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“Me da asco ver cómo De la Espriella usa mi historia”: hija de Rosa Elvira Cely

Han pasado 14 años desde el brutal feminicidio de Rosa Elvira Cely. Su hija Juliana todavía siente un miedo profundo de ser mujer en una sociedad que cada vez es más violenta. La memoria de su madre la ha llevado a continuar con su vida y rechazar los discursos que instrumentalizan su dolor en plena campaña electoral. Este sábado hay un plantón y una velatón en el Parque Nacional para recordar y resistir.

Paulina Mesa Loaiza

22 de mayo de 2026 - 09:00 p. m.
Foto: Eder Rodríguez
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Juliana Cely se graduó hoy, 22 de mayo, como profesional, dos días antes de que se cumplieran 14 años sin su mamá, Rosa Elvira. Esta misma semana organizó el festejo por sacar el diploma como publicista de la universidad ECCI y adelantó los preparativos para convocar a un plantón y velatón el sábado en el Parque Nacional de Bogotá, el lugar en el que el 24 de mayo de 2012, su mamá fue brutalmente asesinada.

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El crimen conmocionó al país y se convirtió en un símbolo de la lucha de las mujeres tras la aprobación de la Ley Rosa Elvira Cely, que tipifica los feminicidios en Colombia. En ese mundo de emociones, entre la tristeza, la felicidad, el miedo y la frustración, Juliana tuvo una certeza: que su mamá la acompañó y la sostuvo, como lo ha sentido todos los días de su vida.

En una conversación con El Espectador, la hija única de Rosa Elvira Cely, detalló su fortaleza, pero también su decepción de crecer en un país sin garantías y sin protección para las niñas y las mujeres. La lucha por la justicia que ha rodeado toda su vida la llevó también a rechazar los discursos que instrumentalizan su dolor y el feminicidio de su madre con fines políticos.

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A Juliana, de 12 años, todavía la acompañaba la inocencia cuando asesinaron a Rosa Elvira Cely. Para ese momento no entendía bien por qué el motor de su vida se había ido, y aunque todo fue confuso al principio, a Juliana le bastaron unos años para comprender que la vida tenía que seguir junto a su abuela, María Aurora.

Este viernes, 22 de mayo, a la tarima del auditorio de la universidad, Juliana subió con una toga negra para recibir el diploma de profesional en Mercadeo y Publicidad. El logro se lo dedicó a su mamá y a su abuela, fue de ellas dos de quienes sacó la resistencia para vivir. También se lo dedicó a la niña que fue, de ella rescata la fortaleza para quedarse, a pesar de que muchas veces quiso rendirse.

“Creo que la memoria de mi mamá me ha dado la resistencia y la resiliencia. Esta semana tuve muchas emociones encontradas porque quisiera que mi mamá estuviera presente y mi abuelita también, ella ya falleció. Es triste recibir este logro, que no es solo mío, sino también de mi mamá en el cielo. Siempre he tenido un lema en mi cabeza y es que siento que la conexión con mi mamá nunca se perdió. Ella, su memoria y todo lo que pasó con su historia me da fuerza, aunque muchas veces me haya querido rendir, porque la extraño”, dijo Juliana.

El 24 de mayo de 2012, Rosa Elvira Cely, de 35 años, fue atacada sexualmente, golpeada y herida brutalmente en el Parque Nacional por uno de sus compañeros de colegio, Javier Velasco Valenzuela, quien fue condenado a 48 años de cárcel. Cely se convirtió en un símbolo contra la violencia sexual a las mujeres y a partir de su caso se creó una ley que tipificó el delito de feminicidio.

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Rosa Elvira era una madre soltera que terminó su bachillerato para cumplir el sueño de convertirse en psicóloga. No alcanzó a recibir su diploma y celebrar su grado porque fue herida de todas las maneras posibles y murió. Juliana, su única hija, quedó al cuidado de su madre. La batalla judicial quedó en manos de su hermana Adriana Cely, y el resto de la familia.

A pesar del dolor por la ausencia de su madre, Juliana solo pudo nombrar el sentimiento de orfandad años después. “Ser huérfano por feminicidio nunca deja de doler. Es algo que impacta toda la vida. Al ser víctima indirecta sentí que en algún momento se me invisibilizó y el Estado nunca preguntó por mí, ni por los niños que quedan huérfanos. Me preguntaba por qué si mi mamá estaba en la ley, el Estado no se preguntó qué pasó conmigo. Con un feminicidio no solo apagan una vida, se rompen sueños, se frustran infancias y juventudes. Por eso, tomé la fuerza no solo para ser profesional, sino para seguir creciendo y visibilizar lo que viví durante tantos años en silencio”, relató Juliana.

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Juliana recuerda que en las tantas sesiones de terapia con psicólogos, ella intentaba darle sentido a la tragedia, entender por qué pasó todo. En medio de esa búsqueda lo que encontró fue un motivo de lucha: los huérfanos y las familias que quedan rotas tras los feminicidios. Pero el proceso no fue corto ni sencillo.

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Rosa Elvira Cely crió a su hija como su mayor tesoro y por eso, Juliana siente que hay noches más largas que otras porque la soledad le parece eterna. “Crecí con un sentimiento de injusticia, con la falta y la ausencia de ese ser que para la gran mayoría es un pilar, mi mamá. Me sentía invisible, encapsulada. Crecí con miedo, pero cuando iba a los eventos feministas o con otros huérfanos, sentía que ella estaba ahí dándome la fuerza. Mi mamá siempre estuvo conmigo”, explicó.

Aún así, Juliana piensa que hizo falta mucho para llegar a sentir justicia. “A mi me falló el Estado al no darme garantías. Gracias a la vida tuve el privilegio de participar en el proyecto de ley de huérfanos por feminicidios que hoy es una realidad en la ley 2530. Esto resume mi lucha y cubre mucho de lo que siento que el Estado me falló. Son las garantías mínimas protegiendo mis derechos y necesidades básicas: la educación, la salud mental y otros. Me hubiera gustado el reconocimiento de que no fue solo que Rosa Elvira murió, sino que también se murieron sus sueños en conjunto conmigo. Se murió una familia”.

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Por eso, ella dice que le produce asco saber que alguien más se quiere apropiar del discurso de una justicia que nunca sintió, sobre todo en época electoral buscando instrumentalizar la historia de dolor que vivió junto a su familia. Juliana hace referencia a una publicación en redes sociales en la que el candidato presidencial Abelardo de la Espriella escribió: “Aquí el único que ha defendido a las mujeres he sido yo, y no con discursos inanes: hay dos leyes que así lo demuestran, la Ley Natalia Ponce y la Ley Rosa Elvira Cely”.

Aunque Juliana no quería pronunciarse al respecto, lo hizo. “No podemos tener de presidente a alguien que si bien condenó al feminicida de mi mamá, nunca lo hizo con buenas intenciones. Sabía que el Estado tenía una responsabilidad y de allí se tomaría todo el dinero de honorarios”, explicó Juliana.

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Y agregó: “Mi abuelita tuvo que tener comunicación con él y ver que un día llegó llorando porque la revictimizó y la trató mal no se me va a olvidar. Una cosa fue la condena penal del feminicida y otra un proyecto de ley que no fue impulsado por él. La ley Rosa Elvira Cely es del 2015, y para ese momento nosotros ya habíamos cambiado de abogados y no teníamos comunicación con él”.

En una mezcla de rabia y un reclamo de dignidad, Juliana también dijo: “Me da asco ver cómo está usando mi historia, la lucha feminista y un proyecto que impactó en la historia de Colombia y de las mujeres para limpiar su imagen en plena campaña. El dolor que he vivido por 14 años no puede ser un instrumento para que alguien logre llegar a la presidencia”.

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A esos sentimientos les agregó la tristeza y la decepción de que a pocos días de la conmemoración del feminicidio de su mamá, en el país buscaban a Yulixa Toloza y en su búsqueda encontraron a dos mujeres más que también estaban desaparecidas. “Esto me hace replantearme y entender que por eso es que tenemos que seguir luchando. Hay que dar visibilidad a las otras mujeres que el Estado no pudo proteger. Han sido 14 años en los que siento que tengo mucho miedo de ser mujer. Cada feminicidio es más cruel que el anterior”, expresó.

Por eso, Juliana preparó un plantón y velatón en conmemoración por los 14 años del feminicidio de Rosa Elvira Cely. Será este sábado 23 de mayo a las 2:30 de la tarde. El punto de encuentro será la torre del reloj del Parque Nacional. En ese evento, ella espera que la sociedad entienda que hay mujeres a las que las están matando y el Estado ni siquiera sabe cuántas son. Espera también que ninguna mujer quede en el olvido. Este año, al menos 15 mujeres han sido víctimas de feminicidio en Colombia.

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Para conocer más sobre justicia, seguridad y derechos humanos, visite la sección Judicial de El Espectador.

Por Paulina Mesa Loaiza

Periodista de la Universidad de Antioquia e ilustradora. Ha escrito en prensa y portales digitales con especial interés en justicia, conflicto, memoria y paz. Actualmente es periodista de Colombia+20.@paulina_mesalpmesa@elespectador.com
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