23 Dec 2018 - 8:05 p. m.

“La impunidad no se acaba con la muerte de alguien”: hermano de periodista ecuatoriano

Ricardo Rivas lamenta que con la muerte de “Guacho” se haya perdido la posibilidad de contar con él para esclarecer qué pasó con su hermano Paúl, con Javier Ortega y Efraín Segarra, asesinados por disidencias de las Farc en abril de este año.

Redacción Judicial

El asesinato de Javier Ortega, Paúl Rivas y Efraín Segarra sacudió a Ecuador, un país que nunca había conocido el nivel de violencia al que Colombia, tristemente, se acostumbró. / EFE
El asesinato de Javier Ortega, Paúl Rivas y Efraín Segarra sacudió a Ecuador, un país que nunca había conocido el nivel de violencia al que Colombia, tristemente, se acostumbró. / EFE

“Le dije, además, al pueblo ecuatoriano, que el crimen de los tres periodistas no quedaría en la impunidad (…) y esta operación es un hecho”. De esa forma se refirió el presidente Iván Duque en la alocución que dio el viernes pasado en la noche para confirmar que Walter Patricio Arizala, alias Guacho, el disidente de las Farc más buscado por Colombia y Ecuador, había muerto en enfrentamientos con la Fuerza Pública.

Uno de los crímenes que hizo de Guacho una prioridad tanto para el gobierno colombiano como el ecuatoriano es el del equipo del diario quiteño El Comercio. En marzo de este año el reportero Javier Ortega, el fotógrafo Paúl Rivas y el conductor Efraín Segarra fueron secuestrados en el sur de Ecuador, en zona fronteriza con Colombia, por hombres de Guacho. Hacia mediados de abril fueron asesinados en territorio colombiano.

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En junio pasado, los restos de los tres hombres fueron hallados y entregados a sus familias, quienes por fin pudieron darles santa sepultura. Tener sus cuerpos, sin embargo, no era un punto final, sino un punto seguido. Las tres familias estaban interesadas más que nada —y siguen estándolo— en esclarecer qué sucedió con sus hermanos, padres o hijos durante el tiempo que permanecieron en cautiverio. Sobre todo, en saber si es verdad que estuvieron a punto de ser liberados y que, por alguna razón aún desconocida, el intento se desmoronó.

Ricardo Rivas, hermano del fotógrafo Paúl Rivas, explica en entrevista con este diario por qué, para estas tres familias, la muerte de Guacho no traduce impunidad. “Esta no es una celebración de victoria”, aclara.  

¿Qué significó la noticia de la muerte de Guacho en combate para ustedes, los familiares Paúl Rivas y Javier Ortega y Efraín Segarra?

Con mucha pena recibimos la noticia, pues se va una fuente de información muy importante que tenía muchos datos, así como los tenía su segundo al mando que también murió, alias Pitufín.

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¿Qué información esperaban ustedes de ellos, sobre todo de Guacho?

Información necesaria para contribuir en las investigaciones tanto de la Fiscalía de Colombia como de Ecuador, saber de los nexos con el narcotráfico y con funcionarios. Nos da mucha pena. Entendemos que las condiciones eran difíciles como para capturarlo, pero no esta es una celebración de victoria. Aquí se perdieron dos vidas que tal vez tomaron un camino equivocado, pero al fin y al cabo es la consecuencia de este derramamiento de sangre que hay en la frontera por el abandono de los Estados (colombiano y ecuatoriano).

El presidente Duque dijo que esta operación militar era muestra de no impunidad. ¿Por qué no están ustedes de acuerdo con esa premisa?

Cuando estuvimos en la traída de los cuerpos hablamos con el fiscal Néstor Humberto Martínez. Él nos manifestó que las investigaciones estaban bien avanzadas, y eso es lo que más nos importa. El presidente Creo que los gobiernos ecuatoriano y colombiano promueven la muerte de Guacho como un trofeo, pero eso nada tiene que ver con la impunidad. Si bien es cierto pararon con la vida de dos personas que estaban en el camino equivocado, nada tiene que ver con la impunidad. La impunidad no se acaba con la muerte de alguien.

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Entonces, ¿con qué sí tiene que ver, a su modo de entenderlo?

Creo que va mucho más allá. Tiene que ver con los niveles de responsabilidad que podrían existir tanto en el lado colombiano como en el ecuatoriano; con el abandono del territorio por parte de los dos estados. La población sigue allí está sufriendo las consecuencias nefastas de esta violencia. Tenemos que trabajar en protocolos para el ejercicio del periodismo en zonas de alto riesgo, algo que no vemos que estén haciendo los dos países. No existe la sensibilidad para ejercer una política efectiva de acciones. Todo eso es parte de la no impunidad. Saber qué pasó con Paúl, Javier y Efraín es no impunidad. No puede ser que ellos ingresen en las estadísticas de casos no resueltos.

¿Hay algo en particular de las investigaciones que quisieran conocer con más premura?

Hay un dato importante: es obligación de ambos estados investigar qué sucedió con la falsa liberación notificado por un medio colombiano (El Tiempo), según dijeron ellos con información de una fuente de alta confiabilidad (al parecer, el entonces ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas). Tiene que haber pasado algo, ¿qué ocurrió en esos minutos u horas para que efectivamente no se diera la liberación? Eso es algo que se tiene que aclarar.

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¿Qué se viene ahora?

Las familias hemos estado hablando desde hace tiempo que, tanto con la Fiscalía de Colombia como de Ecuador, se tienen que reforzar las investigaciones. Es deber y obligación de las dos Fiscalías abrir investigaciones para analizar el contexto de la zona y saber cómo intervinieron los Estados. Una de las medidas cautelares emitidas por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) es que los Estados informen qué acciones se tomaron para salvar las vidas de Paúl, Javier y Efraín. No porque estén muertos esa información ya no importa. Si es necesario ir a organismos internacionales más allá de la CIDH, lo haremos para seguir visibilizando este caso.

 

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