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Seguramente ha escuchado la broma de que si lo muerde un perro teme contagiarse de rabia, o si un animal de compañía es muy ruidoso, tiene rabia. Más allá de una broma, la rabia representa una de las enfermedades infecciosas con mayor tasa de mortalidad en el planeta. Según la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA), este virus ocasiona alrededor de 59.000 muertes humanas al año, de las cuales cerca del 99 % corresponden a transmisiones por mordeduras de perros infectados, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Esta realidad cobra particular relevancia frente al notable incremento en la tenencia de mascotas. En Colombia, el porcentaje de hogares con animales de compañía pasó del 48 % en 2020 al 67 % en 2025, de acuerdo con mediciones del Pet Food Institute. En el marco del Día Mundial contra la Rabia, conmemorado cada 28 de septiembre, la entidad hace un llamado a considerar la prevención desde un enfoque integral que contemple la vacunación anual obligatoria, los controles veterinarios y una nutrición balanceada.
Si bien la vacunación antirrábica constituye la herramienta médica fundamental para enseñar al sistema inmunitario a neutralizar el virus mediante la producción de anticuerpos y células de defensa, la respuesta biológica del animal depende en gran medida de su estado de salud general. Como lo explica el doctor Carlos Cifuentes, médico veterinario del Pet Food Institute, un sistema inmune fuerte y bien alimentado resulta indispensable para que cualquier vacuna cumpla su función de manera óptima, lo que convierte a la nutrición en un pilar complementario clave.
Una alimentación comercial completa y formulada científicamente aporta los 40 nutrientes esenciales que el organismo requiere. Entre estos elementos se encuentran las proteínas necesarias para la formación de tejidos y componentes inmunitarios, vitaminas y minerales antioxidantes como las vitaminas E y C junto al selenio que protegen las células del estrés oxidativo, ácidos grasos esenciales como el omega-3 para regular los procesos inflamatorios, y prebióticos o fibras que benefician la microbiota intestinal.
El doctor Cifuentes enfatiza que mantener la inmunidad no implica buscar ingredientes milagrosos ni administrar suplementos sin orientación, sino garantizar una dieta balanceada adaptada a las necesidades específicas de la mascota. Asimismo, la estrategia de prevención integral se fortalece con la desparasitación periódica, dado que los parásitos internos consumen nutrientes clave y generan inmunosupresión que interfiere con la eficacia de los biológicos. En definitiva, la combinación de esquemas de vacunación al día, revisiones veterinarias continuas y prácticas responsables de tenencia resulta la vía más efectiva para proteger tanto la salud de los animales como la de las familias.
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