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5 Oct 2020 - 2:00 a. m.

La suplantación que afectó a la hija del exfiscal Néstor Humberto Martínez

Este año la hija menor del abogado se cruzó mensajes privados con quien ella pensó que era un empresario exitoso que residía en Estados Unidos. Sin embargo, descubrió que fue su psicóloga la que montó esa película. ¿Con qué objetivo? Las autoridades están en máxima alerta.
NESTOR HUMBERTO MARTINEZ NEIRA
NESTOR HUMBERTO MARTINEZ NEIRA
Foto: CARLOS ANDRES TORRES

Una sucesión de hechos y personajes extraños tiene muy intranquilos a Néstor Humberto Martínez y su familia. Por eso el pasado 19 de agosto interpusieron una denuncia ante la Fiscalía en la que detallaron una cronología de acontecimientos que los pusieron en máxima alerta. Todo empezó en mayo pasado, cuando habitantes del municipio de Ricaurte (Cundinamarca), donde Martínez tiene una casa de descanso, fueron abordados por personas que no residían allí y preguntaban con insistencia por el exfiscal y sus rutinas: quiénes integraban su equipo de seguridad, con cuántos hombres se desplazaba, cada cuánto iba al pueblo y sus alrededores y qué solía hacer. Los vecinos de Martínez Neira pronto le informaron de lo que ocurría y la Policía de Ricaurte empezó las primeras pesquisas. Todo ello coincidió con otro pasaje aun más grave.

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La hija menor de Martínez, María Fernanda, le confesó a su papá que, también en mayo pasado, por recomendación de una buena amiga suya comenzó a asistir a terapias psicológicas con Vanessa Mosquera, una muy joven profesional, al parecer egresada de la Universidad de la Sabana, que despachaba desde un consultorio en el norte de Bogotá. En medio de esas sesiones, Mosquera le dijo a su paciente que en las próximas semanas iba a conocer al amor de su vida y que este la iba a contactar a través de Instagram. Es más, le sugirió que estuviera abierta para conocerlo porque esta persona sería muy especial y que no podía rechazarlo. Días después, un supuesto empresario de ascendencia judía que decía vivir en Nueva York la contactó por Instagram. Decía llamarse Gabriel Saldarriaga Mizrahí. Así empezaron sus charlas a través de la plataforma.

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Lo primero que le dijo este supuesto empresario es que la había conocido de tiempo atrás en un evento en Nueva York, pero que solo hasta ahora se atrevía a contactarla. Con otra particularidad: el supuesto interlocutor parecía saber muchas cosas personales de María Fernanda Martínez: sus pasiones artísticas, sus gustos culinarios, los destinos que más le gustaban, su trabajo y hasta sus pasatiempos. Así fue ganándose su confianza y en medio de sus conversaciones sobre la vida o el amor, este personaje indagaba por asuntos muy privados de María Fernanda y su familia, sus lugares de residencia o descanso y sus fincas, entre otro largo etcétera. Con el paso de los días todo fue afianzándose y empezaron a compartir fotografías y correos electrónicos. Muy pronto empezaron a llegarle regalos a su casa.

Primero fueron unas flores, que el supuesto empresario le envió desde los Estados Unidos y que fueron entregadas por un rappitendero. A finales de julio volvió a aparecer un mensajero en la puerta de su apartamento con otro paquete: un collar y una pulsera de la exclusiva joyería Mercedes Salazar. Y a mediados de agosto recibió un tercer presente que fue adquirido en Falabella. Todo parecía ir viento en popa, pero entonces algo ocurrió. Tras retirar la factura del regalo, María Fernanda Martínez descubrió que en la caja estaba escrito el nombre de la psicóloga Vanessa Mosquera y su dirección. Espantada por esa revelación, la hija del exfiscal Martínez cortó de inmediato toda comunicación con el supuesto empresario que llevaba tres meses cortejándola y empezó a atar cabos.

Fue así como recordó que algunas fotografías que esta persona le envió de su supuesto apartamento en Nueva York le resultaron muy familiares porque parecían coincidir con los muebles y el decorado del apartamento que quedaba al frente del suyo. Aún más, se percató de movimientos extraños en esa residencia que tenía ventanales del techo al piso y que apenas la separaban de su vivienda por una calle peatonal. Se sintió espiada por esos vecinos, que eran nuevos, además, pero de todo ello vino a caer en la cuenta solo cuando descubrió el nombre de su psicóloga en el último regalo. Entonces buscó a su padre y lo enteró con todo detalle de sus sorprendentes hallazgos. Muy angustiado por lo que ocurría, dos días después, el 19 de agosto último, el exfiscal Néstor Humberto Martínez denunció los hechos ante la Fiscalía de Francisco Barbosa.

La Policía y la Fiscalía emprendieron las primeras averiguaciones. Lo primero que se estableció es que el número celular asociado al supuesto empresario no aparecía registrado en ninguna aplicación de mensajería instantánea, que su cuenta de Instagram parecía creada hacía poco tiempo y que las imágenes que allí aparecían no permitían establecer con precisión los rasgos físicos de este supuesto empresario. Su cuenta en esa plataforma ya desapareció, aunque sí aparece asociada al correo electrónico Gmail que se creó para abrir Instagram. Los investigadores entonces empezaron a trabajar en dos frentes: primero indagar el pasado de la psicóloga Vanessa Mosquera y, segundo, establecer con rapidez quiénes eran los nuevos vecinos de María Fernanda. Pronto salió a relucir que Mosquera resultó ser conocida de los nuevos vecinos.

Con otra perla: estos nuevos vecinos se mudaron al apartamento que queda justo al frente de la residencia de María Fernanda en febrero pasado y, además, pagaron por adelantado seis meses de arriendo. Un dato tremendamente llamativo, pues el canon mensual de ese apartamento ronda los $12 millones. Es decir, los nuevos vecinos pagaron $72 millones de contado al tomar ese inmueble. También se documentó que la pareja que vive allí tiene carros de alta gama cuyo valor puede sobrepasar fácilmente los $1.000 millones, entre los que figuran un BMW y un Lamborghini. Al parecer, el nuevo vecino tiene negocios en Estados Unidos y sería el propietario de una empresa de drones. La Policía continúa haciendo un rastreo de sus cuentas y de posibles movimientos sospechosos.

Hace casi un mes, el fiscal del caso planteó la posibilidad de allanar esa residencia para establecer si desde ese apartamento le enviaron o no las fotografías a María Fernanda. Además, por el contexto de amenazas que ha vivido Néstor Humberto Martínez desde que despachaba como fiscal general de la nación. En la Fiscalía se hicieron varios comités para observar los avances del expediente y evaluar esta opción investigativa. Al final, sin embargo, se determinó continuar con las pesquisas sin allanar el inmueble. Así mismo, los investigadores establecieron que otros conocidos de la psicóloga Mosquera también resultaron viviendo cerca de la residencia del exfiscal Martínez. Demasiadas coincidencias y demasiados movimientos raros. En un principio, se pensó que podía tratarse de un plan para secuestrar o atentar contra Martínez o su familia.

No obstante, y aunque dicha teoría no ha sido del todo descartada, esta tesis va perdiendo fuerza. Paralelamente a la investigación penal, Néstor Humberto Martínez decidió encarar a la psicóloga Mosquera y la convocó a una audiencia reservada ante la Cámara de Comercio de Bogotá. Allí la señora Mosquera reconoció que fue ella la que se hizo pasar por el empresario de Instagram. So pena de que Mosquera pague una indemnización millonaria, se pactó en esa diligencia el pasado 9 de septiembre que no podía volver a contactar a María Fernanda ni a nadie de la familia Martínez. ¿Por qué hizo lo que hizo esta joven psicóloga? Todavía es un misterio para la Policía y la Fiscalía. Las pesquisas se mantienen, así como las preguntas que rondan este capítulo tan extraño. ¿Hay algún plan en marcha contra Martínez? ¿Quién tiene la información que María Fernanda entregó?

Muchas cosas parecen no tener sentido. La familia Martínez sigue en máxima alerta y a la espera de que avance el proceso en la Fiscalía. Su mortificación es mayúscula porque la hija mayor del exfiscal terminó en el medio. Mientras se extrema su seguridad, los investigadores continúan cruzando datos y haciendo arqueos judiciales. Pero hay más. Al parecer la Policía habría encontrado un segundo caso de supuesta manipulación de la misma Mosquera a otra de sus clientas, que resultó siendo de una familia muy influyente del Cauca. De vuelta al caso Martínez Neira, la hipótesis de que hay “alguien detrás” moviendo los hilos se mantiene. “¿Usted cree que todo esto se lo pudo inventar una psicóloga y ya?”, le dijo a El Espectador una fuente muy bien enterada del expediente. La verdad de este enredo solo podrá aclararla la Fiscalía de Francisco Barbosa.

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