La segunda caída del poderoso coronel (r) Hugo Aguilar

Llegó sonriente a los juzgados de Paloquemao. Allí también estaban detenidos su exesposa, Mónica María Barrera; su exsuegra, Socorro Carreño; y su supuesto testaferro, Yeison Sáenz.

Redacción Judicial
22 de febrero de 2018 - 10:43 p. m.
 Hugo Aguilar fue capturado en Bucaramanga y ayer llegó  a los juzgados de Paloquemao en Bogotá. / Gustavo Torrijos
Hugo Aguilar fue capturado en Bucaramanga y ayer llegó a los juzgados de Paloquemao en Bogotá. / Gustavo Torrijos

Hugo Aguilar llegó de buen ánimo a los juzgados de Paloquemao. Lucía un pantalón y chaqueta oscuros, una camisa blanca y una sonrisa. Se veía tan tranquilo que nadie hubiera pensado que, en una sala de audiencias, lo esperaba un fiscal para imputarle dos graves delitos: lavado de activos y enriquecimiento ilícito. Y no solo a él. También a su exesposa, Mónica María Barrera; a la madre de esta, Socorro Carreño; y a otro hombre, llamado Yeison Sáenz. Todos, excepto Socorro Carreño, fueron capturados el miércoles en la noche en Bucaramanga y trasladados a Bogotá al día siguiente. Carreño fue detenida en la mañana del jueves y trasladada de inmediato.

(En contexto: Capturan a Hugo Aguilar, exgobernador de Santander)

Carrera de Policía

La carrera en la Policía de Hugo Aguilar comenzó en los años 70 y hasta su retiro, era considerado como un oficial ejemplar. Fue condecorado en más de tres ocasiones y hasta el Ejército y el Gobierno le otorgaron medallas de honor. Su paso por la institución tuvo un hecho que fue determinante, tanto para su vida como policía, como para la carrera en política que emprendió cuando colgó su uniforme. El 2 de diciembre de 1993, en un tejado de una casa en Medellín, Aguilar apretó el gatillo que tumbó al suelo a uno de los narcotraficantes más poderosos de la historia de la mafia: Pablo Escobar Gaviria. El tiro, que entró por la espalda y le atravesó el corazón, lo confirmó días después Medicina Legal.

Aguilar, en una entrevista que dio todavía preso al programa Los Informantes en 2013, aclaró que para dar con el paradero del capo fueron claves la colaboración de los infiltrados que había conseguido afianzar cuando fue jefe de inteligencia en Medellín y comandante operativo del Bloque de Búsqueda contra el Cartel de Medellín. El coronel (r) recordó que los datos que le dieron los informantes fueron también piezas fundamentales para dar con el paradero de otro de los temidos capos de los años 80, Gonzalo Rodríguez Gacha. Sin embargo, Aguilar contó que para orquestrar la operación que acabó con la vida de Escobar fue todavía más importante la ayuda de las autoridades norteamericanas.

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Como un acuerdo en la lucha contra el narcotráfico entre Colombia y Estados Unidos, la DEA le entregó a la Policía unos radios Thomson con un sistema de triangulación. “Escobar habló de más por teléfono”, dijo Aguilar quien, tras darle el tiro por la espalda al capo, le quitó su reloj y se lo guardó en el bolsillo. En este caso, el coronel (r) fue enfático en afirmar que el hoy vicepresidente Óscar Naranjo no era otra cosa que un “oficial de enlace” durante la operación y que no es cierto la versión de que los hermanos Castaño fueron quienes dieron la información clave para dar con Escobar.

Según sus cuentas, Aguilar habló con el capo más de 30 veces por teléfono. Escobar lo llamaba para insultarlo, decirle que iba a matarle a toda su familia y que le recibiera plata para que no viviera miserablemente. Según Aguilar, él le contestaba con improperios diciéndole que le iba a cobrar todo lo que le había hecho al país y que, si le tocaba a su familia, él le mataba la suya en Medellín porque la tenía ubicada.

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Poder tras las rejas

En Santander es un secreto a voces que el coronel de la Policía (r) Hugo Aguilar siguió siendo un poder a la sombra una vez aún tras las rejas. Fue detenido el 29 de junio de 2011, luego de rendir indagatoria en un proceso en su contra por parapolítica. Para ese momento, cuando las investigaciones por nexos entre líderes políticos y miembros de las AUC todavía estaban en ebullición, la Corte tenía serias sospechas de que Aguilar había obtenido respaldo de los paramilitares para llegar a la Gobernación de Santander, en donde estuvo ejerciendo entre 2004 y 2007.

La Corte finalmente concluyó que Aguilar se había valido de la violencia y coerción paramilitar para hacerse elegir. Testigos exparamilitares reconocieron haberlo visto en reuniones con jefes “paras” como Julián Bolivar. Hasta el propio Salvatore Mancuso aceptó que Aguilar, así como su partido, Convergencia Ciudadana, se habían beneficiado del accionar del Bloque Central Bolívar en Santander, en el cual orquestaba los planes políticos Ernesto Báez. Familiares de Aguilar testificaron en su juicio a su favor, tratando de mostrar que él no podía ser cercano a las autodefensas cuando estas habían asesinado a dos de sus familiares. La tesis no fue comprada.

(En contexto: Capturan a Hugo Aguilar, exgobernador de Santander)

“Las elecciones de 2003 en Santander contaron con la injerencia definitiva de los grupos de autodefensas según lo reflejan las cifras electorales y los testimonios de cargo que constituyen prueba directa y fehaciente de la vinculación del acusado y las autodefensas al mando de Arnubio Triana Mahecha, alias Botalón, con el comisario político Orlando Caro Patiño; con alias Nicolás y alias Ernesto Báez”, señaló en su momento la Fiscalía. El 14 de agosto de 2014, la Corte Suprema de Justicia le dio la razón al organismo investigativo, y condenó a Aguilar a nueve años de prisión.

En su tiempo en la cárcel, Aguilar siguió ejerciendo el poder. Sostenía reuniones importantes en su celda y, desde allí, dirigía el destino político de Santander. A pesar de que su hijo Richard resultó apoyando a candidatos distintos a los que él quería, tanto el uno como el otro eran actores claves en el panorama político local. En mayo de 2015, Aguilar recobró su libertad condicional. El futuro brillaba para él, pero una foto revelada en marzo de 2017 por la periodista Diana Giraldo, hoy directora de Vanguardia Liberal, alteró su suerte.

En la foto se veía a Aguilar manejando un Porsche convertible color negro. Un dato que tenía toda la relevancia, dado que él había declarado ante la justicia que solo podía pagar $500.000 mensuales para ir cancelando la multa de 10.750 salarios mínimos mensuales que le impuso la Corte Suprema. Es decir, más de $7.000 millones era su deuda con la justicia al momento de salir libre, plata que además debía destinarse a las víctimas de los paramilitares. El carro en el que andaba costaba más de $300 millones.

Esa foto terminó desbaratando el castillo de naipes de Aguilar. La Fiscalía acaba de incautarle 33 bienes a él, a su exesposa, a su exsuegra y a Yeison Sáenz, señalado de ser su testaferro. No tenían uno, sino dos Porsche. Y además, dos mansiones en la zona más exclusiva y costosa de Piedecuesta, al lado de Bucaramanga; dos consultorios, seis oficinas, cuatro apartamentos, seis lotes y cuatro predios rurales. Todo avaluado en $15.000 millones. Al cierre de esta edición, la Fiscalía apenas comenzaba su tarea de legalizar captura e imputar cargos. Los cuatro detenidos, en el banquillo de los acusados, están desde ya metidos en un problema mayúsculo con la justicia.

Por Redacción Judicial

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