En Colombia, un país donde la biodiversidad parece inagotable, incluso los símbolos más cotidianos guardan relatos inesperados. Es el caso de una de las monedas más comunes: la antigua moneda de 500 pesos. Aunque miles de personas la usaban a diario, pocos sabían que en ella vive la memoria de un árbol que se convirtió en emblema nacional. Se trata del samán de Guacarí, un gigante que, aun después de desaparecer, siguió contando su historia en cada intercambio.
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¿Qué caracteriza a un samán?
Para entender su importancia en Colombia y por qué terminó siendo símbolo en esta moneda, se deben conocer sus características, y es que el samán, conocido científicamente como Samanea saman, es uno de los árboles más imponentes y reconocibles de las zonas tropicales de América. Según el Jardín Botánico Quinta de San Pedro Alejandrino, se destaca por su gran tamaño y su copa amplia, que puede extenderse como un paraguas natural de hasta 40 metros de diámetro, ofreciendo una sombra densa y fresca.
Su tronco es corto, grueso y de corteza rugosa, mientras que sus hojas, compuestas y bipinnadas, tienen una particularidad llamativa: se pliegan durante la noche o en días nublados, razón por la que también se le conoce como “árbol de la lluvia”.
En época de floración, produce numerosas flores pequeñas de tonos rosados a blancos, con estambres largos y sedosos que le dan un aspecto vistoso. Sus frutos son vainas alargadas de color marrón que contienen una pulpa dulce y pegajosa, muy apreciada por animales y utilizada incluso como alimento para ganado.
Más allá de su apariencia, el samán cumple un papel ecológico clave. Como leguminosa, tiene la capacidad de fijar nitrógeno en el suelo, lo que mejora su fertilidad y favorece el crecimiento de otras plantas. Además, su copa genera un microclima más fresco y húmedo, ayudando a regular la temperatura del entorno.
De crecimiento lento pero extraordinariamente longevo —puede superar el siglo de vida—, el samán se ha consolidado como un símbolo de sombra, encuentro y vida comunitaria en distintas regiones de Colombia, especialmente en zonas rurales y parques del Caribe. No es casual que, como señala el Jardín Botánico Quinta de San Pedro Alejandrino, muchos pueblos conserven un samán en su plaza principal y es que bajo su copa se han tejido mercados, fiestas, matrimonios y conversaciones cotidianas. Por eso también se le conoce como “el árbol que convoca”, un punto de reunión natural donde la vida sucede.
¿Cuál es la historia del árbol que aparece en la moneda de 500?
El árbol que aparece en la moneda de 500 pesos es el samán de Guacarí, un gigante natural que durante décadas fue el orgullo de este municipio del Valle del Cauca. Según una investigación de Fincas Colanta, el árbol tenía unas impresionantes dimensiones: sus ramas se extendían hasta 80 metros y su tronco era tan ancho que, según relatos, se necesitaban hasta nueve personas con los brazos extendidos para rodearlo.
Más que un árbol, era un símbolo. De acuerdo con la Asociación de Numismáticos de Occidente (ASONUDO), su elección no fue casual. En la tradición indígena de la región, algunos árboles eran considerados sagrados, asociados a la diosa Huakar y a la vida que albergaban.
Durante más de siete décadas, su copa cubrió el parque principal José Manuel Saavedra Galindo. Bajo sus ramas se celebraron encuentros, crecieron historias y se tejieron recuerdos que marcaron a generaciones enteras. Su presencia era tan dominante que su follaje, espeso y extendido, llegaba de esquina a esquina, envolviendo el espacio en una sombra continua.
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Pero su historia tuvo un final que aún duele en la memoria del pueblo. El 14 de agosto de 1989, tras varios intentos por salvarlo, el samán se partió y cayó en medio del parque. Su deterioro venía de tiempo atrás: un hongo (desconocido en el momento), sumado a la pudrición interna y factores ambientales, fueron debilitando su estructura hasta hacerlo colapsar. Aunque muchos sabían que estaba enfermo, nada preparó a los habitantes para ese momento.
Según los relatos, el crujido se escuchó en todo el parque. Aunque de inmediato se alertó a los bomberos y hubo intentos por salvarlo, el desenlace fue inevitable: el samán cayó lentamente, como si el tiempo se detuviera, dejando en silencio a quienes habían crecido bajo su sombra.
El impacto fue tal que el alcalde, en acuerdo con el Concejo Municipal, decretó la cancelación de las Fiestas de San Roque y tres días de luto. El parque, antes lleno de vida, quedó en silencio, custodiado por miradas incrédulas. Muchos habitantes recogieron fragmentos de su madera como recuerdo, intentando conservar algo de lo que aquel gigante había significado.
Años después, en 1993, el Banco de la República decidió rendirle homenaje al incluir su imagen en la moneda de 500 pesos, diseñada por el maestro David Manzur. Más que un reconocimiento, fue una forma de preservar su historia y destacar el valor de la naturaleza en la identidad del país. Así, aunque el árbol desapareció físicamente, su memoria seguía viva, pasando de mano en mano en cada rincón de Colombia.
Hoy, ese recuerdo también se conserva en objetos y archivos que aún reposan en el municipio: fotografías, dibujos y piezas elaboradas con su madera, resguardadas por habitantes quienes han asumido la tarea de mantener viva la historia de aquel gigante que alguna vez dio sombra y sentido a todo un pueblo.
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