El aumento del salario mínimo para 2026 fue recibido por las tropas de las Fuerzas Militares entre gritos y bailes de felicidad. Se trató de una medida que favoreció a 161.000 soldados profesionales y quienes prestan el servicio militar, pero trajo a cuestas un problema que, al menos por ahora, tiene un panorama incierto porque las cuentas no dan. En concreto, el lío está en que, con el incremento del 23 % al pago mensual de los trabajadores, las Fuerzas Militares necesitan más dinero para cumplir con esa orden y, como si fuera poco, también deben hacer una reingeniería de los sueldos de sus suboficiales para que la escala salarial tenga sentido y, hasta en esos números, puedan mantener la cadena de mando.
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En palabras sencillas: las Fuerzas Militares necesitan más dinero, no solo para ajustar el salario de quienes ganan el salario mínimo, sino para que, un uniformado que apenas comienza su carrera militar no gane más que su superior. En la práctica, los números están así: en 2025, un soldado recibía un salario base de COP 1.423.500. Con el aumento ordenado por el presidente Petro, ese pago pasó a COP 1.750.000. En el caso de los soldados profesionales, que devengan 1,4 salarios mínimos, su sueldo quedó en COP 2.450.000. Se trata, en todo caso, de cifras base que aumentan cuando contraen matrimonio o tienen hijos. Por eso, en muchos casos, se habla de que sus salarios pueden ser de hasta COP 5.700.000.
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El salario de este año para los oficiales y suboficiales está sujeto a un aumento calculado con base en el Índice de Precios al Consumidor (IPC), el indicador de inflación que decide el Banco de la República. Esa brecha entre el aumento del salario mínimo y la fórmula con la que se aumenta el pago de los demás uniformados, llevó a una distorsión inédita dentro de las Fuerzas Miliatres: soldados recién graduados pasaron a ganar más que cabos terceros y, en algunos casos, que sargentos con más de una década de servicio. El malestar se hizo visible. A través de denuncias, suboficiales expresaron su inconformidad con la falta de proporcionalidad frente a su rango, antigüedad y responsabilidad.
Entre cálculos que no dan y los “peros” de los uniformados, la situación obligó a la cúpula de las Fuerzas Militares a reunirse en mesas técnicas para analizar las medidas y corregir la distorsión salarial. Especialmente, en los grados de cabos y sargentos segundos, que reciben salarios bases que no superan los COP 2.300.000. Por ahora, las sumas y restas que han hecho han arrojado una cifra preliminar: COP 700.000 millones para ajustar, no solo la orden presidencial del aumento del salario mínimo, sino para recalibrar la escala salarial de los suboficiales. Una cifra que, aunque podría no ser muy alta, sí representa un dolor de cabeza para un gobierno que está en crisis fiscal.
En entrevista con El Espectador, el comandante de las Fuerzas Militares, el general Hugo Alejandro López, destacó de manera positiva el aumento salarial a los soldados, pero aceptó que el decreto impactó “negativamente al suboficial de los grados subalternos”. El alto oficial explicó que desde las mesas técnicas, por intermedio del Ministerio de Defensa, “estamos presentándole al Ministerio de Hacienda un aumento que permita restablecer la escala salarial a los suboficiales que tienen una responsabilidad de mando, jurídica y administrativa mayor. Eso nos permitiría mantener el beneficio salarial del soldado, que es muy bueno, y también el beneficio de nuestros suboficiales”.
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Aunque la cifra exacta de cuánto comenzaría a ganar un suboficial no ha sido revelada por las FF. MM. hasta que no haya una aprobación del Ministerio de Defensa, se espera que los ajustes se vean reflejados en la liquidación de este marzo. Así lo aseguró el jefe de la cartera, Pedro Sánchez, al indicar que el Gobierno ya adelantaba conversaciones con el Ministerio de Hacienda antes de que las denuncias por el tema se hicieran públicas. De acuerdo con el funcionario, la prioridad será corregir la brecha en la base de la pirámide salarial, hasta el grado de sargento segundo y, así, garantizar que la escala vuelva a su lógica jerárquica, de modo que un cabo tercero vuelva a ganar más que un soldado profesional.
En esa misma línea, el jefe de la cartera de Defensa aclaró que esta nivelación salarial que se discute en las mesas técnicas no se aplicará de manera generalizada en toda la institución. El funcionario fue enfático en señalar que los ajustes no cobijarán a los altos mandos, como tenientes coroneles y generales, que ganan entre los COP 5.510.000 a COP 10.000.000, cuyas remuneraciones continúan reguladas por el incremento del IPC. En entrevista con Caracol Radio, el ministro Sánchez señaló que los ajustes salariales tienen que medirse “con responsabilidad, porque si se aumenta un grado, puede quedar ganando más que el siguiente, y eso se vuelve inmanejable”.
El comandante de la Fuerzas Militares agregó que, inicialmente, la institución tiene el presupuesto para cumplir el nuevo salario de los soldados, pero los recursos para financiar el aumento de los suboficiales es lo que está en veremos. “Desde el primer momento en que el presidente lanzó el aumento del salario mínimo, iniciamos una serie de balances financieros para incrementar constantemente el 23 % que corresponde para todos los trabajadores en el año 2026”, aseguró el general López. Asimismo, el alto oficial también admitió que aunque en el interior de las Fuerzas hay “algunas inconformidades” por las brechas salariales, “se le ha explicado al personal de oficiales y suboficiales que estamos trabajando en la situación”.
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A la espera de acuerdos definitivos con el Ministerio de Hacienda, el aumento del salario mínimo ya generó un efecto inmediato en la calidad de vida de miles de soldados, pero también deja en evidencia una falla estructural en la escala salarial de la institución. Mientras el Gobierno y el sector Defensa buscan una salida técnica y financieramente sostenible, se mantiene la incertidumbre entre los suboficiales de grados subalternos, cuyo aumento depende de que el Ejecutivo apruebe COP 700.000 millones para cerrar la brecha que originó el aumento del salario. Todo, en un contexto de crisis fiscal y la suspensión de la emergencia económica que era la esperanza del gobierno para ajustar sus cuentas.
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