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24 Jun 2020 - 2:48 p. m.

FIDH advierte: pandemia tendrá efectos devastadores en América Latina

En su último informe, la Federación Internacional de Derechos Humanos alertó sobre una agudización de las desigualdades a causa del nuevo coronavirus y los riesgos que este panorama representa para los gobiernos latinoamericanos. La organización hizo recomendaciones para evitar el peor escenario.
De acuerdo con esta Organización, la pandemia representaría un incremento de 29 millones de personas en situación de pobreza en América Latina. / Mauricio Alvarado.
De acuerdo con esta Organización, la pandemia representaría un incremento de 29 millones de personas en situación de pobreza en América Latina. / Mauricio Alvarado.

El pasado 26 de febrero, el Ministerio de Salud de Brasil confirmó que un hombre de 61 años que había estado en Italia dio positivo para COVID-19. A pesar de ser el primer caso confirmado en suelo latinoamericano, hay estudios que señalan que el virus pudo haber llegado antes al continente, por ejemplo por Colombia. Lo que sí es cierto es que la llegada del virus puso en jaque la vida social y económica de la región, en donde la amenaza de una pandemia era el escenario menos pensado. De un momento a otro, los problemas que habían estado latentes y que se habían dejado para después se convirtieron en la prioridad de los gobernantes que empezaron a actuar sobre la marcha. (En contexto: Una pandemia de hambre amenaza a Latinoamérica y el Caribe a causa de COVID-19)

Luego de cuatro meses, los coletazos de la enfermedad se empiezan a sentir mientras que las medidas para controlar la crisis no dan abastos. La Federación Internacional de Derechos Humanos (FIDH) le puso el ojo al tema y advirtió de los riesgos, más allá de lo sanitario, que conlleva la pandemia en una región todavía en crecimiento. De acuerdo con su último informe, la organización señala que “las políticas adoptadas por muchos gobiernos reflejan una filosofía de darwinismo social que da prioridad a los intereses económicos de los más ricos”.

Latinoamérica se ha convertido en el nuevo epicentro de la pandemia sin siquiera llegar a su punto más crítico. Es este escenario en que la organización teme que, además de los muertos, las brechas socioeconómicas se vuelvan insuperables y son las personas más vulnerables las que, según la FIDH, presentan mayor número de decesos. De acuerdo con la organización, “la pobreza es a la vez una causa y consecuencia de violaciones de derechos humanos que la pandemia podría exacerbar” y por esta razón, es fundamental que las medidas estén enfocada a garantizar derechos y libertades.

Sin embargo, en la práctica, esta tarea parece difícil de cumplir en el contexto latinoamericano. Desde mucho tiempo antes de la pandemia, América Latina es conocida como la región del mundo más desigual de acuerdo con el informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) divulgado en diciembre del año pasado. De acuerdo con la FIDH, desde hace cinco años los niveles de pobreza se han incrementado y “más 185 millones de personas se encuentran bajo el umbral de la pobreza, de los cuales 66 millones estarían en la pobreza extrema”.

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La pandemia ha sacado a relucir la peor crisis presentada en la región desde hace décadas, haciendo que el desempleo aumente y, paralelamente, que la pobreza aumente, pasando de 30,3 % a 34,7 %, lo que significaría un incremento de 29 millones de personas en situación de vulnerabilidad. Por otro lado, esta organización denuncia que “algunas de las medidas financieras tomadas otorgan una gran cantidad de dinero para sostener los bancos y distintos sectores productivos, limitando de tal manera los recursos que pudieran destinarse a atender a las poblaciones históricamente en situación de vulnerabilidad y que sufrirán las mayores consecuencias de la pandemia del covid-19”.

La pobreza, además, no es el único mal que aqueja a los países de la región. De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la alimentación y la Agricultura (FAO) y la CEPAL, la crisis del coronavirus podría transformarse en una crisis alimentaria. Si antes de la pandemia era todo un reto acabar con el hambre, el virus ya ha empezado a elevar las tasas de desnutrición que empieza a afectar más que todo a los niños en países como Guatemala. La Federación advierte que las políticas que buscan atacar las necesidades de las poblaciones más vulnerables “no son suficientes, ya que los recursos económicos son limitados y por lo tanto las desigualdades socioeconómicas estructurales continúan e incluso se incrementan debido a la pandemia”.

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El tema parece mostrar dos caras de la moneda. En muchos lugares, las medidas de aislamiento han restringido el acceso a alimentos frescos, situación que ha inclinado la balanza hacia la compra de alimentos no perecederos que, en muchos casos, “están altamente procesados teniendo efectos negativos en la calidad nutricional de la dieta”. Además, los sobrecostos en mercados y la corrupción para la que se ha prestado esta medida en muchos lugares de América Latina han podido ocasionar malnutrición y afectaciones en el sector del agro.

Otra problemática en América Latina tiene que ver con la fragilidad de los sistemas de salud de la región y que, de acuerdo con el documento, “en su mayoría se caracterizan por ser excluyentes y precarios y donde prima un modelo curativo y no preventivo”. Lo cierto es que la pandemia llegó a los países latinoamericanos cuando estos tenían una deuda histórica en el fortalecimiento de los sistemas de salud, justicia y otros aspectos sociales.

Teniendo en cuenta los efectos sociales del virus en los países de la región, la FIDH se dispuso a proponer una serie de recomendaciones para que, por medio de un pacto social, se restablezca la dignidad humana y se privilegie por encima de las preocupaciones económicas. En ese orden de ideas, la Federación sugirió a los Estados de América Latina a implementar reformas tributarias que tengas en cuenta aspectos diferenciales y distributivas. Además, alertó del riesgo de la corrupción en tiempos del coronavirus, por lo tanto, sugirió hacer un monitoreo más juicioso de los dineros públicos destinados en medio de la pandemia.

La FIDH considera que los gobiernos latinoamericanos pueden impedir que estos retrocesos sociales consuman el continente. La clave estaría en poner en marcha medidas inmediatas que puedan frenar el aumento de las desigualdades sociales en la región y el recrudecimiento de la pobreza.

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