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Si usted es amante de las plantas, seguramente ha escuchado hablar de epífitas y parásitas. A simple vista, puede parecer que son lo mismo: ambas pueden crecer sobre otras plantas y aprovechar su estructura. Pero hay una diferencia fundamental: una busca apoyo y la otra obtiene recursos de su huésped.
Entonces, ¿cómo saber cuál es cuál? Aunque pueden compartir espacio sobre un mismo árbol, su relación con él es muy distinta.
¿En qué se caracterizan las epífitas?
Según el Jardín Botánico de Medellín, las plantas epífitas son aquellas que crecen sobre otras plantas, principalmente en troncos y ramas, pero sin extraerles nutrientes ni causarles daño. Es decir, utilizan al árbol como soporte, mientras obtienen agua y nutrientes de la lluvia, la humedad del ambiente y la materia orgánica que se acumula sobre sus superficies.
Esta forma de vida es especialmente común en los bosques húmedos, donde las epífitas crecen sobre troncos y ramas, lejos del suelo y de sus fuentes directas de agua y nutrientes. Para adaptarse a estas condiciones, algunas desarrollan estructuras que les permiten captar y almacenar el agua de la lluvia, la humedad del ambiente y los nutrientes que se acumulan sobre los árboles.
Entre las epífitas más conocidas están algunas orquídeas, bromelias, helechos y musgos.
Pero las epífitas no solo encuentran un lugar donde crecer. También cumplen una función dentro del ecosistema: almacenan agua, capturan nutrientes y crean pequeños refugios para insectos, anfibios y otros organismos. Por eso, un árbol puede sostener mucho más que su propia estructura: sobre sus ramas puede desarrollarse todo un pequeño ecosistema.
¿En qué se caracterizan una planta parásita?
Según el Jardín Botánico mencionado, a diferencia de las epífitas, las plantas parásitas sí dependen de otra planta para obtener parte de los recursos que necesitan para vivir. Se adhieren a su huésped y, mediante estructuras especializadas, pueden obtener agua y nutrientes de él.
Estas plantas pueden crecer sobre tallos, ramas o raíces de otras especies. Para aprovechar los recursos de su huésped, desarrollan estructuras especializadas llamadas haustorios, que funcionan como una especie de conexión entre ambas plantas y les permiten obtener agua y nutrientes.
Sin embargo, no todas las plantas parásitas dependen de su huésped de la misma manera. Según el Museo Nacional de Historia Natural en Washington, Estados Unidos, algunas son hemiparásitas: tienen clorofila y pueden producir su propio alimento mediante la fotosíntesis, pero necesitan conectarse a otra planta para obtener agua y sales minerales. Es el caso de muchos muérdagos que crecen sobre las ramas de los árboles.
Otras son holoparásitas y tienen una dependencia mucho mayor. Estas plantas tienen poca o ninguna capacidad para realizar fotosíntesis, por lo que obtienen del huésped gran parte de los recursos que necesitan para crecer y desarrollarse.
La relación tampoco siempre ocurre sobre la parte visible de la planta. Mientras algunas parásitas forman tallos que rodean a su huésped, otras permanecen conectadas a sus raíces o incluso pasan buena parte de su ciclo de vida dentro de los tejidos de otra planta.
Ojo, aunque la palabra “parásita” suele tener una connotación negativa, estas plantas también cumplen funciones dentro de los ecosistemas y forman parte de las relaciones que sostienen la biodiversidad. Sus frutos y tejidos, por ejemplo, pueden alimentar a distintos animales, además, algunas ofrecen refugio y otras establecen relaciones con aves e insectos que ayudan a dispersar sus semillas. De esta manera, también hacen parte de las redes que sostienen la biodiversidad.
¿Cómo diferenciarlas?
A simple vista, no siempre es posible saber si una planta que crece sobre un árbol es epífita o parásita. Ambas pueden encontrarse sobre troncos y ramas, por lo que su ubicación no basta para distinguirlas.
La diferencia está en lo que ocurre debajo de esa apariencia: las epífitas utilizan al árbol como soporte y obtienen sus recursos del ambiente, mientras que las parásitas establecen una conexión con el huésped para obtener de él agua, minerales u otros recursos.
Por eso, si usted encuentra una planta creciendo sobre un árbol de su patio, jardín o parque, no es recomendable asumir que es una planta parásita solo porque está adherida a él. Para determinarlo con seguridad, es necesario identificar la especie y conocer cómo obtiene sus recursos.
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