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La guayaba es uno de esos árboles que parecen fáciles de cultivar: basta con sembrarlo, regarlo y esperar a que con el tiempo dé frutos. Sin embargo, su desarrollo no depende únicamente del agua, el sol o la calidad del suelo. Las plantas que crecen a su alrededor también influyen en su salud, ya sea ayudándolo a aprovechar mejor los nutrientes, atrayendo polinizadores o manteniendo alejadas algunas plagas.
En jardinería, esta estrategia se conoce como asociación de cultivos, una práctica que consiste en sembrar diferentes especies juntas para que se beneficien entre sí. De acuerdo con el Jardín Botánico de Bogotá, esta técnica ayuda a evitar el agotamiento del suelo, mejora las condiciones del cultivo y favorece un equilibrio natural en el jardín.
Por eso, si está pensando en tener una guayaba en casa, también vale la pena conocer cuáles son las mejores plantas para acompañarla.
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Las aromáticas
Las plantas aromáticas y florales no solo aportan color y diversidad al jardín, también ayudan a mantener un equilibrio natural alrededor del guayabo. Algunas atraen abejas y otros insectos benéficos que mejoran la polinización, mientras que otras liberan aromas que confunden o ahuyentan plagas.
Además, al crecer a ras del suelo, aprovechan el espacio sin competir con el árbol por la luz.
- Caléndula: Es una de las mejores compañeras del guayabo. Sus flores atraen abejas y otros polinizadores que favorecen la producción de frutos. Al mismo tiempo, su aroma ayuda a repeler plagas como la mosca blanca y el pulgón.
- Albahaca: Su intenso aroma actúa como un repelente natural contra moscas de la fruta, moscas blancas y otros insectos que pueden atacar el guayabo. Además, como necesita cierta humedad, también se beneficia de la sombra parcial que proyecta el árbol, creando una relación en la que ambas especies salen ganando.
Las que comparten los mismos cuidados
Pero la asociación de cultivos no solo consiste en atraer polinizadores o mantener alejadas las plagas. Como explica el Jardín Botánico de Bogotá, también busca evitar que el suelo se agote y aprovechar mejor sus nutrientes.
Por eso, algunas especies pueden cultivarse juntas porque tienen necesidades similares de agua, luz y tipo de suelo, además de beneficiarse mutuamente durante su crecimiento.
Un buen compañero de la guayaba son los cítricos (limón, naranja o mandarina), pues son excelentes compañeros porque prosperan en condiciones muy parecidas. Prefieren suelos bien drenados, buena exposición al sol y riegos moderados, lo que facilita su manejo en un mismo espacio.
Además, según la Universidad de Florida, esta asociación ofrece varias ventajas:
- No compiten por los nutrientes: Mientras el guayabo desarrolla raíces más superficiales, los cítricos suelen tener raíces más profundas, por lo que aprovechan distintas capas del suelo.
- Aprovechan mejor el espacio: Sus copas tienen formas diferentes, permitiendo que ambos árboles reciban suficiente luz sin hacerse demasiada sombra.
- Se protegen entre sí: El guayabo, al ser un árbol resistente, puede servir como barrera natural contra el viento y brindar cierta protección a los cítricos más jóvenes.
- Ofrecen cosechas durante más tiempo: Mientras los cítricos pueden producir frutos durante gran parte del año en climas tropicales, la guayaba tiene temporadas más definidas, lo que permite disfrutar de fruta fresca en diferentes épocas.
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¿Qué evitar?
Así como algunas plantas pueden convertirse en grandes aliadas del guayabo, otras pueden dificultar su desarrollo. Lo más importante es evitar especies que tengan necesidades de cultivo muy diferentes, ya que esto obliga a manejar el espacio de formas contradictorias.
Por ejemplo, si alrededor del guayabo se siembran plantas que requieren mucha agua, ambas terminarán compitiendo constantemente por este recurso, lo que puede afectar su crecimiento.
También es recomendable evitar plantas que demanden condiciones de suelo, luz o fertilización distintas a las del guayabo. Además, es recomendable no sembrar árboles muy grandes o plantas con raíces agresivas, ya que pueden quitarle luz, agua y nutrientes. La clave está en elegir compañeras que compartan condiciones similares y que, en lugar de competir, contribuyan al equilibrio del jardín.
