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5 Oct 2020 - 11:35 p. m.

“No me interesa quién mató a Hernando Pizarro, solo quiero limpiar mi nombre”: Sastoque

El Espectador habló con Gustavo Sastoque, el exfuncionario del CTI que fue condenado a 41 años de prisión por el homicidio de Hernando Pizarro. Luego del reciente anuncio de las Farc en el que se atribuyeron este y otros asesinatos, Sastoque solo pide que el Estado reconozca el error que cometió en su contra.
Gustavo Sastoque es el exagente del CTI condenado injustamente por el homicidio de Hernando Pizarro. En primera instancia la sentencia fue de 45 años, meses después el Tribunal Nacional rebajó su condena a 40 años y seis meses de prisión.
Gustavo Sastoque es el exagente del CTI condenado injustamente por el homicidio de Hernando Pizarro. En primera instancia la sentencia fue de 45 años, meses después el Tribunal Nacional rebajó su condena a 40 años y seis meses de prisión.
Foto: Cortesía

Ha luchado durante 25 años para demostrar su inocencia. Desde el 8 de marzo de 1995, cuando lo capturaron por supuestamente haber asesinado a Hernando Pizarro Leongómez, exguerrillero del M-19, Gustavo Sastoque sostiene que ha sido usado como chivo expiatorio por la justicia colombiana para desviar la investigación y encubrir a los verdaderos responsables del homicidio.

En diálogo con El Espectador, el exagente del CTI dijo que, aunque en el momento de su captura creía que se trataba de una confusión que se iba a solucionar pronto, con el pasar del tiempo entendió que estaba en medio de una gran conspiración que poco a poco le hizo perder la fe en la justicia. Sin embargo, no duda en que un día será despojado del estigma que carga en sus hombros por un crimen que no cometió.

En esta ocasión, se refirió a la reciente comunicación del secretariado de la extinta Farc, en el que ese grupo guerrillero se atribuyó el homicidio de Pizarro, y a la denuncia que interpuso en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA con el objetivo de que esa instancia internacional le ayude a demostrar que no tuvo nada que ver con ese homicidio y que la justicia colombiana ignoró las pruebas y los testimonios a su favor.

¿En qué pensó cuando lo capturaron, qué se le pasó por la cabeza cuando le dijeron que usted era responsable por el asesinato de Hernando Pizarro?

Yo estaba tranquilo porque cuando una persona es inocente tiene que obrar con calma y yo siendo funcionario tenía en la mente que la justicia era muy transparente, se respetaba el debido proceso, respetaban los derechos personas, pero estaba engañado. Me di cuenta de que la justicia busca chivos expiatorios y le acaban la vida. En ese momento, el concepto de justicia cambio totalmente para mí, fue una desilusión muy grande. A pesar de que aporte pruebas que demostraban mi inocencia, nunca fueron tenidas en cuenta.

Para mi captura no hubo investigación preliminar, ni un operativo. Eso es lo otro extraño. Lo lógico es primero interceptar, hacer seguimiento, una investigación real. Pero simplemente ese día me dejaron un papel en la oficina que decía que tenía que presentarme en la Fiscalía Regional, piso 11 y preguntar por un número de proceso. Cogí una buseta, subí hasta el piso 11 y bajó un señor de barba, canoso y le entregué el papelito que me habían dejado en la oficina. Al rato bajó y me dijo: “Gustavito no sé por qué motivo lo citaron”.

Entré a un cuartico donde había un escritorio, una silla y un vidrio oscuro. Me senté como 45 minutos. Estoy seguro de que detrás de ese vidrio estaban preparando a los testigos falsos. Al rato llegó un señor corpulento y una señora y me entregaron un papel con una orden de captura. Lo que me causó curiosidad es que decía mi nombre, mi número de identificación, pero con posible ubicación en Puerto Rico, Caquetá, sabiendo que yo trabajaba con la Fiscalía en Bogotá y soy de Bogotá. Esa orden salió de la Fiscalía Regional, piso 11.

Lo primero que pensé fue que era alguna equivocación, entonces llamé a mi familia y los tranquilicé, les dije que era una confusión y que al otro día todo se iba a aclarar. Me llevaron a los calabozos del DAS, un guardián me pasó una revista de Condorito y yo me pasé leyendo, pensaba que al otro día se iba a solucionar, pasé la noche con frío, pero pude dormir un poco.

Al día siguiente, como a las 8:00 de la mañana, me llamaron los guardianes. Me vi con un señor que dijeron que era mi abogado. Él me dijo que me tenían allá por la muerte de Pizarro, creí que era Carlos Pizarro y le dije que yo nunca me había montado en un avión, que no era posible. Me dijo que de Hernando Pizarro, y yo ni sabía que Carlos Pizarro tenía familia. Entonces el abogado sacó el periódico y me mostró, decía “capturado funcionario del CTI como presunto asesino de Hernando Pizarro”. Entonces me puse a pensar yo qué estaba haciendo ese día y me acordé que había comprado unos zapatos en el barrio Restrepo, en el sur de Bogotá.

Yo confiaba en que la justicia tenía que llegar algún día y en mi caso no llegó porque fiscalía, juzgados, tribunal y Corte Suprema estuvieron en mi contra. Además, todo era bajo reserva nunca vi la cara de los fiscales, no conocí los testigos. No sabía lo engañado estaba.

(Lea también: Gustavo Sastoque: historia de un montaje judicial)

¿Cuáles eran sus funciones en el CTI?

Yo ingresé en el año 90 y con el cambio de la Constitución se creó la Fiscalía. Repartieron a las personas y a mí me trasladaron para criminalística del CTI, pero yo cumplía funciones administrativas, realizar informes y documentos, la única dotación que recibí fue una máquina de escribir y el carné.

¿Siempre ha sostenido que se trató de un montaje judicial, por qué cree que lo escogieron a usted?

Esa es la duda que tengo ahora. Lo que yo sé es que los verdaderos asesinos de Pizarro se identificaron como funcionarios de la Fiscalía, entonces para encubrirlos necesitaban a alguien de la entidad. Al parecer, sacaron fotografías de los posibles chivos expiatorios y yo tenía el perfil. A mí me capturaron por dos testimonios, el de una señora funcionaria del Ejército y el de un señor que dijo que tenía un puesto de perros calientes cerca del lugar donde asesinaron a Pizarro.

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Pero yo fui escogido para este crimen y para desviar la verdadera investigación.

¿Y qué sabe de esos testigos que dijeron haberlo visto cometiendo el asesinato?

La señora se llama Olga Esther Guevara, ella dijo que estaba en la ventana de un edificio ubicado al frente de donde asesinaron a Hernando Pizarro. Que estaba detrás de un poste, pero el poste más cercano al lugar de los hechos está a ocho metros y la versión de la señora da el material de ropa del asesino, el color de ojos, la estatura. Cómo va a ver todos esos detalles a esa distancia. No entiendo cómo la Fiscalía le dio credibilidad a un testimonio tan falso.

El otro señor es Germán Ramírez. Pero él en una investigación posterior por una denuncia que instauré por falso testimonio y fraude procesal, se retractó y dijo que en ningún momento me había señalado como el asesino. Pero la Fiscalía no valoró esa prueba para nada y de Germán Ramírez no supe nada más. Entonces entendí que la justicia estaba ensañada en mi contra y no sé qué están encubriendo.

¿Cómo vivió 11 años tras las rejas pagando un crimen que no cometió?

Una tristeza. Los primeros 27 meses estuve en un pabellón de máxima seguridad sin ver el día, la noche. La moral fue mi familia ellos volteaban recurriendo a periodistas, a organizaciones internacionales, enviando cartas a todo lado. Pero mi mamá no soportó la tristeza, cuando yo llevaba dos años detenido, y poco después de recibir la sentencia a 41 años, el 6 de diciembre de 1997, sufrió un derrame cerebral y murió.

Ha dicho que nunca tuvieron en cuenta las pruebas que usted aportaba para demostrar su inocencia ¿Cuáles eran esas pruebas?

Primero, el día de los hechos compré unos zapatos en el barrio Restrepo, la compra la hice con tarjeta de crédito, entonces a uno le entregan el váucher, eso se aportó al proceso. Además, llamaron a declarar a la muchacha que me atendió y al administrador de la tienda y ellos corroboraron que yo estuve allá ese día a eso de las 6:00 de la tarde.

Otra es que Olga Esther Guevara dijo que al día siguiente del asesinato yo estuve en el levantamiento de la escena del crimen. Pero los miembros de levantamiento son como 10 o 15 personas, que me conocían porque yo trabajaba en Criminalística, pero no tenían ningún interés en ayudarme, todos declararon que yo en ningún momento estuve presente.

Finalmente, en la noche, fui a hacer unas compras a la tienda del barrio 20 de Julio, donde vivía para la época de los hechos. La señora que me atendió y me vendió un champú y una cuchilla de afeitar dijo que yo sí había estado allí.

Es que a nadie le cabe en la cabeza que un asesino va a comprar unos zapatos, luego mata a una persona y después se va para la casa a dormir tranquilamente.

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¿Qué ha sido lo más difícil en toda esta lucha por demostrar su inocencia?

Convencer a la justicia y que no me crea a pesar de las pruebas. No sé qué están encubriendo y por qué motivo desviaron mi investigación, pero estoy seguro de que hay fuerzas oscura detrás de este proceso y hay algo extraño detrás de todo esto.

¿Qué percepción le deja la administración de justicia colombiana? ¿Qué le diría a los fiscales y a los jueces que llevaron su proceso?

Yo creo que a una persona que se preste para dañar la vida de un inocente, la conciencia no la deja dormir tranquila. No entiendo cómo fiscales hacen esto. Todos tenemos familias y sueños, y solamente por intereses acaban con la vida de inocentes. Ojalá esto no se repita, Yo trabajaba en la Fiscalía y me sentía intocable, pero mire en lo que me metieron, me tocó pagar lo que no me comía.

Ahora estoy en libertad condicional, mi proceso está en un juzgado de ejecución de penas y sigo recurriendo a instancia. Ahora está en curso una revisión extraordinaria en la Corte Suprema, lo que espero es que ojalá esta vez los magistrados obre en derecho y valoren las pruebas. Además, supongo que la atribución del crimen por parte de las Farc, es una prueba más para demostrar que yo no tuve nada que ver con ese homicidio.

La inocencia la estamos peleando todavía. Instauré una denuncia a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y ellos han tenido contactos con el gobierno a ver qué está ocurriendo o qué fue lo que se fraguó en mi contra. La verdad es que a mí no me interesa saber quién asesinó a Pizarro yo lo único que quiero es que se limpie mi nombre.

Y ¿Qué ha pasado con esa demanda ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA?

Estamos en diálogos con el Estado, todavía no ha habido ningún pronunciamiento de fondo, pero estamos en una especie de negociación. Desde que interpuse este recurso en 2002, la Comisión ha estado muy pendiente del caso. Logramos que la Comisión se enterara de lo que estaba pasando conmigo gracias a algunos compañeros de la Fiscalía que creyeron en mi inocencia. Ellos me contactaron con una ONG que llevó la denuncia a la Comisión y ellos la admitieron.

¿A qué se dedica actualmente? ¿Qué rumbo tomó su vida?

Todos saben que después de que uno sale de la cárcel es estigmatizado por la sociedad y es muy duro conseguir un trabajo digno. Cuando recién salí, monté una caseta de comidas rápidas, pero eso se acabó. Así que encontré un trabajo de mensajero en el fondo de empleados de la Registraduría, que es una una cooperativa, ellos creyeron en mí y me dieron la oportunidad. Gano un mínimo y con eso nos sostenemos con mi hija.

¿En algún momento se le cruzó por la mente que las Farc fueran las responsables del crimen?

Jamás. Como el tipo era un guerrillero uno se inclinaba más que era la extrema derecha la que lo había asesinado. Pero en un país como este se ve mucha cosa. La verdad es que por mi cabeza no pasó que fueran las Farc, pero yo he creído en la justicia divina que no la pueden comprar o amenazar y que entre cielo y tierra no hay nada oculto.

(Noticia relacionada: Los 6 homicidios en los que Farc asumió responsabilidad ante JEP)

¿Piensa constituirse como victima ante la JEP?

No lo hemos hablado con el abogado todavía. Estamos en cuestiones con la Comisión, ahora la idea esperar la declaración de las Farc a ver quién estuvo detrás del crimen y qué dicen, pero le repito: a mí no me interesa saber quien asesinó a Pizarro, yo solo quiero que se limpie mi nombre. Llevo 25 años luchando por mi inocencia y esperando a que la justicia acepte el error que cometió conmigo.

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