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¿Ha visto una planta que parece menta, huele fresco y puede darle un toque aromático al jardín, pero que no siempre es fácil de reconocer? Podría tratarse del poleo, una planta aromática nativa de Centroamérica y Sudamérica que, pese a ser poco conocida, ha acompañado durante generaciones las preparaciones tradicionales.
Sus pequeñas hojas y su aroma característico hacen que pueda pasar desapercibida entre otras plantas de la misma familia de la menta. Sin embargo, el poleo tiene una historia de usos tradicionales, especialmente en infusiones, que explica por qué ha sido valorado en diferentes regiones.
¿En qué se caracteriza el poleo?
Según la Florida Wildflower Foundation, el poleo, identificado científicamente como Clinopodium brownei y conocido también como ajedrea de Browne, pertenece a la familia Lamiaceae, la misma de la menta. Esta relación ayuda a explicar una de sus características más reconocibles: su aroma fresco y mentolado, que se hace más evidente cuando se frotan o trituran sus hojas y tallos.
Es una planta perenne de crecimiento rastrero, cuyos tallos tienen una particularidad: si los ve, son cuadrados, no redondos, una característica común entre varias especies de esta familia. Sus hojas crecen enfrentadas entre sí, tienen una forma ligeramente alargada y presentan bordes ondulados o dentados.
Sus flores son pequeñas y pueden variar entre tonos blanco, rosado y lavanda, con algunas flores que muestran tonalidades más oscuras en el interior. Su floración también puede atraer a distintos polinizadores.
El poleo suele encontrarse asociada a lugares húmedos, como orillas de cuerpos de agua dulce, humedales y bosques de zonas inundables. Su aroma y sus características hacen que, además de ser una planta silvestre, tenga usos tradicionales en preparaciones como infusiones y algunos alimentos.
¿Para qué sirve el poleo?
El poleo tiene diferentes usos, tanto en la alimentación como en prácticas tradicionales y en el jardín. Uno de los principales usos está en sus pequeñas flores, que pueden atraer abejas, avispas y mariposas, por lo que contribuye a ofrecer recursos para distintos polinizadores. Además, su crecimiento rastrero puede cubrir parte del suelo y aportar variedad a los espacios donde se cultiva. De esta manera, además de su aroma y sus usos en la cocina, puede cumplir un papel dentro de la biodiversidad del jardín.
Hablando de su lugar en la cocina, el aroma del poleo también tiene un papel importante. En Colombia, esta planta hace parte de diferentes tradiciones culinarias. En la preparación de la morcilla o rellena de muchas ciudades de Boyacá y Cundinamarca, por ejemplo, se utiliza como condimento y suele picarse finamente junto con ingredientes como la cebolla larga y el comino, aportando parte del aroma característico de esta preparación.
En las comunidades del Pacífico colombiano, el poleo también forma parte de las llamadas hierbas de azotea, un conjunto de plantas aromáticas cultivadas tradicionalmente cerca de las viviendas. Allí se emplea fresco para sazonar preparaciones como arroces, guisos, sancochos y platos de pescado o carne.
En cuanto a sus usos tradicionales, el Jardín Botánico de Bogotá registra esta planta dentro de las especies empleadas con fines medicinales. Se le atribuyen usos relacionados con la digestión y el movimiento intestinal, así como con la regulación de la menstruación y la estimulación de la musculatura uterina. Ojo, estos corresponden a usos tradicionales y no deben entenderse como sustituto de un tratamiento profesional.