27 Aug 2020 - 7:08 p. m.

Margarita Cabello, procuradora: una elección sin sorpresas

La elección de la exministra de Justicia cambia el panorama de pesos y contrapesos, pues deberá vigilar las gestiones de un gobierno al que perteneció y del que es afín ideológicamente. Es la primera mujer que asume la Procuraduría en la historia. “Yo quiero unir”, dijo al aceptar su elección.
Elección de Margarita Cabello como procuradora General de la Nación
Elección de Margarita Cabello como procuradora General de la Nación
Foto: Senado de la República

Desde antes de que fuera ternada oficialmente por el presidente Iván Duque y ejerciendo como Ministra de Justicia, el país político sabía que Margarita Cabello Blanco iba a ser la próxima Procuradora General de la Nación. Fue postulada el pasado 14 de agosto por el jefe de Estado y este jueves fue elegida por el Senado de la República en un proceso en el que poca oportunidad tuvieron sus contrincantes: el exviceprocurador Juan Carlos Cortés y el exmagistrado del Consejo Superior de la Judicatura, Wilson Ruiz. 83 votos dejaron claro los apoyos de las bancadas mayoritarias a la jurista barranquillera para un cargo que vigila, investiga y sanciona las actuaciones de los dirigentes políticos y del Estado.

En la sesión, los senadores Didier Lobo y Edgar Jesús Díaz Contreras (Cambio Radical), Gustavo Petro (Colombia Humana), Mario Castaño (Partido Liberal) se declararon impedidos para votar por tener investigaciones vigentes en la Procuraduría. Igualmente, se declaró impedido Iván Name Vásquez (Alianza Verde). Con 72 votos por el no, y solo 21 por el sí, la plenaria negó esos cinco impedimentos. En la jornada que se realizó de manera presencial y con protocolos de bioseguridad se abstuvieron de votar Miguel Ángel Pinto, Gustavo Petro e Iván Cepeda. Luego de su elección, Cabello fue llamada por el Senado para el periodo 2021-2025 y aceptó su nombramiento.

Aunque la Procuraduría ha estado encabezada con destacados juristas que han pasado por cargos públicos en su trayectoria, la elección de Cabello Blanco tiene implicaciones profundas para el andamiaje de la democracia colombiana. Con su llegada se podría romper de tajo el equilibrio de poderes, pues hasta hace apenas unos días y por un poco más de un año ejerció como ministra de Justicia de Iván Duque. Desde ahí le tocó liderar las acciones del sector justicia por la pandemia, especialmente la atención a las personas privadas de la libertad que desde antes del COVID-19 ya vivían en una crisis humanitaria. Igualmente, apoyó procesos polémicos del Gobierno, como la cadena perpetua para violadores de menores o la vuelta del glifosato en las fumigaciones áreas.

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Estos temas, por solo nombrar algunos, enfrentaron al Gobierno con la Procuraduría de Fernando Carrillo Flórez quien, en su labor de vigilancia, cuestionó la pertinencia y la idoneidad de cada propuesta. Y ahora deberán ser examinados por ella, no solo ante el mismo Gobierno sino ante instancias judiciales. Por ejemplo, en febrero pasado, Carrillo le envió una carta a la entonces ministra Cabello advirtiendo los riesgos al medio ambiente de usar glifosato y explicando por qué esta estrategia no iría de la mano con el programa de sustitución de cultivos ilícitos que está fijada en el Acuerdo de Paz, lo cual es mandatario. A Cabello, primera mujer elegida para la Procuraduría, le tocará sortear de entrada el escrutinio público sobre su independencia e idoneidad para ejercer el cargo, y no solo del Gobierno, sino de los amigos de sus amigos, a quienes ella es cercana, como la casa Char.

Los cuestionamientos que han surgido sobre su nombre poco tienen que ver con su acreditada experiencia sino más bien con su afinidad a los sectores de derecha políticos, que se pueden plasmar en el tiempo: fue ternada por el entonces presidente Álvaro Uribe a la Fiscalía en 2009, fue ternada por el presidente Iván Duque en 2018 para ser fiscal ad hoc para Odebrecht, en medio de su magistratura en la Sala Civil de la Corte Suprema. Renunció a su cargo en el alto tribunal faltándole nueve meses de periodo para aceptar el Ministerio de Justicia y renunció a este una vez ternada a la Procuraduría. Como explicó El Espectador, consultando diversas fuentes, el salto de cargo en cargo y la renuncia anticipada a los mismos representa un riesgo para el equilibrio de poderes.

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Nacida en Barranquilla, abogada de la Corporación Universitaria de la Costa, especialista en derecho de Familia y en procesal civil de la Universidad Externado, Cabello inició su carrera como juez hasta llegar a magistrada del Tribunal Superior de su ciudad natal y fue durante tres años delegada de la Sala Disciplinaria de la Procuraduría General. Fue presidenta de la Corte Suprema en 2016, integró la Comisión de Género de la Rama Judicial y demostró ante sus colegas ser una mujer de liderazgo fuerte, al punto que en ese alto tribunal se la señaló de liderar la disputa entre bloques regionales que aflora cada vez que hay un proceso electoral. Ahora tiene entre sus retos fijar rutas de acción para asuntos que son cruciales en el mandato de la Procuraduría, entre otros, en velar por la defensa de los derechos humanos.

En este sentido, las preguntas que surgen no son pocas. ¿Qué posición tendrá Cabello sobre la implementación del proceso de paz? En su presentación al Senado, el pasado 20 de agosto, la exministra no hizo una sola mención al Acuerdo de La Habana, sino que hizo énfasis en el control de “gestión”, es decir, en hacer un control a la gestión pública para “ajustar políticas públicas”: “No sacamos nada convirtiéndonos en coleccionistas de investigaciones y sanciones. Es más útil para el país mejorar la transparencia del ejercicio de la función pública del Estado”. Además, dijo que la visión “tradicional” del organismo de control que lucha contra la corrupción es obsoleta y un concepto negativo.

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“Debemos llegar, en cambio, al compromiso con la eficiencia y con la transparencia. Un concepto positivo que no solo va a pretender una gestión limpia, cristalina, sin tachas, sino una gestión pública eficiente que se traduzca en resultados concretos para lo que se reclama hoy. Para el bienestar de la gente”, enfatizó. Así, sus propuestas de acción al Senado fueron fortalecer la función de vigilancia, la función preventiva y el “control de gestión” para optimizar y contribuir el ejercicio de la función pública. “Solo, óigase bien, solo vamos a sancionar con firmeza al funcionario que vulnere la ley o que ejerza de manera negligente sus responsabilidades”, apuntó.

En su presentación, de hecho, Cabello hizo alusión a una Procuraduría que ejercerá sus funciones para encauzar la política pública, más que para sancionar y vigilar a la administración. E incluso hizo consideraciones que parecen más del campo de un ministerio o de una alta consejería. “La Procuraduría debe proveer orientación a los administradores públicos para que puedan acertar y dar resultados (...) Vamos a estar presentes en el mejoramiento del sistema de salud, vamos a incentivar e impulsar políticas públicas que ayuden a generar empleo e ingresos para la familia, vamos a ser aliados de los emprendedores, de las minorías, de los líderes sociales, de los indígenas, de las víctimas y de los estudiantes porque hay que buscar caminos para que no haya deserción”, dijo.

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“Vamos a buscar esquemas para canalizar recursos públicos o privados en obras públicas. Vamos a trabajar para que haya políticas de seguridad ciudadana serias y efectivas. Vamos a reforzar el cumplimiento de las normas ambientales (...) En síntesis, vamos a sintonizarnos institucionalmente con las preocupaciones, frustaciones, temores y expectativas de la gente. No vamos a administrar inercias, vamos a cambiar las cosas (...) Vamos a utilizar nuestras competencias para facilitar que los servidores públicos puedan entregar los resultados que la gente tanto necesita ”, agregó la exministra de Justicia y exmagistrada de la Corte Suprema de Justicia.

De otro lado, surge también la pregunta sobre qué rol ejercerá como procuradora en las reformas que deberán hacerse legalmente sobre las facultades de esa misma entidad por orden de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Pues, se recordará, al fallar en favor del exalcalde de Bogotá, Gustavo Petro, ese organismo internacional insistió en que una entidad como el Ministerio Público no puede destituir e inhabilitar a funcionarios elegidos por voto popular como alcaldes, gobernadores, congresistas, ediles o concejales. El Gobierno está en contra de esa decisión, que ataca una de las funciones que por años fue objeto de temor y, a veces, de abuso.

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“Yo quiero unir, quiero articular”: Margarita Cabello

Luego de ser elegida, Margarita Cabello agradeció a los senadores y aseguró que se trata de un apoyo a su vida profesional y pública “siempre al servicio de la justicia. Les agradezco sus apoyos a mis propuestas y también las críticas cordiales durante el diálogo que desarrollamos en el desarrollo en esta campaña a pesar de la condiciones que la crisis sanitaria nos impuso”. Cabello dijo que “quiere unir” y aseguró que entiende su nombramiento como una exaltación a las mujeres de Colombia que han ascendido en la carrera pública, hecho “que hasta hace unos años era una aspiración lejana”.

“Hoy son una esperanza y una conquista para millones de mujeres que lucha a diario para alcanzar posiciones que nuestras madres y abuelas nunca imaginaron. Fui la segunda y única mujer presidenta de la Corte Suprema de Justicia en más de 100 años. Hoy ustedes me halagan como la primera procuradora general de la Nación”, dijo Cabello. La Procuradora electa aseguró que trabajará sin descanso, facilitar resultados y mejorar la administración pública, así como en la actual crisis social y económica que se ha derivado por la pandemia.

“Los ciudadanos necesitan ingresos, centros de salud, hospitales y colegios”, dijo Cabello. La exministra de Justicia aseguró que la función preventiva y el control de gestión “no pueden reducirse al control de gestión, esa dinámica no puede ser un simple cruce epistolar” e insistió en la necesidad de una administración pública transparente. “Quiero hacer un Ministerio Público que convoque, que concilie, que nos ayude avanzar. La discrepancia enriquece la democracia, pero la polarización y la radicalización la puede dañar. La actual crisis nos debe unir en unos propósito en medio de nuestras diferencias. Con eficiencia y transparencia se garantizan los derechos humanos y sociales, además de los económicos”, dijo.

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