
Si hay un destino en Colombia que ha logrado sorprender al mundo con sus paisajes, ese es Caño Cristales. Sus aguas, con tonalidades rojas, rosadas, verdes y amarillas, han convertido a este lugar de la Sierra de la Macarena en uno de los escenarios naturales más llamativos del país.
Pero detrás de este espectáculo hay una protagonista que muchas veces pasa desapercibida: una planta acuática. Se trata de Rhyncholasis clavigera, una especie que crece en los afluentes de Caño Cristales y que, gracias a sus características, está detrás de buena parte de los colores que tanto maravillan a quienes visitan este destino.
¿Pero cómo una planta puede darle color a un río? Aquí en La Huerta, que nos encantan las plantas, le contamos.
Características principales de la planta de los siete colores
Cuando se habla de Caño Cristales, uno de los primeros elementos que aparece en las fotografías son sus llamativos tonos rojos, rosados, verdes y amarillos. Y detrás de buena parte de este espectáculo natural está una planta acuática – no un alga-, que se ha hecho famosa junto al río: la Macarenia.
Aunque es conocida popularmente como Macarenia, su nombre científico actual es Rhyncholacis clavigera. Esto se debe a que, aunque durante años la especie fue identificada como Macarenia clavigera, en 2018 su clasificación taxonómica cambió tras un análisis filogenético que demostró que pertenecía al género Rhyncholacis. Sin embargo, este nombre continúa siendo ampliamente utilizado. Sin embargo, el nombre popular continúa siendo ampliamente utilizado. Según explica Natalia Torres, candidata a MSc en Hidrosistemas de la Pontificia Universidad Javeriana, la denominación «Macarenia» quedó asociada a la planta por su presencia y reconocimiento en el paisaje de Caño Cristales.
La especie pertenece a la familia Podostemaceae y crece adherida a las rocas del lecho de los afluentes de Caño Cristales. Es endémica del Escudo Guayanés colombiano, lo que significa que en el mundo solo puede encontrarse en Colombia, principalmente en las serranías de La Macarena y La Lindosa y Caño Saban en el Guaviare.
Además, según el investigador Wilson Rodríguez, director y curador del Herbario Amazónico Colombiano (COAH), recientemente fue encontrada en una corriente del departamento de Guainía.
El misterio detrás de sus colores
Si hay algo que distingue a esta planta, es su capacidad de cambiar de color según las condiciones ambientales. Sus tonalidades no son fijas, sino que responden principalmente a factores como la cantidad de luz que recibe y el nivel del agua que la cubre.
“La planta no elige su color, sino que reacciona a lo que le pasa alrededor”, explica Torres. Cuando recibe radiación solar directa produce antocianinas, unos pigmentos que le dan las tonalidades rojas, rosadas e incluso moradas. En cambio, cuando permanece bajo sombra o completamente sumergida y recibe menos luz, predominan los tonos verdes, azulados, cafés y ocres.
El régimen de lluvias también influye en este proceso. Durante los periodos de mayor precipitación, el nivel del agua en los afluentes puede aumentar, la planta queda más sumergida y recibe menos radiación solar, por lo que predominan las tonalidades verdes. Cuando el caudal disminuye y las plantas quedan más expuestas a la luz, aparecen los tonos rojos y rosados característicos de Caño Cristales.
Esta relación entre el agua y la luz ayuda a explicar los cambios de color que se observan en los afluentes. La Rhyncholacis clavigera puede formar los conocidos tapetes de colores sobre las superficies rocosas, cuya apariencia cambia de acuerdo con las condiciones del ecosistema.
“Eso sí, la coloración también puede ser una señal de su estado. En diciembre de 2022 encontramos sectores de Caño Cristales con tonalidades grisáceas, justo cuando el caudal había disminuido. Esta transformación era un indicador de que la planta estaba atravesando una situación de estrés», explicó Torres.
Pero la relación de la Rhyncholacis clavigera con su entorno funciona en ambos sentidos. No solo es una planta sensible a las condiciones del ecosistema: también hace parte de la dinámica que permite que ese ecosistema funcione. Sus estructuras sirven como hábitat para diferentes macroinvertebrados y diversas especies de peces, que encuentran entre ellas refugio y fuente de alimento.
Según explica Rodríguez, las estructuras de la planta sirven como hábitat para diferentes microinvertebrados, que encuentran entre ellas un lugar para vivir y desarrollarse.
Una planta de la que todavía falta mucho por conocer y con peligros en su ecosistema
La conservación de la Rhyncholacis clavigera también depende de proteger las condiciones del ecosistema donde crece. Según explica Rodríguez, en Caño Cristales la presión turística es uno de los factores que debe manejarse con especial cuidado. El interés de los visitantes por acercarse y observar de cerca sus colores puede llevar a que algunas personas pisen o manipulen las plantas, especialmente en las zonas donde crecen sobre las rocas y sus raíces quedan expuestas, momento en que son más susceptibles a la perturbación.
A esto se suma la posibilidad de que residuos o sustancias provenientes de productos de uso personal lleguen al agua y alteren las condiciones del ecosistema acuático. Aunque pueda parecer que una acción individual tiene poco impacto, la acumulación de estas prácticas puede afectar un ambiente en el que la planta y otros organismos dependen de condiciones muy específicas para desarrollarse.
Por esta razón, Parques Nacionales Naturales establece medidas para reducir el impacto de los visitantes sobre el río y recomienda no pisar ni manipular las zonas donde se encuentra la planta, así como evitar el ingreso al agua en los sectores en los que está presente.
Pero el turismo no es la única preocupación. La variabilidad climática representa también una amenaza real: esta planta depende estrechamente de la dinámica de lluvias y caudales para completar su ciclo de vida, y los cambios proyectados en los regímenes de precipitación y la mayor frecuencia de sequías en la cuenca del Orinoco podrían afectar fases críticas de su desarrollo y reproducción.
Y aunque las amenazas son reales, también hay buenas noticias. Los análisis de calidad del agua realizados en los afluentes de Caño Cristales muestran que el agua sigue siendo muy limpia: pH neutro, baja conductividad y oxígeno disuelto en condiciones óptimas para el desarrollo de ecosistemas acuáticos. La baja conductividad es precisamente una señal de que estos afluentes aún no han sido afectados por contaminación de origen humano. Pero eso también la hace frágil, ya que la Rhyncholacis clavigera solo puede vivir en aguas ultraoligotróficas, es decir, aguas limpias y pobres en nutrientes. Cualquier contaminación que llegue sería un golpe difícil de revertir, explica Torres.
Además, según señala Torres, uno de los hallazgos más preocupantes de la investigación es que la Rhyncholacis clavigera enfrenta competencia de otra especie, la Utricularia neottioides, una planta que también crece adherida a las rocas en corrientes rápidas y que puede confundirse fácilmente con ella. Funcionarios del Parque alertaron sobre su presencia dentro y cerca del área protegida. «Si no sabemos cuál es cuál, tampoco podemos saber qué tan bien o mal le está yendo a la planta que queremos conservar», advierte la investigadora.
Otro de los principales desafíos es que todavía falta información sobre la especie, su ecología y su distribución. «Realmente todavía nos falta mucho muestreo», señala Rodríguez. La situación resulta llamativa si se tiene en cuenta la fama que ha adquirido la planta. «Se creó todo un turismo alrededor de esta especie porque es realmente la que le da colorido a Caño Cristales», explica el investigador. Sin embargo, ese protagonismo no se traduce necesariamente en un conocimiento amplio sobre ella.
Precisamente por esos vacíos de información, la categoría de amenaza de la especie también está siendo revisada. Una evaluación reciente propone considerarla como Casi Amenazada (NT), una actualización respecto a la clasificación anterior de Vulnerable (VU), que no refleja los nuevos registros que han ampliado su distribución conocida. Sin embargo, los investigadores advierten que la ausencia de datos sobre tendencias poblacionales sigue siendo la principal limitación para conocerla mejor y protegerla.
Los vacíos de información también se reflejan en las colecciones científicas. En el Herbario Amazónico Colombiano (COAH) del Instituto SINCHI se conservan ejemplares que permiten documentar y estudiar la especie. Sin embargo, cuando se seca para ser incorporada al herbario, pierde buena parte de su coloración natural. «Cuando se secan, realmente pierden su coloración. Por eso la importancia de que en la ficha vayan las tonalidades cuando está viva», explica Rodríguez.

Recomendaciones especiales
Si usted quiere conocer este paisaje sin afectar la planta, tenga en cuenta estas recomendaciones durante su recorrido:
- No pise la Macarenia: crece adherida a las rocas y el tránsito de personas puede deteriorar sus estructuras.
- No la toque ni la manipule: observarla sin intervenir permite que continúe desarrollándose en su hábitat.
- Respete las zonas delimitadas: siga los recorridos y las indicaciones de los guías y de Parques Nacionales.
- No arroje residuos al río: cualquier desecho puede alterar las condiciones del agua y afectar a los organismos que viven allí.
- Evite usar productos personales antes de entrar al agua: protectores solares, repelentes, cremas, maquillaje y otros productos pueden afectar la calidad del agua.