Los posos de café —es decir, los restos— suelen asociarse como un recurso de la cocina que puede tener potencial agrícola. Y sí: distintas investigaciones y experiencias han mostrado que, bajo ciertas condiciones, estos residuos pueden comportarse como enmiendas orgánicas utilizadas para mejorar el suelo en donde plantamos.
Según información recopilada por SGA (Sustainable Gardening Australia), la Fundación de Jardinería Sostenible de Australia, los posos de café usados pueden aportar beneficios comparables a los del compost, el estiércol o el humus de lombriz. Entre ellos se encuentran el aporte de nutrientes —especialmente nitrógeno—, el aumento del crecimiento vegetal y una mejora en la capacidad del suelo para retener agua y nutrientes. A esto se suman algunos beneficios sobre la estructura del terreno, la infiltración del agua y la actividad biológica, que son factores que fortalecen la “fuerza” del suelo frente a patógenos y a variaciones “bruscas” de pH.
Desde una perspectiva ecológica...
El uso del café también puede favorecer el microecosistema del jardín. Tal como señala la revista AD (Architectural Digest México y Latinoamérica), los restos de café estimulan la presencia de microorganismos beneficiosos y atraen lombrices, que ayudan en la correcta aireación y oxigenación de la tierra.
Además, a diferencia de los fertilizantes sintéticos (industriales), el café libera sus nutrientes de forma gradual.
Otro aspecto que debemos tener en cuenta, sin duda alguna, es su relación con el pH. De acuerdo con AD, mientras el grano de café sin usar es ácido, los posos que ya han sido infusionados tienden a ser neutros. Esto los vuelve útiles para mantener el equilibrio del suelo o para apoyar el crecimiento de plantas que se desarrollan en condiciones un poco más ácidas.
Pero los beneficios del café como abono no siempre actúan como tales.
El SGA explica que las plantas se adaptan y requieren condiciones específicas. Sus necesidades a nivel nutricional y su preferencias de pH varían dependiendo de cada una.
Por otra parte, la textura del suelo y su capacidad para almacenar y repartir el agua y los nutrientes influyen en la respuesta de las raíces ante cualquier fertilizante. Sí: incluso en el café, a pesar de ser natural.
“Investigaciones recientes realizadas por el Dr. Stephen Livesley y Sarah Hardgrove, de la Universidad de Melbourne, han demostrado que los posos de café frescos (sin compostar), aplicados directamente a los jardines, pueden reducir significativamente el crecimiento y desarrollo de las plantas”, explican.
El problema está, sobre todo, en utilizarlo sin que haya pasado por los procesos de descomposición previos. Por esta razón, se recomienda incorporarlo al compost, en donde los elementos que son potencialmente tóxicos se degradan de manera natural. Además, es mejor “limitar su proporción a un máximo del 20% del volumen total de la mezcla”.
El café fresco, no obstante, puede tener un uso en terrenos en donde se busca reducir el crecimiento de malezas.
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