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Si hablamos de plantas nativas que hoy ocupan un lugar privilegiado en el mundo de lo “saludable”, la quinua es, sin duda, la reina. Aunque ha sido parte fundamental de la alimentación de las civilizaciones andinas desde tiempos prehispánicos, su reconocimiento global llegó mucho después, cuando el resto del mundo empezó a mirar hacia los Andes en busca de alimentos nutritivos, versátiles y adaptados a condiciones extremas.
Originaria del altiplano andino, región compartida por países como Colombia, Bolivia, Perú, Chile y Argentina, la quinua fue domesticada por culturas prehispánicas que supieron aprovechar su notable capacidad de adaptación. Demostró ser una planta resistente, eficiente en el uso del agua y capaz de prosperar en ambientes adversos, pues soporta temperaturas que van desde los –4 °C hasta los 38 °C y se adapta a amplios rangos de humedad.
Sin embargo, antes de profundizar en las razones de su importancia alimentaria, vale la pena detenerse a conocer la planta. La quinua, conocida científicamente como Chenopodium quinoa, es una planta herbácea anual perteneciente a la familia de las amarantáceas. En estado silvestre puede alcanzar alturas aproximadas de 1 a 2 metros y, aunque en algunos contextos se le ha considerado una planta ruderal o incluso “maleza”, hoy se cultiva principalmente por sus semillas comestibles.
Las hojas son de color verde, alternas y anchas, con superficies que van de lisas a ligeramente pubescentes y formas que varían entre largas y estrechas a triangulares. En su floreción produce diminutas flores verdosas, sin pétalos, agrupadas en racimos terminales.
Las semillas maduran posteriormente dentro de frutos indehiscentes y, según la variedad, pueden presentar una amplia gama de colores que va del blanco al rojo y al negro, una de las características visuales más llamativas de este cultivo ancestral.
¿Para qué sirve?
Más allá de las tendencias, la quinua ha sido valorada históricamente por sus usos medicinales, alimentarios y nutricionales. Según el Jardín Botánico de Bogotá, esta planta ha tenido aplicaciones tradicionales en distintos ámbitos:
- Usos medicinales: Se emplea en forma de cataplasmas para torceduras, fracturas y luxaciones. También se utiliza como diurético y calmante para cólicos, y presenta un efecto levemente laxante.
- Usos comestibles: El grano se somete a cocción para la preparación de sopas, como acompañante del arroz, en ensaladas o como plato principal. En forma de harina, se emplea en la elaboración de panes, galletas y coladas.
Una parte importante que explica el uso tan amplio que se le da es por su destacado valor nutricional. La quinua es considerada un “súper alimento”, según menciona el Jardín Botánico de Bogotá, por su alto contenido de proteínas y por aportar todos los aminoácidos esenciales. Además, es fuente de:
- Calcio, que contribuye a la contracción muscular y a la formación de huesos y dientes.
- Fósforo, fundamental para el mantenimiento del pH y la transferencia de energía.
- Hierro, que participa en la síntesis de hemoglobina y mioglobina y en el buen funcionamiento del sistema nervioso.
Desde otra perspectiva, el Jardín Botánico de Missouri destaca que no solo las semillas son aprovechables. Las hojas jóvenes de la quinua también son comestibles y pueden prepararse al vapor o salteadas.
Y como dato curioso que le dejamos para el final, según el Jardín Botánico de Missouri, la relevancia de este cultivo ancestral también ha sido reconocida a nivel internacional.
La Asamblea General de las Naciones Unidas declaró el año 2013 como el Año Internacional de la Quinua, en reconocimiento a las prácticas históricas de los pueblos andinos que han conservado y transmitido este alimento como parte fundamental de su cultura y su seguridad alimentaria.
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