“Jóvenes en barrios dominados por pandillas necesitan ejemplos positivos”: Enrique Roig

Con un diagnóstico profundo, la ONG Creative Associates, donde Roig coordina el área de Seguridad Ciudadana, busca determinar qué lleva a los jóvenes colombianos a vincularse en el crimen organizado. Ya han hecho trabajos similares en EE. UU y Centroamérica.

Felipe Morales Sierra - @elmoral_es
11 de mayo de 2020 - 03:58 p. m.
El piloto de este estudio tuvo sede en Soacha (Cundinamarca), Caloto (Cauca), Cali e Ibagué.  / Archivo El Espectador
El piloto de este estudio tuvo sede en Soacha (Cundinamarca), Caloto (Cauca), Cali e Ibagué. / Archivo El Espectador

Una tercera parte de las cárceles del país está llena de jóvenes entre los 18 y los 28 años. De cada 100.000 adolescentes menores de edad en Colombia, 68 cuentan con restricciones a su libertad por problemas con la justicia. El reclutamiento de jóvenes por combos, bandas criminales, pandillas y otras formas de crimen organizado es un problema al que le han intentado encontrar soluciones alrededor del mundo, pero una iniciativa de la ONG Creative Associates y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) pretende ahondar en las razones para solucionar los problemas de base.

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A través de un estudio que iniciaron este año en Colombia buscan determinar qué lleva a los jóvenes a involucrarse en el crimen. En entrevista con El Espectador, Enrique Roig, director de Seguridad Ciudadana de Creative Associates, explica en qué consistió el primer piloto que hicieron con menores que han ingresado al Sistema Penal de Responsabilidad Adolescente. Su modelo, aclara Roig, nace de la salud pública, pues entienden la violencia como una enfermedad cuya transmisión hay que detener, y, asegura Roig, esto se logra concentrando esfuerzos en fortalecer los lazos de los jóvenes con entornos que los protegen, como la familia y el colegio. 

¿Cómo nació este diagnóstico sobre el nivel de riesgo de los jóvenes de involucrarse en el delito?

El instrumento lo creó la Universidad del Sur de California (EE. UU.) para conocer los factores de riesgo individual que inciden para que un joven llegue a ser reclutado por una pandilla o termine en actividades delincuenciales y nació inicialmente en un proyecto de intervención en Los Ángeles en comunidades con alta presencia de estas problemáticas. Luego llevamos el proyecto a México y Honduras y ya lo hemos adaptado a seis países. Ahora, en Creative Associates hicimos una alianza con OIM, para adaptarlo a Colombia y ver qué factores inciden aquí.

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¿En qué va esa adaptación?

Hicimos un pequeño piloto con OIM, para adaptar las entrevistas que les hacemos a los jóvenes, ajustándolas al contexto colombiano y también para mirar las diferentes escalas dentro del instrumento para ver qué tan relevantes son estas mediciones en Colombia. El modelo contiene factores de riesgo y factores de protección en la comunidad, en la familia, en el colegio, individuales y de pares.

¿En qué consistió el piloto que ya hicieron en Colombia? 

Para esta muestra realizamos 164 encuestas en Bogotá, Cali, Soacha (Cundinamarca), Caloto (Cauca) e Ibagué. Lo que necesitamos es expandir el diagnóstico para empezar a adaptarlo a otros contextos dentro de Colombia, porque queremos que este instrumento ayude a que las intervenciones que ya se hacen y las futuras sean más precisas en reducir esos riesgos, y es que lo que pasa con programas que trabajan con jóvenes en riesgo de ser reclutados por grupos criminales es que se hace un poco de todo, desde fútbol, hasta teatro, consejerías familiares y terapia, pero al final no se sabe cómo medir el impacto. Nunca se concluye si el nivel de riesgo se está reduciendo o no.

¿Por qué a pesar de los esfuerzos de los estados, que usted reconoce, hay todavía tantos jóvenes involucrados en el delito?

Lo que sabemos por la evidencia es que hay una serie de factores que influyen. Si los programas tuvieran esa información y supieran exactamente qué comportamientos hay que cambiar y cómo hacerlo a través de factores de protección, tendrían mucho más impacto. El problema es que, como no hay datos, este trabajo con jóvenes se hace con base en un feeling o porque tenemos la anécdota de que con tal chico sí funcionó. Lo que hace este diagnóstico es dar información para precisar mucho más y decir, por ejemplo, este programa está costando tanto y el impacto que vemos es una reducción en homicidios y que los jóvenes ya no están portando armas.

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¿Qué factores llevan a un joven a involucrarse en el crimen? 

Lo que vemos consistente de Los Ángeles a Tegucigalpa es la falta de supervisión de los padres, la influencia negativa de los pares, el uso de drogas y lo eventos críticos de la vida. Y digamos, un evento crítico, es como el joven lo perciba, no solamente es la muerte de un ser querido, puede ser una pelea con el novio o la novia. Esa combinación, por lo que hemos visto, es la más influyente. Desde luego, hay contextos de la comunidad en la que se vive, donde entran factores como la dignidad y la pobreza. No digo que unos influyan más, pero sí hay más consistencia en los factores individuales. 

O sea que lo que ustedes plantean es: ya que los factores de riesgo están presentes y eso no se puede evitar, se debe trabajar es en fortalecer los de protección... 

Exactamente. Por ejemplo, dentro de la familia, se puede hacer mucho para reducir los factores de riesgo. Nuestro trabajo se ha centrado mucho en las familias y en las escuelas. Solamente cosas como mejorar la comunicación o las expectativas, pueden influir mucho en las relaciones entre jóvenes y padres, lo que termina cambiando otros comportamientos como hasta qué hora el joven está en la calle en la noche y con quién. 

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¿Qué le recomiendan a las familias que viven en mayor vulnerabilidad de que los jóvenes se vinculen al crimen? 

Nuestro trabajo se centra en construir mejores relaciones, la flexibilidad de las reglas, la adaptación a ciertas circunstancias para que se conozcan mejor, porque a veces ni se hablan entre la misma familia. Una vez que hay mejores relaciones, no solamente con los papás, sino con otros familiares, eso puede servir mucho en construir otra visión para el joven de qué puede hacer con su vida. Es que, en barrios dominados por pandillas, los jóvenes necesitan ejemplos de pares positivos, y eso se encuentra al interior de las familias y en algunas figuras de las escuelas, como los profesores. 

¿Qué puede aprender Colombia de los países en los que ya han trabajado?

Mucho. Y también Colombia tiene mucha experiencia en este campo. Realmente lo que se necesita para aterrizar esto es que sea un compromiso y se cuente con los recursos para hacer un programa integral. Ya sabemos que, alrededor del mundo, la tendencia es que el 0,05% de los jóvenes, provenientes de un barrio, cometen cerca del 75% de los crímenes. Si podemos llegar a ese grupo, conociendo cuáles son sus riesgos y con programas que realmente vayan dirigidos a ellos para cambiar esos comportamientos, podemos impactar más.

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¿Por qué utilizan un modelo de salud pública para atender el problema de la criminalidad en jóvenes? 

Nosotros vemos la violencia como si fuera una epidemia. Lo que tratamos de hacer es cortar su transmisión. Si sabemos que la violencia la ejerce un grupo pequeño en un barrio específico, tenemos que llegar a ellos. Ahí tiene que ser la intervención principal. Pero el reto en los países de Latinoamérica es que se piensa que el problema se puede resolver solo con Policía, cuando hay mucho que se puede hacer con programas sociales. Para hacerlos, sin embargo, hay que tener claro dónde se va a trabajar, con quiénes, y qué tipo de intervención necesitan. Sin eso, se termina con una cantidad de programas que tratan de hacer miles de cosas, pero que no impiden el reclutamiento de jóvenes ni reducen la violencia. 

Cuando estas discusiones se abren la gente pide cárcel o penas más altas, ¿cómo enfatizar en que puede tratarse desde la salud pública, como proponen ustedes?

Eso también sucede en Estados Unidos porque lo más fácil es pensar en soluciones punitivas. Pero el enfoque de salud pública nos permite demostrar que, al trabajar pensando en el contexto y en las personas, podemos tener una mayor reducción de la violencia. Incluso, el impacto llega a ser mucho más sostenible que trabajando desde un enfoque penal.

¿Qué les falta para entrar a hacer el estudio completo en Colombia? 

Lo que falta son recursos. Para entrar a otra fase, necesitamos financiación para hacer el diagnóstico con una muestra más grande que nos arroje resultados concluyentes y ver cómo vamos adaptando la intervención familiar en algunos lugares. 

Por Felipe Morales Sierra - @elmoral_es

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