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Rompeplatos: la curiosa planta andina que crece cerca de Bogotá

La Bomarea o Rompeplatos tiene una historia de usos tradicionales curiosos y únicos que vale la pena conocer.

14 de septiembre de 2026 - 02:08 p. m.
Se conoce popularmente como rompeplatos por su sustancia jabonosa.
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Hay plantas que llaman la atención por sus flores, otras por sus formas y algunas por los usos que tienen más allá de la decoración. Pero, entre tantas especies que podemos encontrar en jardines y hogares, ¿se imagina una que pueda llegar a romper cosas?

Aunque parece una pequeña y delicada enredadera, la Bomarea tiene justamente un curioso apodo: “rompeplatos”. El nombre puede sonar exagerado para una planta de apariencia tan frágil, pero detrás de este sobrenombre hay saberes y usos populares cuyo origen vale la pena rastrear.

Quédese, que en La Huerta le contamos qué hay detrás de esta llamativa especie de los Andes.

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¿En qué se caracterizan la rompeplatos?

Las Bomarea son plantas trepadoras de la familia Alstroemeriaceae, la misma a la que pertenecen las astromelias. En los Andes pueden encontrarse varias especies de este género, entre ellas Bomarea multiflora y Bomarea patinii, dos plantas que comparten algunas características e incluso el mismo apodo.

Estas son algunas de sus características principales:

De acuerdo con el Catálogo virtual de flora de Alta Montaña de UEIA, la Bomarea multiflora es una especie nativa cuya distribución va desde Venezuela hasta Ecuador. Crece principalmente en bosques andinos y bosques altoandinos, entre los 1.700 y 3.800 metros sobre el nivel del mar.

Es una hierba que puede alcanzar hasta 5 metros de longitud. Sus tallos son delgados, flexibles y pueden extenderse entre la vegetación. Las hojas son simples, alternas y dispuestas en espiral, con una lámina alargada de entre 6 y 11 centímetros.

Sus flores se encuentran agrupadas en una inflorescencia terminal en forma de umbela, que puede alcanzar hasta 10 centímetros de radio y reunir, por lo general, entre 25 y 100 flores. Estas son tubulares y presentan tonalidades que van del rojo al amarillo y naranja, con diferencias en la forma y el color de sus tépalos.

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Después de la floración, la planta produce frutos en forma de cápsulas, de hasta 3 centímetros de diámetro. Cuando maduran, estas se abren y dejan expuestas sus semillas rojas, que también hacen parte de los rasgos llamativos de la especie.

La Bomarea patinii también pertenece a la familia Alstroemeriaceae y se caracteriza por ser un bejuco herbáceo, con tallos rojizos que pueden alcanzar aproximadamente 2,3 metros de longitud.

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Sus hojas son lanceoladas y pueden medir unos 13 centímetros. En cuanto a las flores, tienen forma de campana estrecha, pueden alcanzar unos 6 centímetros de longitud y presentan una combinación de tonos amarillos y manchas marrones. Estas flores se agrupan en inflorescencias que pueden reunir 40 o más flores.

Ambas plantas producen néctar y, de acuerdo con la explicación de Ciudad Botánica, pueden atraer a colibríes, que visitan la planta para alimentarse.

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¿Rompen platos?

Es precisamente en sus frutos donde aparece la característica que dio origen a uno de sus nombres populares. Ciudad Botánica, un proyecto pedagógico que utiliza las calles como aulas urbanas para aprender sobre biodiversidad, explica que en algunas zonas del campo a esta planta se le conoce como “rompeplatos”.

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Según explican, en el campo una de las creencias populares es que, al apretar uno entre los dedos sus frutos, libera una sustancia viscosa y resbaladiza, parecida a un jabón, la cual se dice que quien toca la planta después puede tener dificultades para agarrar la loza y terminar rompiendo los platos.

Más allá de las creencias que rodean a algunas especies del género, la Bomarea también tiene potencial como planta ornamental. Fiel a su nombre, relacionado con la abundancia de flores, esta trepadora puede destacar por sus flores y por los colores que presenta, características que la hacen atractiva para jardines ubicados en condiciones similares a las de su hábitat natural.

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Sin embargo, su cultivo requiere algunas precauciones. El Jardín Botánico de Quito señala que a esta y a otras especies del género Bomarea se les conoce con nombres populares como “arete de bruja”, “cebolla de lobo”, “veneno de perro” y “mankapaki”. Algunos de estos nombres están relacionados con la toxicidad de la planta, ya que sus semillas son venenosas.

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