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Cómo producir sus propias semillas orgánicas: guía paso a paso

Guardar semillas no es simplemente ponerlas en un frasco. Cómo se recolecten, sequen, identifiquen y almacenen dependerá de que sigan vivas y puedan germinar en la próxima siembra.

La Huerta y Leidy Barbosa Ramírez

03 de septiembre de 2026 - 01:00 p. m.
¿Necesita semillas para su huerta? el Jardín Botánico de Bogotá le ayuda.
Foto: Richard Alberto León Muñoz
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Piense en una semilla. Es pequeña, pero dentro de ella comienza todo: una nueva planta, un alimento y, en muchos casos, una historia que ha pasado de generación en generación. Las semillas están presentes en nuestra alimentación desde el inicio hasta el final, ya sea porque dan origen a los cultivos que llegan a nuestra mesa o porque se convierten en ingredientes que complementan diferentes preparaciones.

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Pero ¿se ha puesto a pensar realmente en su valor? Más allá de los nutrientes y de la posibilidad de dar vida a una nueva planta, también guarda saberes, tradiciones y parte de nuestra diversidad natural.

Y precisamente porque conocer su valor también implica aprender a cuidarlas y conservarlas, en esta guía le contamos todo lo que debe saber de una semilla y cómo, paso a paso, producir algunas y prepararlas para una nueva siembra.

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¿Por qué guardar sus propias semillas?

Ángela María Zuluaga, custodia de semillas y líder en la reserva y Jardín Botánico Semillas Nido de Águila, lo resume de una manera particular: guardar semillas es conservar la biodiversidad, la cultura, la memoria y la alimentación. Esto se debe a que cada variedad posee características que le permiten adaptarse a las condiciones de un territorio, como determinados suelos y climas, así como responder ante plagas y enfermedades.

“Mantener esa diversidad, por tanto, permite contar con distintas variedades y características genéticas que pueden ayudar a los sistemas de cultivo a responder mejor a cambios ambientales”, dice Zuluaga.

El proyecto de Agricultura Urbana y Periurbana del Jardín Botánico de Bogotá también destaca el valor de conservar las semillas criollas y nativas, pues hacen parte de un patrimonio biológico y cultural transmitido durante generaciones. Y es que, además de estar adaptadas a las condiciones locales, estas variedades pueden conservar sabores, colores, aromas y texturas particulares, características que enriquecen la alimentación y hacen parte de la identidad de los territorios.

Detrás de una variedad tradicional hay comunidades que, durante generaciones, han aprendido a reconocerla, seleccionarla, sembrarla, intercambiarla y aprovecharla, y junto con la semilla se transmiten conocimientos sobre cuándo cultivarla, con qué especies asociarla y cómo utilizarla, incluso en preparaciones alimentarias o prácticas medicinales y culturales.

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Por eso, cuando una variedad deja de cultivarse, la pérdida no se limita a una planta. También pueden desaparecer los conocimientos y las prácticas construidos alrededor de ella.

Conservarlas también tiene que ver con la autonomía de quienes cultivan. Contar con semillas propias permite reducir la necesidad de comprarlas para cada nuevo ciclo de siembra y facilita que agricultores y huerteros tengan mayor capacidad de decidir qué cultivar.

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Zuluaga señala que esta autonomía se vuelve especialmente relevante al comparar las semillas nativas con las híbridas. Estas últimas son desarrolladas para obtener características más uniformes en una primera generación, algo que responde a las necesidades de determinados sistemas productivos y del mercado. Sin embargo, al volver a sembrar sus semillas, la siguiente generación no conserva esas mismas características de uniformidad.

Pero la discusión no termina en la capacidad de reproducirlas. Según el Jardín Botánico de Bogotá, algunas pueden recibir tratamientos químicos antes de su comercialización, lo que debe tenerse en cuenta si se pretende guardarlas y reutilizarlas.

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¿Por qué esto es un problema? Esto se debe a que las variedades comerciales desplazan a las semillas criollas y nativas y generan una mayor dependencia de insumos y tecnologías externas. Zuluaga menciona que las semillas comerciales pueden estar vinculadas a un paquete tecnológico que incluye fertilizantes, productos para el manejo de plagas y enfermedades y determinadas prácticas de producción. En sistemas de monocultivo, esta dependencia puede ser todavía mayor y generar incluso erosión en los suelos.

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¿Qué debe considerar para guardar semillas?

Luego de saber su importancia, ahora sí comencemos con la clase técnica. Y es que, antes de guardar semillas, lo primero es saber qué se tiene entre manos y de dónde proviene. Zuluaga, explica que este es el primer aspecto que se debe considerar: identificar si se trata de una variedad nativa, naturalizada, criolla o híbrida y conocer su potencial para ser reproducida.

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Una vez establecido su origen, la selección comienza desde la propia huerta. Pero ¿cómo saber qué planta elegir para obtener las semillas?

El primer paso es observar el cultivo durante todo su ciclo y escoger una planta madre, es decir, aquella de la que se recolectarán las semillas para futuras siembras. Según el proyecto de Agricultura Urbana y Periurbana del Jardín Botánico de Bogotá, esta elección es fundamental, ya que de ella dependerán las características y la calidad de las futuras generaciones.

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Para facilitar la elección, puede tener en cuenta estos criterios:

  • Vigor y buen desarrollo: elija plantas con un crecimiento equilibrado, buen porte y sin señales de estrés.
  • Resistencia natural: prefiera aquellas que hayan tolerado mejor las plagas, enfermedades o condiciones ambientales adversas.
  • Buena producción: seleccione plantas que hayan dado frutos en buena cantidad y con características deseables, como buen tamaño, sabor, color o forma, según el cultivo.
  • Adaptación a la huerta: dé prioridad a las plantas que hayan crecido y producido bien en las condiciones específicas de suelo y clima de su territorio.

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¿Y cómo saber cuáles semillas puede guardar?

No todas las semillas se pueden conservar de la misma manera. Antes de guardarlas, además de comprobar que provengan de una planta sana, es importante saber qué tipo de semilla es y qué condiciones necesita para mantenerse viable.

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El proyecto de Agricultura Urbana y Periurbana del Jardín Botánico de Bogotá explica que existen semillas ortodoxas, que toleran la pérdida de humedad y pueden almacenarse durante periodos prolongados cuando se mantienen en condiciones adecuadas de temperatura y humedad. Entre las especies comunes de una huerta que producen este tipo de semillas están el tomate, fríjol, lechuga, cilantro, zanahoria, ají y pimentón.

También están las semillas recalcitrantes, que no toleran bien la desecación y requieren condiciones de conservación diferentes. Algunos ejemplos son las de aguacate, mango y cacao. En estos casos, intentar secarlas completamente puede afectar su capacidad de germinar.

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Por otra parte, hay plantas que se multiplican principalmente mediante estructuras vegetativas, como tubérculos, rizomas, bulbos o esquejes, en lugar de conservar sus semillas. La papa, por ejemplo, se reproduce mediante tubérculos y la yuca puede propagarse mediante esquejes.

¿Cómo saber qué tipo de semilla tiene?

La forma más sencilla es identificar primero la especie que está cultivando y consultar cómo se conserva. No es necesario determinarlo únicamente por la apariencia de la semilla, ya que esta clasificación depende de las características propias de cada especie.

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Una vez identificado el tipo de semilla, llega el momento de decidir cuáles vale la pena guardar. Para ello, revise estos aspectos:

  • Madurez: recolecte la semilla cuando haya completado su desarrollo. Si se obtiene demasiado pronto, puede no haber alcanzado la madurez fisiológica necesaria para germinar.
  • Pureza: procure que las semillas de diferentes variedades permanezcan separadas para evitar mezclas, especialmente si quiere conservar características particulares de una planta.

Por eso, antes de guardar una semilla, conviene hacerse cinco preguntas: ¿de qué planta proviene?, ¿está madura?, ¿está sana?, ¿qué tipo de semilla es? y ¿qué condiciones necesita para conservarse?

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¿Cómo almacenarlas?

Guardar semillas no consiste simplemente en recogerlas y ponerlas en un frasco. Para que puedan conservarse y germinar en una próxima siembra, es necesario cuidar todo el proceso, desde el momento de la recolección hasta su almacenamiento.

1. Séquelas correctamente

Después de extraerlas, las semillas deben perder el exceso de humedad antes de almacenarse, especialmente cuando se trata de especies ortodoxas. Este proceso ayuda a reducir el riesgo de hongos y otros microorganismos.

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El secado debe hacerse en un lugar fresco, seco, ventilado y protegido de la luz solar directa. Dejarlas bajo el sol intenso o en ambientes húmedos puede deteriorarlas y disminuir su capacidad de germinación.

Una vez secas, deben mantenerse protegidas de la humedad durante el almacenamiento.

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2. Guárdelas en recipientes adecuados

Para las semillas que toleran la desecación, es recomendable utilizar recipientes limpios, secos y bien cerrados, que las protejan de la humedad, el aire y las plagas. Pueden utilizarse frascos de vidrio u otros recipientes apropiados para mantenerlas aisladas del ambiente.

El lugar también importa: deben permanecer protegidas de la luz, el calor y la humedad, ya que estas condiciones pueden acelerar la pérdida de viabilidad.

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No todas las especies, sin embargo, se almacenan de la misma manera. Las semillas recalcitrantes, por ejemplo, no toleran bien la desecación, por lo que requieren otro tipo de manejo.

4. No olvide ponerles nombre

Una semilla guardada sin identificar puede convertirse rápidamente en una semilla perdida.

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Zuluaga, explica que el etiquetado es fundamental porque muchas semillas son pequeñas y pueden tener formas muy similares. Por eso, cada recipiente debería incluir, como mínimo, el nombre de la especie, la fecha y el lugar donde fue recolectada.

Cuando sea posible, también es útil registrar el nombre científico, la variedad y las condiciones del lugar de origen, como la altura sobre el nivel del mar. Esta información resulta especialmente importante cuando las semillas se intercambian, regalan o trasladan a otros territorios.

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Una semilla que ha sido seleccionada y reproducida durante generaciones en determinadas condiciones de suelo, clima y altura puede estar mejor adaptada a ese ambiente. Por eso, conocer su procedencia ayuda a determinar dónde puede cultivarse y qué condiciones necesita.

¿Con qué semillas empezar?

Para quienes apenas comienzan a conservar sus propias semillas, el proyecto de Agricultura Urbana y Periurbana recomienda iniciar con especies que sean relativamente sencillas de manejar, especialmente aquellas de ciclo corto o intermedio y con semillas ortodoxas.

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Sin embargo, Zuluaga propone partir de una pregunta incluso más básica: ¿qué semillas tienen sentido para el territorio donde usted está?

Antes de buscar una variedad, recomienda observar las huertas campesinas, las plazas de mercado, las casas de semillas y los espacios de intercambio o trueque. Allí pueden encontrarse variedades que ya han sido cultivadas y seleccionadas durante generaciones en condiciones similares a las de la huerta.

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Esto es especialmente importante porque no siempre la semilla más comercial o visualmente uniforme es la más adecuada para conservar. Muchas variedades tradicionales presentan formas, tamaños y colores diferentes entre sí, características que hacen parte de su diversidad.

Por eso, para comenzar a custodiar semillas, no basta con preguntarse “¿cuál es la más fácil de guardar?”. También conviene preguntarse: ¿qué se cultiva en mi territorio?, ¿qué variedades están adaptadas a sus condiciones?, ¿qué alimentos hacen parte de la cultura local y qué semillas están desapareciendo?

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El proyecto permitió la construcción de chagras que servirán como un banco comunitario de semillas.
Foto: Minambiente

¿Cómo comprobar si una semilla todavía sirve para sembrar?

Guardar una semilla correctamente es el primer paso para conservarla, pero también es importante saber cuánto tiempo puede mantenerse viable. No todas duran para siempre, el mayor tiempo de guardado debe ser de un año.

Sin embargo, cuando existen dudas sobre su estado, es posible hacer una prueba de germinación. Una de las formas más sencillas consiste en sembrar una pequeña cantidad de semillas en un sustrato ligero o colocarlas en una cámara húmeda y observar cuántas logran germinar. De esta manera se puede calcular el porcentaje de germinación y tener una idea de qué tan viable es el lote antes de utilizarlo en una siembra más grande.

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La evaluación no termina cuando aparece el primer brote. Durante los primeros 20 días es recomendable observar el desarrollo de las plántulas, prestando atención a sus raíces, cotiledones y brotes. Una germinación irregular, raíces débiles o deformaciones pueden ser señales de que las semillas han perdido calidad o presentan algún problema.

☘️🌿 Encuentre en La Huerta toda la información sobre plantas, jardinería, cultivos y siembra. ¿Tiene preguntas sobre sus plantas o quiere compartir su experiencia? Escríbanos a lbarbosa@elespectador.com, queremos leerlo. 🍂🌺🌼

Por Leidy Barbosa Ramírez

Periodista de la Universidad Externado de Colombia, con énfasis en la producción audiovisual y en animación digital. Apasionada por temas medioambientales y sociales.@leidyramirezbLbarbosa@elespectador.com

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