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Si alguna vez se ha comido un mango hasta dejar el hueso completamente limpio, es probable que se haya hecho la misma pregunta que muchos: ¿será posible sembrarlo y obtener un árbol? La curiosidad no es casual. Este fruto, protagonista de jugos, postres, ensaladas y preparaciones con sal y limón, también hace parte del paisaje de muchas regiones cálidas de Colombia, donde los mangos abundan en patios, fincas y a la orilla de las carreteras, por lo que es común pensar que se puede tener fácilmente.
La buena noticia es que sí es posible cultivarlo, aunque el proceso requiere algunos cuidados para que la semilla germine y el árbol crezca sano.
Si quiere intentarlo en casa, aquí le contamos todo lo que necesita saber para sembrar un mango y aumentar las posibilidades de verlo convertirse en un frondoso árbol.
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¿Se puede sembrar la semilla de un mango comprado en el supermercado?
La respuesta es sí, pero ojo, antes de entusiasmarse es importante tener claras algunas consideraciones. Si su objetivo es obtener un árbol que produzca mangos con las mismas características del fruto que acaba de comer, es posible que se lleve una decepción.
De acuerdo con la Corporación Colombiana de Investigación Agropecuaria (Corpoica), la propagación del mango por semilla no es el método recomendado para establecer cultivos si está el deseo de cosechar y comercializar. Esto se debe a que las semillas suelen provenir de cruzamientos sexuales, lo que genera una alta variabilidad genética. Es decir, el árbol que nazca puede producir frutos diferentes en sabor, tamaño, color o calidad respecto al mango original que se comió.
Además, los árboles obtenidos a partir de semillas tardan mucho más en entrar en producción. Según Corpoica, pueden comenzar a dar frutos aproximadamente siete años después de la siembra y, en las zonas tropicales, alcanzan una gran altura, lo que dificulta su manejo y cosecha.
Otro aspecto a tener en cuenta es que la mayoría de los mangos que se venden en supermercados provienen de árboles injertados, además de que, para que sobrevivan un tiempo considerable en las tiendas, se tratan o incluso refrigeran a muy bajas temperaturas. Gracias a este proceso conservan las características deseadas de la variedad, pero puede ocasionar que las semillas resulten inviables o que, si crecen, no den fruto.
Aun así, cultivar un mango desde la semilla puede ser una experiencia gratificante para quienes disfrutan de la jardinería. Aunque no haya garantía de obtener fruto, el árbol puede convertirse en una planta ornamental de gran porte y follaje frondoso.
¿Cómo sembrar la semilla de un mango?
Si decidió intentar germinar un mango en casa, lo más importante es actuar rápido. La semilla pierde viabilidad con facilidad, por lo que se recomienda sembrarla durante la primera semana después de consumir el fruto. Además, deberá mantenerla siempre húmeda, pero sin excesos de agua que puedan favorecer la aparición de hongos o la pudrición.
Una vez tenga el mango, siga estos pasos:
- Extraiga la semilla: retire toda la pulpa del hueso y lávelo bien. Con unas tijeras de cocina o un cuchillo resistente, abra cuidadosamente la cáscara dura para sacar la semilla interior, procurando no dañarla. Si la semilla tiene una película delgada de color marrón, retírela.
- Hidrátela: coloque la semilla en un vaso con agua durante 24 horas para favorecer el proceso de germinación.
- Germínela: Envuélvala en una toalla o papel de cocina húmedo (no empapado), introdúzcala en una bolsa hermética o recipiente plástico y déjela en un lugar cálido y oscuro. Revise cada pocos días que el papel continúe húmedo. Dependiendo de la temperatura y del estado de madurez del mango, la germinación puede tardar entre una y tres semanas.
- Plántela en una maceta: cuando aparezca la raíz y el primer brote, siembre la semilla en una maceta de unos 20 a 25 centímetros de profundidad con un sustrato rico en materia orgánica y buen drenaje. Colóquela con la raíz hacia abajo y el brote hacia arriba, dejando las primeras hojas por fuera de la tierra.
- Bríndele los cuidados iniciales: mantenga el sustrato húmedo, pero sin encharcarlo, y ubique la maceta en un lugar con buena iluminación. Durante las primeras semanas es preferible evitar el sol directo para que la plántula no se estrese.
Con el paso de los meses será necesario trasplantar el árbol a una maceta más grande o al suelo, ya que el mango puede alcanzar un tamaño considerable si cuenta con las condiciones adecuadas para su desarrollo.
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¿Cómo trasplantar?
El trasplante es un paso clave para que el mango continúe creciendo de forma saludable. Si permanece demasiado tiempo en una maceta pequeña, sus raíces tendrán menos espacio para desarrollarse, lo que puede afectar su crecimiento.
Tenga en cuenta estas recomendaciones antes de trasplantarlo:
- Revise las raíces: si comienzan a salir por los agujeros de drenaje de la maceta, es momento de cambiarla por una más grande.
- Observe la altura: cuando la planta alcance entre 30 y 50 centímetros, también es recomendable realizar el trasplante, incluso si las raíces aún no sobresalen.
- Si va a sembrarlo en el suelo: espere a que el árbol tenga un tallo fuerte y esté bien establecido, lo que normalmente ocurre entre los seis y los doce meses después de la germinación.
- Elija un buen lugar: busque un sitio con pleno sol, buen drenaje y suficiente espacio, ya que un mango adulto puede superar los 10 metros de altura y desarrollar una copa amplia.
