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¿Crees que tu gato se porta bien? Piénsalo dos veces

Un nuevo estudio revela que, a veces, los gatos se acicalan entre sí para molestarse.

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Taylor Mitchell Brown / The New York Times
15 de julio de 2026 - 04:30 p. m.
Un estudio halló que el acicalamiento entre gatos no siempre es una muestra de afecto y, en algunos casos, puede reflejar tensión social.
Un estudio halló que el acicalamiento entre gatos no siempre es una muestra de afecto y, en algunos casos, puede reflejar tensión social.
Foto: Pixabay
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Digamos que los gatos tienen cierta reputación: la de ser distantes, manipuladores y, quizás, incluso unos cretinos. Aquí tienes más pruebas que lo corroboran: los científicos empiezan a pensar que incluso un comportamiento aparentemente inocente de los gatos —lamer a otro gato— puede que no siempre sea un gesto amable.

Según un nuevo estudio publicado en la revista Applied Animal Behavior Science , las láminas pueden ser una forma sutil de atormentar.

El acicalamiento mutuo, llamado “aloacicalamiento”, está muy extendido en el reino animal y se da en primates, aves, caballos e incluso insectos. Normalmente, el acicalamiento se centra en partes del cuerpo a las que al animal le cuesta llegar por sí mismo, como la espalda y el cuello, lo que convierte este comportamiento en un acto de amabilidad que fomenta los lazos sociales y ayuda a hacer amigos.

Al igual que los primates que se quitan los piojos de la espalda unos a otros, también se ha considerado que los gatos que se lamen entre sí son un indicador de vínculo social. “Hasta ahora, el acicalamiento mutuo en los gatos se había clasificado como un comportamiento afiliativo, o ‘amistoso’”, dijo Noema Gajdos Kmecova, investigadora del comportamiento felino en la Universidad de Gante y autora del nuevo estudio.

O eso creíamos.

Morgane Van Belle, otra investigadora especializada en el comportamiento felino de la Universidad de Gante y autora principal del estudio, estaba observando a sus propios gatos, Fabio y Giovanni, mientras interactuaban en su lugar favorito para echarse la siesta al sol, y se fijó en algo.

“Vi unos comportamientos de acicalamiento raros en mis propios gatos y dije: ‘Esto no es nada amistoso’”, dijo. “A veces, un gato se tumbaba en la manta cerca de la ventana y el otro se acercaba y empezaba a lamerlo, pero de una forma molesta”. Esa interacción hacía que el gato al que lamían se levantara y cediera el sitio al sol, añadió.

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Para comprobar si este comportamiento era más habitual, Van Belle y sus colegas estudiaron 53 hogares de toda Europa con dos o más gatos. Tras explicar a los dueños de las mascotas qué debían observar, los investigadores les pidieron que enviaran videos de las interacciones de sus gatos. A continuación, los científicos seleccionaron al azar un video de cada participante y utilizaron análisis estadísticos para desentrañar los matices ocultos en el comportamiento de lamido entre gatos.

“El análisis dejó claro de inmediato que el acicalamiento mutuo no significa lo mismo en todos los contextos”, dijo Van Belle.

Los resultados revelaron dos cosas. La primera coincidía con el comportamiento típico de acicalamiento: los gatos se lamían mutuamente en la cabeza, el cuello o las orejas. En estos videos, los gatos eran mucho más propensos a imitar las posturas corporales del otro, ya fuera acurrucándose juntos o sentándose uno al lado del otro antes y después del acicalamiento. Las lamidas eran claramente gestos amistosos.

La otra cara de la moneda de los lametones entre gatos reveló algo más parecido al acoso. En una parte de los videos se vio que las lamidas solían preceder a un conflicto. Estas interacciones se caracterizaban por posturas corporales diferentes, en las que un gato podía estar de pie y lamer al otro, que estaba sentado. Las lamidas agresivas iban seguidas de signos de estrés en el gato lamido, como mirar fijamente, maullar, mover las orejas, lamerse los labios o dar zarpazos al otro gato. Los resultados no encajaban con la idea que se tenía antes del acicalamiento entre gatos.

“Según nuestros hallazgos, el acicalamiento mutuo está asociado al menos a dos contextos: no solo al vínculo social, sino también a la tensión social”, dijo Kmecova.

Las investigadores sugieren que las lamidas no deseadas podrían ser una forma fácil de molestar a otro gato sin llegar a pelearse. Mientras que una pelea en toda regla podría provocar lesiones, una lamida irritante bien dirigida podría ser una forma más segura de decirle a tu “amigo” peludo que se largue.

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“Siempre me entusiasma ver trabajos empíricos que amplían nuestra comprensión de la dinámica social de los gatos”, dijo Ashley Elzerman, una veterinaria especialista en comportamiento que no participó en el estudio, “sobre todo en hogares con varios gatos, donde las tensiones sutiles y crónicas pueden resultar difíciles de identificar para los dueños”.

La investigación ofrece una nueva perspectiva para que los veterinarios y los dueños de gatos intenten comprender mejor el comportamiento de los felinos e identifiquen posibles signos de frustración en sus hogares. Las futuras investigaciones también podrían ayudar a los centros de adopción de mascotas y a los dueños que buscan tener más de un gato a emparejar mejor a sus compañeros felinos. Que los gatos estén de acuerdo con ello es otra historia.

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Por Taylor Mitchell Brown / The New York Times

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