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30 Sep 2020 - 3:11 a. m.

Gonzalo Palacio, el cura que murió bajo la sombra de “Los 12 Apóstoles”

El padre falleció a sus 87 años. Desde su captura en 1995, a la fecha, la justicia lo mantuvo vinculado a una investigación por su presunta participación en el grupo paramilitar, pero nunca lo condenó.
Los testimonios lo señalan de cargar un arma escondida en una biblia y de utilizar la información que los feligreses le confiaban en confesión para ordenar asesinatos. El padre siempre negó las acusaciones en su contra.
Los testimonios lo señalan de cargar un arma escondida en una biblia y de utilizar la información que los feligreses le confiaban en confesión para ordenar asesinatos. El padre siempre negó las acusaciones en su contra.
Foto: Pixabay

El sacerdote Gonzalo Palacio Palacio falleció a sus 87 años en Medellín. Murió con una investigación a cuestas, la de su supuesta participación en el grupo paramilitar que le abonó el terreno a los cartéles del narcotráfico. Para muchos no había duda, el cura había completado el grupo que bautizó con el nombre con el que lo conoció la historia del país: Los 12 apóstoles.

Un cura, como supuesto integrante de un escuadrón que cometía, entre otros delitos, asesinatos y torturas, ponía los pelos de punta. Se dice que llegó al pueblo de Yarumal (Antioquia), cuando ya iba a cumplir los 60 años de edad y se instaló en la Iglesia Nuestra Señora de Las Mercedes, donde trabajó como la mano derecha del párroco principal.

No era un cura común. Cuentan que vestía una sotana negra, abotonada de pies a cabeza; curiosamente una biblia no le era suficiente, prefería caminar con dos, dicen que en una ocultaba un revólver; y se mostraba muy interesado en los “pecados” que los feligreses le confesaban. Curioso, indagaba y escarbaba los mínimos detalles de cada falta, para imponer la penitencia correspondiente.

(Lea también: El proceso paralelo del hermano de Álvaro Uribe por paramilitarismo en Antioquia)

El extenuante procedimiento de la confesión que practicaba Palacio Palacio habría llegado al punto en que le pedía fotos a los feligreses de personas que estuvieran involucradas en las confesiones. Hasta tanto el creyente no le entregara todos los requisitos que él pedía para ser perdonado por Dios, no le dictaba la penitencia y no era merecedor de la bendición.

Pero el horror empezó dispersarse por el pueblo cuando los residentes empezaron a notar que extráñamente muchas de las personas involucradas en los confesionarios eran asesinadas por sicarios o uniformados del Ejército o la Policía. Tirados en las carreteras o en el campo encontraban los cuerpos putrefactos de los muertos.

“En medio del terror que sembró en la región un prolongado y creciente período de asesinatos de personas sobre las que Palacio Palacio había preguntado en la confesión, los miembros de la Policía Nacional en Yarumal comenzaron a amarrar cadáveres al parachoques delantero del carro de patrulla Nissan Patrol del destacamento para exhibirlos durante lentos recorridos por el pueblo. Algo que no se había visto antes”, contó Gonzalo Guillén en La Nueva Prensa.

(Noticia relacionada: Antioquia y el origen de los 12 Apóstoles)

Curiosamente, la víctimas de estas matanzas eran drogadictos, prostitutas, forasteros, izquierdistas y homosexuales. No tardó mucho la población en deducir que un grupo de hacendados y adinerados del pueblo se aliaron con la Policía y el Ejército para ejecutar asesinatos selectivos, conocidos también como “limpieza social”, cuyas víctimas eran personas que les incomodaba y que no estaban en línea con los ideales sociales y religiosos que ellos profesaban.

La organización criminal habría estado comandada por Santiago Uribe (hermano del expresidente Álvaro Uribe), quien el 29 de febrero de 2016 fue arrestado por la presunta formación de este grupo paramilitar y su participación en los crímenes que se cometieron bajo el amparo de los uniformados de la región. Ese proceso judicial, al parecer, está próximo a terminar pues se prevé que, en los próximo meses, Satiago Uribe enfrente la etapa de un juicio.

Con sigilo y cuidado, la comunidad logró atar cabos y darse cuenta de que quienes ejecutaban estos actos de barbarie eran once hombres que, al lado del presbítero, conformaban “los 12 apóstoles”. Se dice que estos hombres eran instruidos por los mismos uniformados de la fuerza pública en la hacienda La Carolina, propiedad de la familia Uribe Vélez, ubicada en el norte de Antioquia, donde se criaban toros de lidia.

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El padre Palacio Palacio fue capturado por el CTI en el año 1995, en Laureles (Medellín), por su presunta participación en el grupo paramilitar. En 1997 fue dejado en libertad provisional pero vinculado al proceso. La indagación se extendió durante años, pero nada se le probó. Hasta el momento de su muerte, reportada el sábado 26 de septiembre, la justicia no logró concluir la pesquisa y los supuestos crímenes cometidos por el cura pasaron a la historia como un cuento, uno de terror.

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