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27 Jul 2022 - 3:47 p. m.

La ejecución extrajudicial en Dabeiba que salpica a Mario Montoya

En la imputación de la JEP a 10 militares por falsos positivos cuyos cuerpos fueron enterrados en el cementerio de Dabeiba, el nombre del general en retiro salió mencionado, pues era el responsable operacional de lo que hicieran hombres bajo su mando. Hoy, ellos están vinculados a esa investigación.
El general (r) Mario Montoya ha insistido en su inocencia. / Cristian Garavito
El general (r) Mario Montoya ha insistido en su inocencia. / Cristian Garavito
Foto: AP - Fernando Vergara

Cuando la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) terminaba de ajustar los últimos detalles para anunciar una imputación inédita por falsos positivos en Dabeiba (Antioquia) en la tarde de ayer, 26 de julio, otro equipo de la misma entidad anunciaba la decisión de llamar a declarar al general (r) Mario Montoya dentro de la investigación por ejecuciones extrajudiciales en ese mismo departamento. Coincidencia o no, lo cierto es que el nombre del alto oficial en retiro ha salido mencionado en al menos 16 versiones que han rendido comparecientes de la justicia transicional sobre la labor que rindió durante su comandancia en la Cuarta Brigada, entre 2002 y 2003. Pistas de lo que pudo conocer también quedaron consolidadas en la imputación del caso Dabeiba.

(En contexto: La inédita imputación de la JEP contra 10 militares por falsos positivos en Dabeiba)

En el documento en el que la JEP describió el horror que estuvo enterrado durante años en el cementerio Las Mercedes en ese municipio de Antioquia, y en el que le imputó crímenes de guerra y de lesa humanidad a 10 exuniformados, la justicia transicional incluyó un organigrama clave. En él, los magistrados explicaron que el general en retiro Mario Montoya era el comandante de la Cuarta Brigada y, en él, estaban puestas todas las responsabilidades operacionales de los hombres adscritos a esa unidad militar. La ubicación jerárquica del alto oficial es clave pues, según ese mismo cuadro, bajo su mando estuvo un batallón contraguerrilla que hoy está bajo la lupa de la JEP por su participación en al menos dos ejecuciones extrajudiciales.

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Se trata del batallón contraguerrilla 26, más conocido como el BCG 26 Arhuacos, creado en 1991. Aunque primero estuvo adscrito a la Primera División del Ejército, con sede en Santa Marta, para el 2000, y luego de una toma guerrillera que dejó 54 uniformados muertos en Dabeiba, el batallón pasó a la Cuarta Brigada para reforzar la seguridad del municipio. Dos años después de ese cambio, ocurrió el caso por el que hoy la JEP investiga a hombres del BCG 26 Arhuacos, cuyo responsable de operaciones era el general Mario Montoya. El 18 de mayo de 2002, en la vereda Alto Bonito del municipio de Dabeiba, fue asesinado Edison Lexander Lezcano Hurtado, un campesino de 23 años que estaba arrancando yuca cuando fue interceptado por los uniformados y asesinado para hacerlo pasar como un guerrillero.

Según la JEP, el hecho fue realizado por la compañía Bravo, al mando del entonces capitán Hermes Mauricio Alvarado Sáchica, cuyo comandante en el batallón contraguerrilla era el mayor (r) Edie Pinzón Turcios. La trazabilidad del caso señala que el BCG se había trasladado de Mutata a Dabeiba para “cumplir con la orden de operaciones fragmentaria Mongolia con el fin de ubicar a miembros del Frente 34 de las Farc que se encontraban cobrando vacunas y amenazando a la población civil”. Varios militares ya le han dicho a la JEP que la orden de asesinar a Lezcano llegó de parte del entonces mayor Edie Pinzón. A Lezcano, dice el documento, lo sacaron de su casa, lo acusaron de guerrillero y lo asesinaron detrás de la escuela de la vereda Alto Bonito.

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“Se estableció también que la presión por resultados era mantenida por el señor Pinzón Turcios, quien a su vez le recibía comunicación de su comandante operativo de la Cuarta Brigada, el entonces mayor general Mario Montoya Uribe”, se lee en el documento de la JEP, en el que se resalta que el mismo Pinzón admitió su relación con jefes paramilitares de la zona, en especial del bloque Élmer Cárdenas. El general en retiro, desde que estalló el escándalo de los falsos positivos hace más de una década, siempre ha dicho que es inocente y que nunca mandó a matar a nadie. Aunque la Fiscalía de Eduardo Montealegre anunció en 2016 que estaba lista para imputarle cargos, al sol de hoy el alto oficial sigue sin estar vinculado formalmente a ninguna investigación.

En septiembre de este año, y por tercera vez, Montoya deberá declarar ante la JEP y dar su versión sobre este falso positivo de Dabeiba, pero también de otras versiones que, en su contra, han hecho hombres que alguna vez portaron el mismo uniforme que él. Un ejemplo de ello, y que también tiene que ver con el caso del cementerio que usó el Ejército para desaparecer sus crímenes, es la declaración que rindió el capitán (r) Alfonso Romero Buitrago, exmiembro del BCG 26 Arhuacos, y ya condenado por ejecuciones extrajudiciales. En una entrevista que el exuniformado dio W Radio a comienzos de este mes, insistió en que Montoya sabía bien las macabras operaciones que realizaron hombres bajo su mando para engrosar el número de bajas en combate con civiles asesinados y vestidos de guerrilleros.

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“El general Montoya y el general González Peña sabían de esas ejecuciones, yo fui amenazado por uno de los coroneles y llamé a mi general Montoya. Para esa época, el general ya me conocía, yo le había dado unas bajas en la zona de distensión y él me condecoró. Ya en el 2004, cuando lo llamo y le digo que se están presentando esas muertes, él ya no me reconoció” afirmó Romero Buitrago. La emisora también explicó que, según el entrevistado, “Montoya en sus programas radiales mencionaba ‘litros de sangre’ y si la Brigada Móvil no daba ‘resultados’, estaba en problemas”. En otra declaración ante la JEP de un soldado que le contó a los magistrados sobre las ejecuciones extrajudiciales en el cementerio de Dabeiba, el nombre del general también salió mencionado.

“(Montoya) daba la orden de los resultados operacionales y que al militar no lo calificaban por kilómetros andados, sino por litros de sangre, ríos de sangre. Que si no encontrábamos al enemigo, lo teníamos que inventar y hacerlo de arcilla o de plastilina, pero teníamos que dar resultados” señaló el soldado Marcos Evangelista Porras. A pesar de los testimonios, las investigaciones que en su momento adelantó la Fiscalía, y de que ahora los documentos de la JEP también muestran una presunta relación entre ejecuciones extrajudiciales y Mario Montoya, el general sigue insistiendo en su inocencia.

Para conocer más sobre justicia, seguridad y derechos humanos, visite la sección Judicial de El Espectador.

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