30 Apr 2021 - 2:00 a. m.

“Se burlaron de una mamá que solo ha pedido justicia”: madre de Sergio Urrego

Este viernes 30 de abril se leerá el sentido de fallo contra Amanda Castillo, rectora del Gimnasio Castillo Campestre, colegio en el que se hizo una persecución contra Sergio Urrego que terminó cuando él decidió acabar con su vida. Su madre, Alba Reyes, explica por qué la actuación de la justicia la ha defraudado.

Juan David Laverde Palma

María José Medellín Cano

Tiempo después de que Sergio Urrego se quitara la vida, el 4 de agosto de 2014, a su casa llegó una citación de un juzgado de Infancia y Adolescencia. Su mamá, Alba Reyes, abrió el sobre y la citaban a audiencia de imputación de cargos contra su hijo por acoso sexual. El muchacho de 16 años se había suicidado en un centro comercial de Bogotá como un grito de protesta contra la discriminación sistemática de la que fue víctima en el colegio donde estudiaba, Gimnasio Castillo Campestre. En medio de la tragedia por la pérdida de su único hijo, esa comparecencia se volvió el comienzo de un tortuoso camino en el que la justicia solo la ha defraudado.

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Este viernes 30 de abril de 2021, Alba Reyes asistirá a una nueva audiencia que podría mostrar, una vez más, la incompetencia del sistema judicial en el caso de su hijo, Sergio Urrego. A las tres de la tarde, si todo sale como está programado, un juez de Bogotá leerá el sentido de fallo contra una de las personas determinantes en el suicidio de su hijo: la rectora del Gimnasio Castillo Campestre, Amanda Azucena Castillo, por los delitos de falsa denuncia y ocultamiento de pruebas. Un caso a punto de prescribir. Para Reyes y su equipo de abogados, que el proceso se haya quedado sin tiempo para segunda instancia es una burla más de la justicia.

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En entrevista con El Espectador, Reyes recuerda el horror que vivió su hijo por ser gay y confesó la impotencia de saber que Azucena Castillo, quien estuvo detrás de la persecución, hizo todo lo posible para evadir a la justicia. Le preocupa que esa persona siga en el colegio, a pesar de que se burló y discriminó a Sergio sin tregua cuando era estudiante. El testimonio de Alba Reyes es igual de desgarrador a los que dio en agosto de 2014, cuando se suicidó su hijo. Además del dolor innombrable de perderlo, su historia es la de millones de víctimas a quienes la justicia no les da otra cosa que cachetadas.

Después de tantos años de dolor, y a días de que el caso contra la rectora prescriba, ¿qué le queda de la justicia colombiana?

Siempre he confiado en la justicia. Confié tan ciegamente en ella, que no me di cuenta de muchas cosas que se permitieron durante estos siete años de audiencias. Desde el año pasado, más o menos, cuando la exfiscal que tenía el caso renunció y lo retomó otro, empezamos a revisar y nos dimos cuenta de que había errores que se presentaron en la etapa preparatoria, en la que se presentan todas las pruebas. Aquí es importante recordar que mi hijo había dejado muchas de ellas y que yo las aporté al caso, en donde claramente se evidenciaba lo que había pasado con mi hijo.

¿Qué tipo de errores?

Por ejemplo, que la fiscal anterior no presentó muchas pruebas que eran claves para la audiencia en contra de la rectora. En especial, varios elementos del material que dejó Sergio en donde explicaba perfectamente lo que le pasó. Yo soy una mamá común y corriente, cabeza de familia, una ciudadana de a pie, como cualquier otra persona. Tuve que entender lo que pasó en cada audiencia para saber qué estaba pasando. No he faltado a una sola para poder entender. Y así me di cuenta que muchas de las pruebas no fueron presentadas en su momento.

¿Por qué no se incluyeron las pruebas claves que dejó Sergio? ¿Alguien alguna vez se lo explicó?

No. La respuesta más sencilla que me dieron fue: “Porque la fiscal de ese momento no lo consideró necesario”. Pero ella solo aportó las pruebas de Policía Judicial que, claro, eran importantes, pero mi hijo había dejado las pruebas claves del proceso. Al fiscal que ahora tiene el caso le tocó meterle la ficha al expediente porque además yo empecé a presionar y a denunciar lo que estaba pasando. Yo creo que parte de todo esto es quererlo callar a uno.

¿A qué se refiere?

Siempre me decían: “Mejor no digas nada de eso. Es mejor que las cosas vayan avanzando”. Pero yo siempre he sido muy firme pues creo que todo esto sí hay que denunciarlo, decirlo y publicarlo. Esa es la única manera de llamar la atención sobre lo que está pasando. Todo esto lo manejan de una manera sucia. Yo nunca he dicho que quiero un resultado en específico. Yo lo único que he pedido es que el proceso sea claro y transparente. Que las cosas se hagan como deben hacerse.

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Usted ha denunciado dilaciones en el proceso. ¿Vienen de las investigadas o de los jueces?

He aguantado dilaciones por todas partes. Tuve que ir muchas veces a Paloquemao y veía cómo la defensa utilizaba una serie de maniobras dilatorias que nadie reprochó. Siempre me preguntaba hasta dónde iban a permitir que eso sucediera, hasta cuándo es permisivo, de acuerdo a la justicia colombiana, que eso pase. Por ejemplo, se presentaba a la audiencia un abogado sin poder y tocaba aplazar. O solo llegaba uno, de un equipo de dos o tres, y los demás se escondían en el parqueadero para que la audiencia no se pudiera hacer. También me tocó ver cómo suspendían las audiencias porque las investigadas no se presentaban a las audiencias luego de haber quedado libres.

¿Estas mismas dilaciones fueron el origen de la prescripción del delito de discriminación, el más importante que se le había imputado a la rectora Castillo?

Claro. A ella le prescribió ese delito, pese a que las otras dos investigadas, la veedora del colegio, Rosalía Ramírez, y la psicóloga, Ivonne Cheque, sí fueron condenadas y aceptaron todo lo que le hicieron a Sergio (Ramírez, incluso, reconoció que se alteraron archivos donde se evidenciaba la persecución de la que fue víctima Urrego). Ahora el caso que está a punto de prescribir es por los otros dos delitos contra la rectora: falsa denuncia y ocultamiento de pruebas. Me tocó revivir todo este horror en las audiencias, enterarme de muchas cosas que no sabía. Ver que se acabó el tiempo para hacer una investigación y un proceso judicial serio y juicioso me da mucha impotencia.

¿Cosas que usted no sabía?

Ya se sabe que la rectora obligó a los papás de Danilo (la pareja de Sergio) a poner en contra de mi hijo una denuncia. No sabía que la rectora quería obligarlos a presentar otra. En contra de un niño, ¡tenía 16 años! Mi hijo aguantó muchas cosas... Sergio fue muy valiente. Muy valiente. Nunca supe de todo lo que estaba sucediendo porque no me contó. Por eso mismo esto no puede quedar así. El caso de Sergio ha dejado un precedente para todos los jóvenes en Colombia y ahora existen sentencias para protegerlos. El problema es que aplicar todo eso es complicado.

Hoy se espera conocer el sentido de fallo contra la rectora, pero en 15 días el caso prescribirá y, si ella es absuelta, no habrá tiempo para una segunda instancia. ¿Cómo lo ve?

Nosotros logramos ponerle veeduría al caso y esto hizo que el juez hiciera más dinámicas las audiencias y se hicieran más seguido. Así fue que logramos que todos los testigos se presentaran, porque además el juez del caso solo daba una audiencia cada mes o cada dos meses. Logramos cerrar el juicio esta semana con los alegatos finales. El sentido de fallo lo va a leer el juez hoy a las tres de la tarde, y ni siquiera es el fallo en firme. Pase lo que pase, ya no nos queda tiempo para la segunda instancia. Y el caso llegó al límite de tiempo no porque fuera difícil la investigación, sino por las dilaciones. Por nada más.

Un caso tan representativo como el de Sergio Urrego para la lucha de los derechos de la comunidad LGBTI en Colombia va a tener este triste epílogo marcado de dilaciones por parte de las investigadas. ¿Nadie hizo algo para evitarlo?

Lastimosamente la justicia permite situaciones que no se deberían permitir en las audiencias. Por todas las excusas habidas y por haber, el proceso no avanzó. Yo siempre he pensado que deberían ponerse un poquito en el lugar de las víctimas. La justicia colombiana es muy garante de los derechos de las víctimas, pero otro mundo muy diferente es ver cómo se implementan. Hay miles de leyes para protegerlas, pero a la hora de la práctica, no somos nadie. Es que ni siquiera la sentencia de la Corte Constitucional (que aclaró que Urrego sí fue discriminado) se ha cumplido (la Corte ordenó, entre otras cosas, revisar todos los manuales de convivencia de los colegios del país para eliminar cualquier norma que diera pie a la discriminación). Lamentablemente tengo que decir que se equivocaran muchísimo. El final de esta historia me deja un gran dolor, no solamente como víctima, sino como una mamá que perdió a su hijo a causa de la homofobia y la violencia en Colombia.

¿Se siente burlada?

Sí. Se burlaron de una ciudadana y de una mamá que solo ha pedido justicia. Siempre he pensado y creído en la justicia colombiana y que hay que rodearla de apoyo y de solidaridad. Pero lo que me ha tocado sufrir es absurdo. Me fallaron, así como le fallaron a mi hijo. Nos fallaron. A él le fallaron todos: el Ministerio de Educación, la Secretaria de Educación, el ICBF, la Procuraduría. Aquí, debo decirlo, se está repitiendo la historia.

La rectora del colegio está libre. Ni siquiera está en casa por cárcel. ¿Ella se presenta a las audiencias?

Nunca. Solo lo hizo cuando estaba en la cárcel porque la llevaban. Pero nunca dio la cara. En una de las charlas un señor me contó que se había presentado al colegio con su hijo. Era un señor que era músico y tenía tatuajes y un piercing, y la rectora, en la entrevista, les dijo que en su colegio no se permitían tatuajes ni piercing. La discriminación sigue sucediendo. Yo sigo levantando la voz para que no se repita nada de lo que pasó con mi hijo.

¿Usted considera que la presencia de la rectora Castillo en el colegio es perpetuar la discriminación de la que fue víctima su hijo?

Lo que yo he visto es que esto sigue pasando en los colegios. Esta discriminación le sigue pasando a las niñas y niños de todo el país. Y lamentablemente la segunda causa de mortalidad en jóvenes en todo el mundo sigue siendo el suicido, muchos de ellos por discriminación.

¿Cuál fue el rol de la rectora en el episodio de su hijo?

Ella fue la coautora directa de todos los hechos de violencia causados hacia mi hijo. Ella fue la que ordenó a los padres de Danilo (la pareja de Sergio) a que colocaran esa supuesta denuncia contra mi hijo por acoso sexual. Ella les dijo que, si no la presentaban, no lo dejaban a su hijo terminar el colegio. Danilo, en la audiencia, fue muy claro con eso: “Jamás fui acosado por Sergio porque nosotros teníamos una relación consentida”. Ella fue la que organizó todo en el colegio, y ella misma me lo dijo, para que a mi hijo le pidieran certificados psicológicos mensuales para poder entrar a clase. Aun cuando los presentaba, no lo dejaba entrar a clase. Simplemente era una madre cabeza de hogar que tenía que trabajar. Lo que ella quería era prender una hoguera con mi hijo en ella.

¿La rectora sigue vinculada al colegio?

Es la dueña. Me consta que todavía atiende el colegio porque ahora, a través de la fundación, he recibido quejas de papás que han caído en esta institución y me cuentan que ella está ahí.

Lo que usted ha relatado es que ellas fueron las responsables de un ataque sistemático en contra de su hijo por su orientación sexual. Lo ridiculizaron, lo expusieron y terminó causando su depresión...

Ni siquiera depresión. Medicina Legal le hizo a Sergio una autopsia psicológica que mostró que, hasta el final, se quiso defender. Él nunca se mostró deprimido. Al final solo estaba triste, pero no deprimido, porque le tuve que decir que lo tenía que retirar del colegio, faltando cuatro meses para graduarse. Sin embargo, Sergio tuvo el puntaje del ICFES más alto del colegio y ocupó el décimo lugar entre 1.000 estudiantes a nivel nacional. Presentó el examen un día antes de suicidarse. A Sergio se le burlaron en la cara y se suicidó como un acto político de rechazo. Pero hoy, como hace siete años, en la justicia le vuelven a fallar a Sergio.

Cuando usted hace toda esta cronología de situaciones tan difíciles y dolorosas, y le agrega el hecho de la que la justicia haya permitido todas esas dilaciones, ¿Qué le queda de todo este proceso?

Creo que el sistema está dejando un ejemplo deplorable para las personas que son discriminadas. Es como decirles: “Tranquilos, que aquí nada pasa. Las leyes no funcionan”. Todo esto es una burla para las víctimas, yo me siento burlada en este momento. Creo que mi tarea, y la de mi fundación, es seguir adelante, dar buen ejemplo y darles a conocer a todos los jóvenes las herramientas legales que existen para defenderse de la discriminación. Tenemos que implementar la sentencia de Sergio (la de la Corte Constitucional) y proteger a todos los niños y niñas de Colombia.

¿Qué le diría a la rectora Amanda Azucena Castillo?

Esto es más una apreciación personal, pues no tengo palabras para describir lo que puede hacer una persona como ella. Nunca entenderé su corazón. Cada uno sabrá sobre su actuar. Cada persona se lleva hasta el final de su vida lo que ha hecho. La condena no es esta. La condena va por dentro. No sé qué tipo de ser humano puede ser ella en este momento. Cuando una persona toma decisiones que terminaron llevando a un joven al suicidio, eso se lo lleva hasta la tumba. Eso lo lleva por siempre en el corazón. Es algo imborrable.

¿Qué les diría a la Fiscalía, a los jueces y a todos los funcionarios que conocieron el caso de Sergio Urrego?

Que por favor hagan las cosas de manera clara y transparente. Que tengan en cuenta que las personas que tienen en frente son víctimas y que son personas que sufren cada audiencia. Que no permitan más injusticias ni este tipo de dilaciones. Y también que implementen lo que la ley dice, porque es clara. Para mí, el juez habría podido compulsar copias en contra de esos abogados, o hubiera podido decir que no permitía más esas dilaciones y ordenaba ponerle a la rectora un abogado de oficio. Pero nada de eso sucedió. No puede ser que la injusticia venga de la misma justicia colombiana. Eso no puede continuar.

¿Usted cree que todas las personas que permitieron y participaron de estas dilaciones debería ser investigadas?

Sí. Debería haber una investigación para saber qué pasó y por qué se permitieron tantas cosas en el caso de Sergio. No me quiero imaginar qué fue lo que ocasionó realmente todos estos retrasos, pero sí creo que hubo algo turbio. Voy a ir hasta el final de esto y si me tengo que ir hasta la Corte Interamericana de Derechos Humanos, me voy a ir a la Corte.

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