A Nydia Erika Bautista la encontraron en una calle de Guayabetal (Cundinamarca) el 12 de septiembre de 1987 con un vestido blanco, un saco de lana con flores bordadas, los ojos vendados, sin ropa interior y un disparo en la cabeza. Nadie la reconoció, aunque su hermana Yanette Bautista la empezó a buscar desde el mismo momento en que no regresó a casa, el 30 de agosto de 1987.
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Su lucha por la justicia dio frutos más de tres décadas después, y aunque Yanette murió sin verlo realidad, la Fiscalía declaró que la tortura, el homicidio y la desaparición forzada de su hermana Nydia son crímenes de lesa humanidad y no podrán prescribir. El Estado tendrá que investigarlo todo sin límite de tiempo, por lo menos hasta encontrar a quienes le quitaron la vida y la dignidad.
Era domingo cuando Nydia salió de su casa en la localidad de Kennedy, en Bogotá, después de festejar la primera comunión de su hijo de 12 años, para acompañar a su amiga a tomar la ruta del bus. Todavía era de día cuando tres hombres descendieron de un campero Jeep Suzuki SJ color blanco y de manera violenta la obligaron a subir al vehículo.
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Ella gritó por auxilio, pero lo único que pudieron hacer los vecinos fue anotar las placas del carro y llamar a la Policía. Un testigo le relató a la Fiscalía que iba caminando por el barrio cuando vio a “una mujer bonita” raptada. Aunque apuntó la placa del carro en su mano con un lapicero, las autoridades concluyeron que en realidad eran los datos de otro vehículo.
Después de 39 años de una batalla judicial sin descanso, la Fiscalía General de la Nación finalmente determinó el pasado 13 de marzo que los crímenes en contra de Nydia Erika Bautista son imprescriptibles. El Estado tendrá que investigar sin límite de tiempo los horrores a los que fue sometida por su condición de mujer, lideresa y defensora de derechos humanos.
“Su cuerpo de mujer fue instrumentalizado por los victimarios para imprimir sobre ella un castigo, ejercer un acto de discriminación y así, a través de la violencia, enviar un mensaje a las demás personas que como ella, desde su percepción política, militaban en el Movimiento 19 de Abril”, señaló la Fiscalía.
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Al revisar el expediente, el ente investigador también ratificó que Nydia Erika fue objeto de varios ataques por miembros de inteligencia, los cuales se tradujeron en seguimientos, capturas ilegales, desaparición, tortura y homicidio, entre otros. Fue sometida a tratos crueles e inhumanos de carácter físico y psicológico, a violencia sexual y finalmente se le cegó su vida por medio de una ejecución extrajudicial.
“Se concluye de manera inequívoca que la desaparición, tortura y homicidio de Nydia Erika no fue un hecho aislado sino, por el contrario fue unos de los numerosos casos que se presentaron a gran escala, de manera frecuente y reiterada”, determinó la Fiscalía.
Para ese tiempo, Nydia ejercía trabajo comunitario y social en los barrios vulnerables de Bogotá y Cali. Enseñaba a leer, a escribir y a defender los derechos de las comunidades. En sus investigaciones, la Fiscalía estableció que su condición de ser mujer, su participación cívico social y su posición política fueron factores que la hicieron visible ante sus victimarios.
“Ejercieron una violencia tan cruel que provocaron su muerte, precedida de su desaparición y tortura, como medios de castigo, dominación, ante la relación asimétrica de poder. A través de estos actos, querían enviar un mensaje a todas aquellas mujeres que reivindicaron sus derechos y adoptaran una posición política diferente”, señaló el ente investigador.
Por última vez en la vida, Yanette vio a su hermana esa tarde de domingo. No se le olvidó nunca la ropa que ella vestía cuando se la llevaron en ese Jeep. La búsqueda comenzó de inmediato, más en una época marcada por la persecución, la tortura y la muerte de líderes sociales y defensores de derechos humanos. Cinco días antes de la desaparición de Nydia, en Medellín asesinaron al médico Héctor Abad Gómez y a sus compañeros sindicalistas Leonardo Betancourt y Luis Felipe Vélez. En otras regiones del país, la Procuraduría alertaba por la desaparición masiva de personas.
Yanette y Nydia Erika, además de ser las hermanas mayores, eran las más unidas. Compartían el gusto por la salsa y la inquietud por la lectura. Al momento de su desaparición, Nydia tenía 33 años. La recuerdan como una mujer inteligente, disciplinada y estudiosa.
Entró a la Universidad Nacional a estudiar sociología. Trabajaba con mujeres, sobre todo en la reivindicación de sus derechos. Ayudó a construir un jardín comunitario en un barrio habitado por campesinos víctimas de desplazamiento forzado y obreros, al sur de Bogotá. Y asumió su posición política con su militancia en el grupo Movimiento 19 de Abril (M-19).
Su participación dentro del grupo M-19, en términos generales, se limitó a la política que incluía acciones de propaganda, logística e instrucción de compañeros. Una de sus amigas más cercanas dentro de ese grupo recuerda que sabían que sus destinos estaban marcados por la muerte, la desaparición o la prisión. Ella señala que Nydia “estaba dispuesta a dar su vida”.
Al conocer su desaparición, su amiga señaló que “no se llevaron a cualquier persona, se llevaron a una dirigente. Tenía capacidad de organización y de mando, de reorganizar rápidamente a la gente y motivarla, y esa es la razón de que la persiguieran tanto”.
Esa tarde de domingo del 30 de agosto de 1987, Nydia Erika no regresó, tampoco los días posteriores. Pero su hermana Yanette hizo llamadas a sus amigos de la universidad esa misma noche y todos le respondieron que seguramente la habían desaparecido. Se contactó luego con el Comité de Solidaridad con los Presos Políticos (CSPP) y el abogado José Eduardo Umaña Mendoza.
Se acercaron a hospitales, estaciones de Policía, al Instituto de Medicina Legal, pero nadie daba respuesta. Hicieron carteles y volantes con sus datos para repartir en calles y busetas, pero nadie devolvía la llamada. En ese camino se vincularon a la Asociación de Familiares de Detenidos Desaparecidos (Asfaddes) y la búsqueda fue masiva.
Durante tres años, no hubo noticia de Nydia Erika, pero en 1990, el abogado Umaña fue contactado por el suboficial de inteligencia militar Bernardo Garzón Garzón, quien reveló la suerte de la desaparecida y su lugar de sepultura.
El militar que hacía parte de la Brigada 20 Escuela Charry Solano del Ejército Nacional se presentó ante la Procuraduría para entregar información sobre acciones violatorias de derechos humanos y mencionó el caso de Nydia Erika Bautista, señalando a miembros de esta brigada como los autores de la tortura y la desaparición. Con ese testimonio, el Ministerio Público estableció la ruta de la muerte a la que fue sometida Bautista.
Según la Oficina de Investigaciones Especiales de la Procuraduría, los hombres que raptaron a Nydia Erika la llevaron a las instalaciones de esa brigada de inteligencia y contrainteligencia del Ejército. Luego, fue conducida a una finca donde estuvo cautiva durante dos días. Fue torturada y posteriormente llevada hacía Quebradablanca, en el municipio de Guayabetal (Cundinamarca) donde, con los ojos vendados y de espalda, fue asesinada por sus captores.
El militar también señaló los nombres de los miembros de la Brigada implicados: el coronel Álvaro Hernán Velandia Hurtado, comandante de la XX Brigada; el sargento Julio Roberto Ortega Araque; y los suboficiales Mauricio Angarita, Luis Guillermo Hernández González y Miguel Salamanca.
Asimismo, reveló que Nydia Erika fue capturada en Cali por unos meses y luego fue dejada en libertad. Desde ese momento en 1986 fue objeto de vigilancia y seguimiento por parte de la 20 Brigada, dentro de un operativo a cargo del capitán Camilo Pulecio Tovar y del teniente Armando Mejía Lobo, hasta el día de su desaparición.
Con los testimonios, la Fiscalía estableció que “se presentó un ataque cuidadosamente organizado y diseñado por algunos miembros de la inteligencia militar, que se trazó una política concertada que se puso en funcionamiento con los dineros estatales destinados para las fuerzas militares, para eliminar a los miembros de las organizaciones subversivas”.
Y agregó: “Todos y cada uno de los actos desplegados por miembros de la Brigada de Inteligencia contra los miembros de los grupos insurgentes, obedecían a un método prestablecido, ya que en la retención, tortura y asesinato de las victimas se presentaba el mismo patrón. En cuanto a su detención, varios hombres armados los abordaban, seguidamente los subían de manera violenta a un vehículo en el cual lo conducían hacía un lugar donde iba ser ‘interrogado’ y agotado este paso, procedían a cegarles la vida mediante disparos de arma de fuego y posteriormente dejar el cuerpo sin vida en lugares apartados de difícil ubicación para garantizar la impunidad de estos actos”.
El parte policial dice que el 12 de septiembre de 1987, trece días después de la desaparición de Nydia Erika, fue encontrado el cuerpo sin vida de una mujer sin identificar en la zona rural del municipio de Guayabetal, en la vía que conduce de Bogotá a Villavicencio.
Tenía los ojos vendados con un pañuelo blanco y las manos atadas. Correspondía a una mujer de aproximadamente 35 años de edad. Fue enterrada como “N.N” en el cementerio municipal de Guayabetal y debido al testimonio del militar lograron hacer la exhumación del cuerpo el 26 de julio de 1990. Nydia tenía las mismas prendas de vestir del día de su desaparición. Su hermana Yanette, quien asistió a la diligencia, reconoció su ropa. Desde ese momento, inició la batalla judicial para saber la verdad.
Por estos hechos, varios de los militares señalados dentro del caso tuvieron que comparecer ante la justicia, pero debido a las maniobras en su defensa, no se pudo establecer ninguna decisión de fondo.
El Centro Nacional de Memoria Histórica señaló que el caso de Nydia Erika Bautista puso de manifiesto “el inmenso poder de la cúpula militar: el espíritu de cuerpo de las Fuerzas Militares operó a su máximo nivel, la justicia ordinaria cerró los ojos ante el alud de pruebas para proteger a un General y los servicios de inteligencia militar y el Gobierno Nacional brindó toda la protección. El caso igualmente ilustra el alto costo que los familiares de Nydia Erika han tenido que pagar por su lucha por la justicia y la verdad”.
Yanette murió el pasado 1 de septiembre de 2025 esperando justicia para su hermana Nydia. Aunque no pudo ver esa decisión sin precedentes en el caso, el resto de su familia sintió como una victoria la resolución de la Fiscalía y escribieron: “Esta decisión no borra el horror ni devuelve la vida de Nydia Erika Bautista. Sin embargo, rompe, al menos en parte, el largo pacto de silencio, negación, encubrimiento y revictimización que durante décadas pretendió sepultar la verdad. No se trata únicamente de una victoria jurídica: se trata de la reivindicación de una verdad que la familia Bautista Montañez sostuvo durante años frente a una institucionalidad que cerró puertas, negó respuestas y profundizó el dolor”.
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