace mucho más efectiva desde una perspectiva colectiva, conjugando recuerdos.
Los restos del padre Camilo Torres son de hace 60 años. ¿Qué le diría usted a las familias que todavía están buscando a su ser querido desde hace 20 o 30 años?
Encontrar a Camilo Torres es prácticamente un antídoto o una vacuna contra el escepticismo. Es una vacuna contra la desesperanza. No importa cuántos años han pasado, encontrarlos puede ser posible. Eso es lo que más le tenemos que agradecer a Camilo, que de alguna manera se dejó encontrar por la Unidad de Búsqueda.
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