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Si hay una planta famosa, además de la monstera y la lengua de suegra, es el filodendro. Entre sus variedades están la Pink Princess, el gloriosum, el rugosum y el Birkin, cada uno con hojas de formas, tamaños y colores particulares. Pero no hace falta conocerlos por sus nombres: los hay trepadores, de hojas grandes o pequeñas, y opciones que se adaptan tanto a un jardín vertical como a una matera.
Pero, más allá de sus variedades, hay algo que muchos aficionados a estas plantas buscan: conseguir que sus hojas crezcan grandes y, en algunas especies, desarrollen formas y texturas que las hacen tan llamativas. Para lograrlo, no basta con esperar a que pase el tiempo. La luz, el riego, los nutrientes y el soporte pueden marcar la diferencia. ¿Cómo hacer crecer un filodendro y favorecer el desarrollo de sus hojas y flores?
Luz y clima
Los filodendros crecen de forma natural en los bosques tropicales de América Central y del Sur, donde muchas especies reciben luz filtrada por las copas de los árboles. Por eso, lo ideal es ubicarlos cerca de una ventana bien iluminada, pero protegidos del sol directo, que puede quemar sus hojas.
¿Cómo identificar si recibe la luz adecuada? Según la Universidad de Iowa, observe las sombras que se forman cerca de la planta: si son suaves y difusas, probablemente recibe luz indirecta; si son muy definidas y oscuras, puede estar expuesta al sol directo. También puede fijarse en sus hojas: si las nuevas crecen pequeñas o los tallos se alargan demasiado en busca de luz, quizá necesite un lugar más iluminado. En cambio, si aparecen manchas marrones o zonas quemadas, conviene alejarla del sol directo.
Estas plantas se adaptan bien a las temperaturas habituales del hogar, entre los 18 y los 27 °C. Aunque prefieren ambientes húmedos, pueden tolerar la humedad relativamente baja de los espacios interiores. Para favorecer su crecimiento, puede agruparlas con otras plantas o utilizar un humidificador, especialmente si el ambiente es seco.
Riego y abonado
Los filodendros necesitan un sustrato ligeramente húmedo, pero no toleran bien el exceso de agua. Esto es algo que debe considerar antes de tener uno. Nuestro consejo es que toque la tierra con los dedos antes de regar: si los primeros centímetros están secos, es momento de hacerlo. La frecuencia dependerá del tamaño de la planta, la temperatura y la humedad del ambiente, por lo que es mejor comprobar el estado del sustrato que seguir un calendario fijo.
Riegue hasta humedecer bien la tierra y asegúrese de que la maceta tenga orificios de drenaje para que el agua sobrante pueda salir. No deje agua acumulada en el plato, pues el encharcamiento favorece la pudrición de las raíces.
Durante la temporada de crecimiento o antes de la floración, aplique un fertilizante equilibrado para plantas verdes de interior, siguiendo las indicaciones del fabricante. Esto ayuda a mantener el follaje y favorece el desarrollo de hojas nuevas. En los meses de menor crecimiento, reduzca la frecuencia del abonado o suspéndalo si la planta deja de producir hojas. Evite aplicar más fertilizante del recomendado, ya que el exceso de sales puede dañar las raíces.
Use un tutor y dele una buena poda
El desarrollo de hojas grandes depende de la variedad de filodendro que tenga en casa y de las condiciones en las que crezca. Las especies trepadoras, por ejemplo, agradecen un soporte que les permita desarrollarse hacia arriba, como un tutor de musgo o una vara de madera. Puede sujetar los tallos con ataduras suaves, sin apretarlos, y mantener el musgo ligeramente húmedo para facilitar que las raíces aéreas se adhieran. En algunas de estas especies, trepar favorece el desarrollo de hojas más grandes a medida que la planta madura.
¿Y qué pasa con los filodendros que no trepan? En las variedades de crecimiento compacto, como el Philodendron gloriosum, que se desarrolla de forma rastrera, lo importante es respetar su hábito de crecimiento y darle espacio suficiente para extender sus hojas.
La poda también debe responder a las necesidades de la planta: retire las hojas amarillas, secas o dañadas y los tallos enfermos con herramientas limpias. Evite cortar hojas sanas con la intención de hacer crecer las demás, pues la poda no aumenta por sí sola su tamaño.
Si los tallos crecen demasiado, se alargan en exceso o la planta pierde su forma, puede podarla preferiblemente al comienzo de la temporada de crecimiento. Utilice tijeras limpias y afiladas, y haga los cortes justo por encima de un nudo, el punto del tallo del que nacen las hojas y pueden desarrollarse nuevos brotes. La poda también permite controlar el tamaño y mantener una apariencia más compacta.
No todos los filodendros necesitan tutor o poda frecuente. Las especies de crecimiento compacto suelen desarrollarse sin soporte, mientras que las trepadoras y rastreras pueden necesitar intervenciones para orientar sus tallos y controlar su extensión.
Por último, la limpieza de hojas y ojo cuando la manipule
Por el tamaño de las hojas de muchas especies de filodendro, es recomendable limpiarlas periódicamente con un paño suave y húmedo para retirar el polvo acumulado. Esto permite que reciban mejor la luz que necesitan para la fotosíntesis. Evite utilizar productos abrillantadores que puedan dejar residuos sobre la superficie.
Sin embargo, antes de ubicar esta planta en casa, tenga en cuenta que sus hojas y tallos contienen cristales de oxalato de calcio, sustancias que pueden causar irritación y dolor si se mastican o ingieren. Por eso, si tiene niños pequeños o mascotas, especialmente gatos y perros, procure mantener el filodendro fuera de su alcance.
Aunque el filodendro se ha asociado con la capacidad de filtrar ciertos contaminantes del aire en condiciones controladas, esto no significa que tenerlo en casa garantice una mejor calidad del aire. Su principal atractivo sigue siendo ornamental, por lo que conviene conocer sus cuidados y precauciones antes de incorporarlo a sus espacios.
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