Esneider Flórez Manco, de 27 años, era el hijo menor de una familia campesina de seis hermanos. Vivía en la vereda El Madero, de Frontino (Antioquia). Tenía 27 años y trabajaba en trapiches paneleros para ayudar a su familia, a pesar de que tenía una discapacidad cognitiva. El 7 de octubre de 2025 fue asesinado por nueve uniformados en la Base Militar Antorcha, ubicada en ese municipio del occidente antioqueño.
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Murió tras al menos cinco horas en las que fue sometido por los uniformados a torturas, golpes y tratos crueles con un solo objetivo: que se incriminara y dijera que hacía parte del Clan del Golfo. Cinco de los nueve exmilitares involucrados acaban de ser condenados a más de 20 años de prisión, tras aceptar que participaron en el crimen.
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Se trata del cabo segundo del Ejército Cristian Daniel Córdoba Piamba y los soldados Brayan Stiven Osorio, Jhon Edwin Quejada Fabra, Neider de Jesús Oyola Ortiz y Miguel Ángel Caicedo Hernández, a quienes la jueza sexta penal de Medellín, Diana Lucía Monsalve Hernández, les avaló un preacuerdo al que llegaron con la Fiscalía el pasado 22 de julio de 2026.
El Espectador conoció el falló en contra de los exuniformados en el que se describe a detalle y con crudeza la forma en la que Esneider Flórez Manco fue violentado para que aceptara, en contra de toda verdad, que hacía parte de un grupo ilegal. También cómo los militares intentaron justificar el crimen: “No se asusten, no es la primera vez que pasa en el Ejército”, dijo uno de los mandos del batallón, según el documento.
Un crimen infame
El 6 de octubre de 2025 Esneider Flórez Manco salió de su casa a caminar por su vereda, como lo hacía usualmente. Era lunes y el joven no regresó. Sobre las 11:00 de la mañana del día siguiente, el martes 7 de octubre, los uniformados del Batallón Antorcha alertaron sobre la presencia de una persona desconocida que, al parecer, estaba intentando ingresar a las instalaciones de la unidad militar.
Solo unos minutos antes, a las 10:49 de la mañana, había aterrizado en la base militar un helicóptero cargado con víveres. En la aeronave, según la sentencia, llegó el soldado Miguel Ángel Caicedo Hernández, quien estaba en uno de los puestos de vigilancia al momento en el que se percataron de la presencia de alguien, al parecer, extraño.
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Esa persona era Esneider Flórez Manco, quien fue abordado por los militares y llevado al puesto de vigilancia en el que estaba el soldado Caicedo Hernández. El fallo señala que quienes lo llevaron hasta allí fueron el cabo segundo Cristian Daniel Córdoba Piamba, acompañado de algunos subalternos suyos: Brayan Stiven Osorio, Jhon Edwin Quejada Fabra y Neider de Jesús Oyola Ortiz.
Lo ingresaron al Batallón Antorcha para obligarlo a golpes a decir que hacía parte del Clan del Golfo. “Lo golpeaban con las manos en las costillas, le pegaban patadas en la cabeza y en los pies, estaban como locos, pensaban que eso era un pogo”, señaló ante la justicia el soldado Mateo Velásquez Hurtado, quien estaba en la unidad militar. Agregó que Caicedo Hernández fue quien más se ensañó con el joven.
Además de los golpes, los uniformados desnudaron al joven campesino, utilizaron una bolsa plástica para asfixiarlo y le tiraron agua. El soldado Neider de Jesús Oyola Ortiz aceptó haber sido quien sostuvo la manguera con la que empaparon a Esneider Flórez Manco, mientras que sus compañeros lo golpeaban.
Del primer puesto de vigilancia del Batallón Antorcha, donde iniciaron los golpes y torturas, lo trasladaron a otro sitio de la unidad militar, conocido como “la zanja de arrastre”. Allí continuaron los golpes, especialmente del cabo segundo Cristian Daniel Córdoba Piamba, “que le pegaba con la culata de su fusil en los hombros y lo amenazó con accionar el fusil después de cargarlo”, dice el fallo.
Después fue llevado a un último lugar llamado “el búnker”, donde la tortura se hizo aún más cruel. Los militares, dirigidos por Cristian Daniel Córdoba Piamba, lo amarraron de cabezas a un árbol “y amarraron sus genitales con una cuerda para halarlos y causarle dolor”.
La tortura se prolongó durante aproximadamente cinco horas, hasta que el joven campesino fue trasladado al baño social del Batallón Antorcha. Sobre las 4:00 de la tarde, los militares se acercaron al lugar y vieron a Esneider Flórez Manco tendido sobre el suelo y sin signos vitales. El informe de necropsia señaló que falleció por cuenta de los violentos golpes que recibió en el tórax y que se trató de un claro caso de homicidio.
El sargento Andrés Olivio Gutiérrez Mideros les ordenó a sus subalternos que se formaran de inmediato. “El hombre acaba de fallecer, eso que quede acá dentro del pelotón, entre nosotros. Nosotros le vamos a dar manejo”, les dijo el militar, hoy llamado a juicio. Luego, dio la orden de desaparecer el cuerpo sin vida de Esneider Flórez Manco.
Los soldados lo envolvieron en una hamaca y lo sacaron hasta un sitio cerca de la pista del helipuerto de la base militar. Luego regresaron para moverlo de sitio. “Buscamos dejar el cuerpo sobre el lado de la vía que da con el río o quebrada, lo sacamos de la hamaca y lo dejamos sobre la vía, el cuerpo del señor llevaba la misma ropa que tenía cuando lo entraron a la base”, confesó el soldado Brayan Stiven Osorio.
La sentencia señala que fue un tercero quien alertó sobre dónde estaba el cuerpo de Esneider Flórez Manco. Lo que sí queda claro es que los exmilitares actuaron sin tener en cuenta que el joven tenía una discapacidad cognitiva, que no podía decir que era del Clan del Golfo porque no era cierto y que fue una víctima de la brutalidad con la que actuaron los uniformados.
“La víctima no solo fue privada ilegalmente de su libertad, sino sometida a intensos sufrimientos físicos y psíquicos con el propósito de obtener información, lo que implicó un desconocimiento absoluto de su dignidad y autonomía personal. Esa agresión continuada desembocó, además, en su muerte, de modo que la afectación alcanzó el bien jurídico de la vida en su máxima expresión”, señala la sentencia.
Agrega sobre el intento por desaparecer el cuerpo del joven: “Por si fuera poco, a esto se sumó el ocultamiento posterior del cadáver, conducta encaminada a sustraer a la víctima del conocimiento de sus familiares y de las autoridades, prolongando el daño y generando un sufrimiento adicional derivado de la incertidumbre sobre su paradero, que por fortuna no se prolongó en el tiempo, (…), lo que demuestra un absoluto desprecio por la vida humana”.
A la fecha, seis exmilitares han sido condenados por este crimen, al aceptar su responsabilidad en los delitos de tortura, homicidio y desaparición forzada, todos agravados. Otros tres negaron haber hecho parte de la tortura que termino en la muerte de Esneider Flórez Manco, a pesar de que los testimonios de los otros soldados los han incriminado. Al ser consultado por este diario, el Ejército manifestó no querer referirse al caso y dejarlo en manos de la justicia.
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