“Ya no puedo decir: ‘Ahorita voy a mi casa’, porque no puedo volver. Ya no tengo casa”. Así describe Diana Sofía Quintero Cárdenas, una joven en Manizales de 19 años, cómo es su vida ahora, luego del terremoto de 7,4 de magnitud que sacudió al país el pasado 10 de agosto. Como ella hay al menos 2.000 personas más que se quedaron sin techo en la capital de Caldas.
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Su hermana, Sara Quintero Cárdenas, cuenta que el lugar donde vivían, ubicado en el edificio El Mirador, en el barrio Milán, quedó inhabitable. “Todas las paredes se rompieron. Los marcos de las puertas —donde se supone que uno debe ubicarse— se destruyeron. También pienso en que, si Sofía no hubiera salido, habría quedado debajo de los ladrillos y los pedazos de pared que cayeron sobre su cama”, narró a este diario.
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“Mentalmente, uno se pregunta: ‘¿Cómo puedo seguir con mi vida después de lo que pasó? ¿Cómo puedo volver al trabajo o a la universidad sin pensar en todo esto?’. También impacta ver la ciudad: caminar por donde uno siempre lo hacía, ver edificios destruidos y en ruinas”, aseguró Sofía Quintero.
Sin embargo, la joven y su hermana destacan que, pese a su tristeza, dan gracias a personas valientes como Julián Andrés Giraldo Valencia, el portero del edificio que antes fue su hogar: “En el edificio viven, sobre todo, pensionados y personas mayores. Julián cargaba en sus hombros a las señoras que decían que no querían salir y las sacó del edificio. Creo que gracias a personas como él no hubo heridos ni pasó a mayores”.
Julián Giraldo, de 42 años, lleva 17 trabajando en el edificio, lugar que considera su segundo hogar. Cuando comenzó el terremoto, el portero cuenta que lo primero que hizo fue abrir por completo las puertas del conjunto para permitir que todos pudieran salir.
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Luego, recorrió los pisos para ayudar a los residentes: “Me fui subiendo a los pisos sin importarme lo que pasara, y empecé a ver gente que estaba con muchos nervios, con mucho miedo. Había una señora de mucha edad y lo primero que hice fue cargarla en mi espalda y bajarla”. En total, el hombre rescató a tres mujeres de entre 60 y 80 años, a quienes recuerda con cariño: doña Rosalba, Amparo y Carola.
Sin embargo, cuenta que lo más difícil para él fue ver a las personas esperando para saber qué de su vida quedaba en pie. “Ya los tenía a todos afuera. Al rato, todo el mundo quería ir por sus pertenencias, pero todo estaba muy peligroso. Entonces, fui mirando con la Policía y los bomberos, y me dijeron que ellos solo podían sacar la ropita y nada más”.
Tras el terremoto, Giraldo sigue, al pie del cañón, cuidando el edificio: “Yo he estado en las evaluaciones de los ingenieros. Lo que es lo estructural está mal: los bloques, paredes y el revoque. Se está evaluando a ver qué decisión se toma para el edificio, porque está muy, muy fracturado por todos lados”.
Tras el fuerte sismo, que tuvo como epicentro San José del Palmar (Chocó), la capital caldense sigue con graves afectaciones. Las calles del centro histórico de la ciudad están repletas de cintas con las que se advierte sobre el peligro, lo que hace casi imposible que los pobladores transiten por ellas.
Sus viviendas y algunas edificaciones, varias con cientos de años de antigüedad, presentan grietas y, a simple vista, parecen inestables. Hasta el momento, la Asociación Colombiana de Ciudades Capitales (Asocapitales) reporta un total de 17 edificios destruidos, 19 edificaciones parcialmente colapsadas, 23 viviendas en ruinas y 24 colegios con afectaciones críticas.
A esto se suman cinco personas fallecidas: dos mujeres y tres hombres, y cerca de 2.000 damnificados. Entre los afectados está la Fundación Lazos de Amor, que aún busca un lugar que pueda arrendar o donde puedan recibir a 16 adultos mayores que se quedaron sin un hogar seguro.
La primera sede de la fundación, ubicada en el centro de la ciudad, se encuentra rodeada por dos edificios parcialmente colapsados, por lo que, hasta el momento, la única solución que han encontrado es dejar a los adultos mayores durmiendo en la sala, a la espera de que no ocurra otra réplica. Aunque en la ciudad reina la tranquilidad, la emergencia aún no da registros de tregua.
Manizales le lleva la delantera a otras zonas del país afectadas por el terremoto. Las autoridades ya reportaron que no hay personas atrapadas en las edificaciones que se fueron al suelo, por lo que las labores se centran ya en recoger escombros, evaluar la estabilidad de las estructuras y empezar la reconstrucción de la ciudad.
En medio de esas labores, el presidente Abelardo de la Espriella visitó este martes las zonas más afectadas de la capital caldense y anunció que el gobierno asumirá, durante tres meses, el pago de los servicios públicos de las personas afectadas.
El alcalde de Manizales, Jorge Eduardo Rojas, también estuvo recorriendo la ciudad y se reunió con varias familias que no han podido regresar a sus hogares. Les explicó que esperaba la autorización para demoler los edificios y las casas por completo. Quienes lo perdieron todo le preguntaron si podían entrar para rescatar algunas pertenencias, pero el riesgo de colapso es demasiado alto.
Esta escena se repite en cada cuadra. Una pérdida que tiene doble significado: no solo material, sino también los recuerdos en álbumes familiares, libros subrayados, fotografías, ropa y pequeños objeto. Las casas podrán levantarse de nuevo, pero los recuerdos que la demolición sepulte, no. Por ahora, Julián Andrés Giraldo Valencia sigue custodiando su edificio y todos los recuerdos que alberga.
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