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Si usted tiene una lengua de suegra en casa, seguramente ha visto cómo sus hojas crecen firmes y erguidas con el paso del tiempo. Pero ¿qué pasa cuando, entre esas hojas fuertes, aparecen algunas secas, dañadas o mucho más pequeñas que las demás? ¿Es momento de cortarlas o es mejor dejarlas ahí?
Antes de sacar las tijeras, hay algo que conviene revisar. Podar una lengua de suegra no consiste simplemente en quitar las hojas que se ven feas: la forma y el momento en que se hace pueden influir en la salud y el crecimiento de la planta. Aquí le contamos cuándo conviene hacerlo y cómo evitar dañarla.
¿Cómo podar correctamente una lengua de suegra?
Según el Jardín Botánico de Nueva York, la poda puede ser necesaria cuando presenta hojas muertas, dañadas o tan extendidas y flácidas que ya no logran mantenerse erguidas. Ojo, no es necesario intervenir toda la planta. Lo recomendable es retirar únicamente las partes afectadas, una por una, con una herramienta de corte limpia y esterilizada para reducir el riesgo de introducir microorganismos.
El corte debe hacerse lo más cerca posible de la base, sin afectar las hojas sanas que permanecen en la planta. Además, el Jardín Botánico recomienda no retirar más de una cuarta parte del follaje en una sola poda, ya que la planta necesita conservar suficiente tejido sano.
Después del corte, procure que la zona permanezca seca mientras cicatriza. La parte de la hoja que queda en la base puede marchitarse de manera progresiva, por lo que no es necesario intentar arrancarla inmediatamente. Con el tiempo, cuando la planta produzca nuevos brotes, podrá retirar las partes antiguas que ya estén completamente secas.
Ojo, si la poda se realiza en otra época del año, especialmente cuando la planta entra en su periodo de menor crecimiento, los resultados pueden tardar más. Por eso, después de cortar las hojas, conviene darle tiempo para recuperarse.
¿Se puede reducir el tamaño de una lengua de suegra?
Sí. Si su lengua de suegra ha crecido demasiado, tiene partes viejas o está dañada, también es posible reducir su tamaño mediante la división de la planta. Esto puede hacerse especialmente cuando ha producido una corona nueva y saludable.
La idea es separar las partes más viejas o deterioradas y conservar el centro que se encuentre en mejores condiciones, junto con sus raíces sanas. Después, esta división puede trasladarse a una maceta con orificios de drenaje y de un tamaño acorde con el volumen de raíces que conserva.
Eso sí, trasplantarla y podarla no corrige por sí sola los problemas que hicieron que las hojas crecieran débiles, dañadas o flácidas. Por eso, después de intervenir la planta, es importante revisar sus condiciones de cultivo para favorecer el desarrollo de hojas nuevas y resistentes.
Cuidado con las puntas afiladas
Antes de podar o manipular una lengua de suegra, tenga en cuenta un detalle: cada hoja termina en una punta rígida y afilada. El Jardín Botánico de Nueva York recomienda tratarla con cuidado, ya que si esta punta se rompe, la hoja puede dejar de crecer.
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