Como Miller, o como el periodista. Así se presentaba el reportero Miller Orlando Rubio en cada comunicación que sostuvo con Pedro Nel Rincón Castillo, alias Pedro Orejas, o con sus hombres de confianza. Su caso es inédito en el país. Se trata de un reportero que utilizó sus habilidades, sus contactos y al medio de comunicación en el que trabajaba para tratar de limpiarle la imagen a Pedro Orejas, un reconocido esmeraldero condenado por homicidio y extraditado por narcotráfico a Estados Unidos, donde purga una pena de 19 años y medio.
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Esa ola delictiva de Pedro Orejas fue precisamente la arrastró a Miller Rubio a manos de las autoridades. Al periodista no lo estaban investigando, no había por qué, era un reportero del Noticiero CM& que presentaba sus informes y cumplía con su labor cotidiana. Pero quien sí tenía a las autoridades pisándole los talones era Pedro Orejas. La Fiscalía, en sus labores investigativas, ordenó intervenir varias líneas telefónicas relacionadas con el esmeraldero y, aunque al principio lo que se escuchaba parecía no tener sentido, el asunto fue tomando forma.
Al menos más de diez veces hablaron los hombres de Pedro Orejas y el mismo Pedro Orejas con el periodista. Poco a poco, las conversaciones empezaron a llamar la atención de los investigadores que terminaron vinculándolo a un proceso judicial que terminó en una condena de 50 meses de prisión (cuatro años y dos meses) por el delito de concierto para delinquir. Según el Juzgado 45 Penal del Circuito, Miller Rubio estuvo aliado con el esmeraldero y, desde su rol, trató a toda costa de desviar las investigaciones que apuntaban a Pedro Orejas por sus conductas criminales. (Lea también: Periodista Miller Rubio, condenado por nexos con el esmeraldero Pedro “Orejas”)
“Le agradezco en lo que me pueda ayudar por favor, eso mejor dicho es cosa que le agradezco”, “le agradezco todo lo que pueda hacer por nosotros”, le decía Orejas al periodista, según quedó registrado en grabaciones aportadas por los investigadores al caso, y no era para menos. El rol del periodista resultó clave pues, luego de que las autoridades encontraran una caleta repleta de armas y municiones, que estaba escondida en un predio de Pedro Orejas, el reportero realizó un informe en el que señalaba que se había tratado de un falso positivo en contra del esmeraldero ideado por el Ejército, para desviar la atención de las autoridades.
Pero esa no fue la única gestión de Miller Rubio en favor de la organización del esmeraldero, en hechos que ocurrieron en 2008. Más de 10 testigos los que se presentaron ante el despacho y sus testimonios resultaron revelando el papel que jugó el periodista en todo este asunto. El Espectador conoció el fallo de 58 páginas donde reposan los relatos de los testigos que intervinieron en el caso y que terminaron hundiendo al reportero, estos son los más dicientes.
“Hablaba con Wilson Gerardo Peña y Jorge Combita, hombres de seguridad de Pedro Orejas”: investigadora de la Fiscalía
Ana María Farfán López es una investigadora que refirió haber realizado, por órdenes de la Fiscalía General de la Nación, unas escuchas en las que Miller Rubio hablaba con Wilson Gerardo Peña y Jorge Combita, hombres de confianza de Pedro Orejas. Afirma que se comunicaron en varias ocasiones y hablaron sobre el allanamiento en el que las autoridades habían encontrado unas armas y que el periodista, además, habló con policías, jueces e investigadores para armar una noticia sobre un posible atentado a la imagen de Pedro Orejas.
Quien también escuchó y analizó las interceptaciones en las que intervenía el periodista fue la investigadora María Camila Gutiérrez, que consolidó una matriz analizando cada conversación en la que mencionaban a Rubio. Indicó en su testimonio que en una de las llamadas se escucha a Rubio decir: “no hombre, es que yo les estoy metiendo, yo aquí ya les conté qué pasó, lo que voy a hacer y cómo se va a hacer, ya ellos tienen como unas directrices para sacar adelante esto moviendo gente y todo eso. Yo también me voy a mover por el lado alto del poder, por el lado mío de CM&”.
Además, que luego de que las autoridades encontraron la caleta con las armas, Rubio les indicó a sus interlocutores que debían denunciar de manera inmediata al Ejército Nacional, para hacer parecer el hallazgo como un falso positivo, que él, por su parte, estaría moviendo los altos mandos de CM& para contar esa versión de los hechos para salvarle el pellejo a Pedro Orejas. Otro dato importante que entregó la investigadora fue que, si bien en los audios se habla de un pago “al periodista”, no pudo constatar si esto se concretó.
“Encontramos enterradas varias armas de fuego, municiones y prendas del ejército”: funcionario del CTI.
Diego Francisco Rojas era funcionario del CTI de la Fiscalía para el año 2008. Recuerda que estaba de turno cuando fue informado sobre la ubicación de una caleta de armas. Una fuente del ejército se había comunicado con el fiscal de la URI para contarle sobre el posible hallazgo. Entonces Rojas, en compañía de personal del ejército perteneciente al Batallón Sucre, se desplazaron con una orden de allanamiento hasta el municipio de Maripí, ubicado en el sector de la Pita (Boyacá) en busca de la caleta. (Le puede interesar: La historia de “Pedro Orejas”, el esmeraldero que acaba de ser condenado en EE.UU.)
Al llegar al predio señalado, los atendió un hombre identificado como Salvador Rincón Castillo (familiar de Pedro Nel Rincón Castillo, alias Pedro Orejas) a quien le informaron sobre la orden de allanamiento. Entraron al inmueble y finalizando el recorrido notaron que había una habitación cerrada con candado. Narró que, en ese momento, Salvador Rincón se fue con dos soldados y quienes luego dijeron que el hombre se había escapado. Abrieron la habitación que resultó ser un pequeño cuarto de 2x2 metros, con piso de tierra el cual había empezado a hundirse.
Excavaron en el lugar y encontraron enterradas diez lonas con varias armas de fuego, municiones y prendas del ejército. Levantaron el acta de incautación y, según dijo, las armas quedaron en custodia del Batallón Sucre. Aclaró que el operativo estuvo al mando de un teniente y no del comandante del Batallón Sucre – Chiquinquirá, coronel Diego Canales, quien no estuvo presente en la diligencia, un dato relevante si se tiene en cuenta que la estrategia que utilizó el reportero Miller Rubio fue la de culpar al coronel de haber orquestado un plan para enlodar a Pedro Orejas.
“Denuncié a Miller Rubio por los delitos de injuria y calumnia”: coronel (r) Diego Canales
Cuando el coronel (r) del Ejército, Diego Eduardo Canales, llegó a la región como comandante del Batallón Sucre, empezó a recibir información sobre la existencia de grupos al margen de la ley, sin embargo, dijo, en ese momento (febrero de 2007) no se estableció la presencia de un grupo de autodefensas, ni de subversivos. Lo que sí notó era que, al parecer, algunos uniformados tenían nexos con personal de los empresarios de esmeraldas del occidente de Boyacá. Afirmó que los soldados que pedían traslado dieron indicios, entonces los sometió al polígrafo y así fueron expulsados varios uniformados de la institución.
El coronel dijo que también conoció casos sobre el uso indiscriminado de las armas por parte de los empresarios de esmeraldas quienes tenían grupos de escoltas fuertemente armados que mostraban sus armas a la población civil para intimidar. Tanto así, que los patrones de los escoltas habían instalado en la región 17 retenes ilegales que no contaban con la autorización ni de INVIAS, ni del Ministerio de Transporte. Entonces, el comandante Canales mandó a retirar dichos retenes y fue así como empezaron las discordias con los esmeralderos.
Canales manifestó que luego de estos hechos comenzaron las denuncias y llamadas para enlodar su nombre. Puntualmente, sobre el episodio de la caleta, dijo que la información se dio por un informante que se había infiltrado en los movimientos de Pedro Orejas. El comandante también confirmó que no estuvo presente en el operativo, pero que jamás apagó el celular y estuvo al tanto de lo que ocurría. Sin embargo, a diferencia de lo declarado por el funcionario del CTI, el comandante aseguró que las armas incautadas finalmente fueron entregadas a la Fiscalía. (Noticia relacionada: “Pedro Orejas” acepta cargos en Estados Unidos por narcotráfico)
Luego, cuando vio la noticia de CM& en la que, además de referir que las armas encontradas en el predio de la familia Rincón Castillo habían sido puestas por el Batallón Sucre al mando del coronel Canales, decía que grupos ilegales de Boyacá, al mando de alias El Japonés, ingresaban al batallón con autorización del coronel y que la población civil tenía miedo, sin embargo, tales afirmaciones no se pudieron demostrar. Para Canales esa información lo que buscaba era desprestigiar al batallón, sacarlo de la comandancia y desviar la investigación de lo que realmente estaba pasando.
Ante los señalamientos, dijo el uniformado que demandó al periodista Miller Rubio por injuria y calumnia, que cuando lo llamaron a conciliar él asistió, pero el reportero no, y que finalmente las diligencias fueron archivadas, una decisión “bastante dudosa”. Señaló que, aunque el periodista tergiversó la información y la Fiscalía recogió unas grabaciones en las que Rubio se ponía de acuerdo con Jorge Combita para desprestigiar al batallón, bastó unas excusas del reportero en la radio para que la investigación precluyera en 2012.
“(El periodista) tenía un interés particular en la cancelación de las licencias de Gemacol”: Superintendente
Desviar la atención del hallazgo de la caleta no fue la única misión del periodista quien también se encargó adelantar gestiones para recuperar la licencia de las armas que les habían sido retiraras a hombres de seguridad del esmeraldero. Felipe Muñoz fue superintendente de la Superintendencia de Vigilancia y Seguridad Privada en el 2008, su misión era la de vigilar y supervisar el sector de vigilancia de la seguridad privada y ello le da la facultad de otorgar y eliminar licencias para el uso de armas.
Explicó que, para la época, en el occidente de Boyacá había más de 100.000 hombres conformando departamentos de seguridad para custodiar a 45 empresarios del sector y que todos estaban siendo investigados y vigilados. Encontró así que muchas de las armas de estos grupos de seguridad iban a parar a personas que no debían como alias Macaco, Emilce López y otros paramilitares - con quienes los esmeralderos habían hecho una alianza para reforzar su seguridad e impedir que la guerrilla ejerciera control en la zona -.
Entonces ordenó la cancelación de al menos 300 licencias incluidas las de la compañía Gemacol, que era propiedad de Pedro Nel Rincón. Manifestó que a Miller Rubio lo conoció en como un periodista que trabajaba en el Noticiero CM& y cubría fuentes relacionadas con la seguridad en el departamento, entonces no tuvo reparo en atenderlo en su oficina. Indicó que, en un principio, Rubio le pidió una cita argumentando que estaba haciendo una nota periodística sobre los departamentos de seguridad de Boyacá, pero después manifestó que las personas estaban preocupadas por la cancelación de licencias.
Lo curioso, según el superintendente, fue que el periodista solamente mostró interés por todas las circunstancias relativas a la cancelación de las licencias de Gemacol, algo que al funcionario no le pareció normal pues estaba abogando por esa empresa, pero que su respuesta siempre fue la misma, que no había nada que considerar sobre la cancelación de licencias y que el tiempo después le demostró que la decisión que tomó sobre Gemacol fue la correcta.
Esos son apenas algunos de los varios testimonios que afianzaron la existencia de una relación de confianza y complicidad entre el periodista y la organización de Pedro Orejas. Miller Rubio, quien llevaba más de 25 años de trayectoria en el periodismo, empeñó su nombre, su profesión y su credibilidad para trabajar con un esmeraldero, homicida y narcotraficante. Él siempre lo negó, pero los testimonios de más de 10 personas lo dejaron sin salida.