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"Trapero": las mentiras sobre la desaparición de un agente del DAS

Orlando Monroy Rivera, exfuncionario de ese organismo, fue desaparecido una semana antes del crimen de Luis Carlos Galán. Detrás de este crimen hay una enrevesada historia en la que está involucrado otro exdetective de la misma entidad.

Redacción Judicial

22 de diciembre de 2019 - 08:00 p. m.
El DAS fue liquidado en 2011, después de un gran escándalo por interceptaciones ilegales. / AP
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El 18 de agosto de 1989, Luis Carlos Galán fue asesinado en la plaza central de Soacha. En su crimen participaron paramilitares del Magdalena Medio, hombres del cartel de Medellín y agentes del Estado, según ha determinado la justicia. Detrás de ese magnicidio hay una historia poco conocida: una semana antes, un exfuncionario del DAS fue desaparecido. Se trata de Orlando Monroy Rivera, a quien llamaban Trapero por su pelo largo, que era parte de la División de Protección de la entidad. Trapero reveló datos del atentado en contra de Galán y, hasta hoy, no se conoce su paradero. Por su desapariciónfue condenado un colega suyo del DAS y otros dos están bajo investigación.

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El 10 de agosto de 1989, Orlando Monroy Rivera fue citado por Enith Plata, también del DAS, a su vivienda cerca de la avenida las Américas, centro-occidente de Bogotá. Faltando unas cuadras para llegar, el funcionario fue interceptado por un taxi negro y una camioneta Toyota. Del carro se bajaron unos hombres armados que sacaron a Monroy del carro agarrado del pelo y se lo llevaron. Plata avisó a Bertha Rodríguez, compañera sentimental de Trapero, sobre el plagio. Rodríguez puso de inmediato la denuncia de la desaparición de su pareja, pero de su paradero no se supo nunca y por más 20 años su caso no se movió un ápice.

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En 2014, a la investigación llegó el testimonio de Héctor Ernesto Muñoz, exfuncionario del DAS conocido como la Bruja. En declaraciones a la Fiscalía en 2014, este aseguró que Trapero fue su amigo y que en reiteradas ocasiones le contó que se iba del país, por lo que llegó a sacar la visa estadounidense. Asimismo, lo señaló de haber pertenecido a la organización del Mexicano (reclutado, dijo, por Alberto Vargas Vera) y de haber participado en varias de las acciones violentas que opacaron el año de 1989, como el magnicidio de Galán y las bombas al DAS y a El Espectador. Por estas revelaciones, la Fiscalía y la Procuraduría lo consideraron clave para esclarecer el crimen del líder del Nuevo Liberalismo.

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Muñoz declaró que el general (r) Miguel Maza Márquez delegó a Monroy Rivera en el esquema de seguridad de Bernardo Jaramillo Ossa para hacer inteligencia a la Unión Patriótica. En medio de esta labor, Monroy Rivera le habría comentado que iban a atentar contra el dirigente político e incluso le habría mostrado la bomba con la que se iban a hacerlo; Muñoz aseguró que salvó a Jaramillo al advertirle a un superior sobre el acto terrorista. Luego, Muñoz fue trasladado a Ibagué. Allí, a principios de 1989, habría llegado Monroy Rivera para contarle que él y hombres del grupo élite de Maza Márquez, bajo órdenes de Rodríguez Gacha, participaron de la masacre en que murió Gilberto Molina, conocido como el Zar de las esmeraldas.

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Muñoz relató que las visitas de Monroy Rivera se hicieron más recurrentes para contarle de sus supuestas gestas en el mundo de la mafia. Muñoz, contó él mismo, le dijo que no lo visitara más, pero Monroy Rivera habría hecho caso omiso y en uno de sus viajes a la capital de Tolima le reveló que tenía una “chiva mundial”: iban a matar a Luis Carlos Galán. Desde entonces, aseguró Muñoz a la Fiscalía, Muñoz, Monroy Rivera lo llamó como en una especie de cuenta regresiva y le dio detalles del crimen. Muñoz señaló que lo denunció ante sus superiores, pero nadie le hizo caso.

Héctor Ernesto Muñoz aseguró que las llamadas siguieron incluso después del 10 de agosto, fecha en que Monroy Rivera fue desaparecido. En su testimonio incluyó que, ocho días después del magnicidio de Galán, recibió otra llamada de su compañero, en la que “alardeaba su poder”, para decirle que Rodríguez Gacha lo iba a sacar del país porque la situación estaba caliente. Luego, el desaparecido agente lo habría llamado para comentarle que fue él quien robó el bus usado para poner la bomba al DAS. Sin embargo, fuera de Muñoz, nadie había reportado contacto con Monroy Rivera después del 10 de agosto de 1989, fecha en la que no se supo más de él.

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Testigo y acusado a la vez

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La información revelada por Muñoz fue considerada clave para la Fiscalía en el caso Galán. Y al tiempo, paradójicamente, este organismo terminó abriéndole investigación en 2015 como el máximo sospechoso de la desaparición forzada de Orlando Monroy Rivera. Para el Juzgado 50 Penal del Circuito, en donde se surtió el juicio contra Muñoz, las declaraciones de este exagente del DAS no eran creíbles, pues solo trataban de involucrar a su antiguo colega con la mayor cantidad de crímenes posibles, sin tener siquiera una relación de tiempo y lugar con las supuestas revelaciones. Además, varios de los mencionados en su testimonio lo desmintieron.

Es el caso del superior al que Muñoz supuestamente le informó que iban a atentar contra Jaramillo Ossa y Galán. El funcionario lo negó y aseguró que, sin duda, recordaría un dato de esa naturaleza. El Juzgado también le dio mayor credibilidad al testimonio de Alberto Vargas Vera, quien fue señalado por Muñoz de ser enlace de Monroy Rivera con el capo el Mexicano. Vargas Vera aseguró que conoció a Monroy Rivera y a Muñoz porque le brindaron protección a raíz de unas amenazas del Eln y explicó que solo tuvo contacto directo con el Mexicano para venderle un tractor, nada más.

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También en el proceso se tuvieron en cuenta dos testigos que obtuvieron información relevante para el caso. El primero es Jairo Lozada, un hombre que era de la gente de El Mexicano y entró a trabajar al DAS gracias al programa de protección de testigos. Este señaló que, en el momento en que entró al DAS, le ofrecieron matar a alguien por plata y que, al rehusarse, le dijeron: “(Que) no le vaya a pasar lo de Trapero, que lo desaparecieron por sapo”. Tras esa amenaza, Lozada habría indagado la razón de la desaparición de Monroy Rivera para encontrarse que con este, al parecer, había hecho malos comentarios contra Miguel Maza Márquez y “era sabedor de lo que le iba a pasar al doctor Galán”. Además, le comentaron que Murillo había sido quemado en las ladrilleras del sur para borrar cualquier rastro de él.

El segundo testimonio fue el del coronel en retiro Homero Rodríguez García. Este le reveló al Juzgado que una vez subió a la oficina del coronel Manuel González Henríquez, exjefe de protección del DAS y condenado por el asesinato de Galán, para entregarle un informe y escuchó una conversación entre el alto funcionario y una persona de la que no pudo saber su identidad ya que estaba de espaldas. En el diálogo, Rodríguez escuchó que el coronel Manuel González Henríquez daba la siguiente orden: “Hay que borrar toda información y todo lo que tenga que ver con Trapero, no debe quedar ningún rastro”.

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Aunque la defensa de Héctor Ernesto Muñoz señaló que no existían testigos que lo vincularan como autor material directo de la desaparición, para el juzgado fue más que claro que él, como agente del DAS, fue parte de una organización permeada por el narcotráfico que buscó ocultar ese hecho cometiendo otros delitos, como desaparecer a Monroy Rivera. De igual manera, para el juzgado, Muñoz aprovechó su cargo para mentir sobre la víctima, dando pistas falsas de su paradero y señalándolo como autor “de los diferentes atentados contra la institución, al igual que otras personalidades reconocidas de la política”. El único fin de estas acciones era desviar las indagaciones y poner un manto de duda sobre el agente.

Así las cosas, la justicia encontró culpable a Héctor Ernesto Muñoz y lo condenó a 20 años de prisión por desaparición forzada. Aunque el testimonio de Muñoz fue para la Fiscalía y la Procuraduría prueba determinante en contra del general (r) Maza Márquez en el proceso del asesinato de Galán (fue condenado a 30 años de prisión), la Corte Suprema, en su fallo en contra del exdirector del DAS, no le dio credibilidad por ser un testigo de oídas, por no tener precisión en los datos o circunstancias y por ser rebatido por otros testigos. Y así termina por ahora esta historia: Muñoz fue condenado en 2018, pero los detalles de ese fallo eran desconocidos. Su sentencia, sin embargo, de nada sirvió para conocer la suerte que corrió Orlando Monroy Rivera.

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Por Redacción Judicial

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