
Cuando Andrés y Valentina, una pareja joven en sus veintes, comenzaron a adecuar su apartamento en Bogotá, no pensaban únicamente en cómo vivirían ellos, sino también en cómo vivirían sus dos gatos. En una vivienda de menos de 30 metros cuadrados, incorporaron muebles modulares para felinos en la sala, escogieron telas pet friendly resistentes a los arañazos y compraron una cama con un laberinto para gatos en su interior. Todo esto, con el propósito de convertir el espacio en un lugar cómodo y seguro para los cuatro.
Su caso refleja una transformación en las formas de habitar de las nuevas generaciones, entre las que han ganado espacio las familias multiespecie, conformadas por personas y animales de compañía, frente a modelos familiares más tradicionales. Una realidad que ha empezado a generar cambios e inquietudes sobre cómo se diseñan, adaptan y habitan los hogares en Colombia.
Durante décadas, las viviendas se diseñaron principalmente en función de las necesidades humanas. El número de habitaciones, la cercanía al transporte y la seguridad del sector eran algunos de los factores que orientaban las decisiones al momento de construir o habitar un hogar. En la actualidad, también son importantes otros aspectos como la cercanía a zonas verdes, que el inmueble permita tener mascotas y la existencia de balcones, terrazas o patios que ofrezcan a los animales estímulos ambientales durante el día.
La dimensión de este cambio aparece en diferentes estudios y fuentes del sector. De acuerdo con ESDESIGN Escuela Superior de Diseño de Barcelona, el 67 % de los hogares en Bogotá convive con al menos un animal de compañía, equivalente a cerca de 4,4 millones de familias. Mientras que en Antioquia, la cifra asciende al 83 % de hogares con mascotas, con base en datos atribuidos a Fenalco.
Por su parte, Camacol Bogotá y Cundinamarca, a partir de la Encuesta Nacional de Calidad de Vida 2025 del DANE, señala que aproximadamente el 10,2 % de los hogares de Bogotá y Cundinamarca, es decir, cerca de 466.000 hogares, reportaron algún tipo de gasto o pago por servicios relacionados con mascotas.
Ante estas cifras, vale la pena preguntarse: ¿qué pasa cuando las viviendas y las ciudades, diseñadas durante años principalmente para las personas, empiezan a tener que responder también a las necesidades de sus animales de compañía?
Las constructoras y el negocio de ser pet friendly
La transformación de los hogares está llegando a los proyectos inmobiliarios. A medida que las mascotas ocupan un lugar más importante en la vida familiar, las constructoras empiezan a incorporar espacios y servicios pensados para su bienestar y para facilitar la convivencia.
Según cifras de Camacol Bogotá y Cundinamarca, en lo corrido de 2026 hasta agosto, el 26 % de los proyectos de vivienda lanzados en Bogotá y Cundinamarca contaba con algún tipo de zona pet, como parques para mascotas. En 2021, durante el mismo periodo, estas amenidades estaban presentes solo en el 12 % de los proyectos lanzados. La diferencia entre ambas fechas muestra un crecimiento importante en la incorporación de estos espacios.
Pero también existe una demanda por parte de quienes buscan vivienda. El Estudio de Oferta y Demanda de Vivienda y No Habitacionales para Bogotá y Cundinamarca, realizado en 2026, encontró que las zonas para mascotas son una amenidad buscada por el 25 % de las personas que están actualmente en búsqueda activa de vivienda. Es decir, aproximadamente uno de cada cuatro hogares las menciona entre las características que quisiera encontrar en su próximo proyecto. De acuerdo con Camacol, se trata de la quinta amenidad más mencionada, después del gimnasio, las zonas de ciclo parqueadero, las canchas deportivas y los parques infantiles.
Para las constructoras, las zonas pet están dejando progresivamente de ser una amenidad adicional y empiezan a formar parte de la propuesta de valor de los nuevos proyectos residenciales.
Franshesca Espinel, VP Comercial y de Mercadeo de Amarilo, una de las principales empresas constructoras y desarrolladoras de vivienda en Colombia, explica que esta transformación empieza incluso antes de elegir dónde vivir. Para los hogares con mascotas, factores como la cercanía a zonas verdes, los espacios para caminar, los parques, las áreas abiertas y la oferta de servicios y equipamientos del entorno adquieren cada vez mayor relevancia.
“Las mascotas ya no necesariamente tienen un lugar separado y es común encontrarlas en espacios que comparte toda la familia: están en la sala, acompañan a sus dueños en el balcón o la terraza y hacen parte de la rutina diaria. Esto nos lleva a un concepto de vivienda más flexible, no solamente qué espacio tiene una familia, sino cómo ese espacio puede adaptarse a sus diferentes integrantes”, señala Espinel.
Desde Constructora Capital, compañía líder en el sector de la construcción, señalan que, salvo los proyectos de vivienda de interés prioritario (VIP), prácticamente toda su oferta actual cuenta con espacios destinados al bienestar de las mascotas. La empresa identifica tres tipos: salones para baño y aseo, zonas de recreación canina y, en algunos conjuntos, parques al aire libre con áreas verdes. La zona de aseo suele tener entre 8 y 10 metros cuadrados, mientras que las áreas de recreación varían según las características de cada proyecto.
Más allá de incorporar una nueva amenidad, la transformación está en el lugar que estos espacios ocupan dentro del diseño. “Anteriormente era un ‘sótano’ o un espacio residual, hoy en día es un espacio integrador del diseño general y de la calidad del proyecto”, informan. La empresa también señala que, salvo los proyectos VIP, no establece diferencias por estrato en la dotación o el nivel de acabados de las zonas destinadas a mascotas.
Pero construir estos espacios también implica retos. Desde el diseño deben considerarse la ubicación, los materiales, los sistemas de limpieza, el manejo de residuos y las condiciones de seguridad y salubridad. A esto se suman los costos de construcción y mantenimiento, ya que la zona para mascotas no termina cuando se entrega el proyecto, necesita una gestión permanente y debe existir claridad sobre quién estará a cargo de su operación y conservación.
También está la convivencia. Estos espacios requieren delimitación y reglas claras sobre uso, horarios, limpieza y responsabilidad de los propietarios. "Los proyectos deben buscar un equilibrio entre las necesidades de las familias que tienen mascotas y las de quienes no las tienen. Esto hace necesario que estos espacios estén adecuadamente delimitados y que existan reglas claras", indican desde Camacol Bogotá.
Por su parte, en Constructora Capital aseguran que "desde el diseño se trata de ubicar estos espacios en lugares en los cuales interfiera lo menos posible con las viviendas y la cotidianidad. Sin embargo, al final deberá ser la administración quien realice medidas en pro de la convivencia".
Las mascotas están cambiando la forma de diseñar los espacios
La idea de diseñar espacios específicos para animales no nació con los actuales proyectos pet friendly. ESDESIGN señala que desde mediados del siglo pasado arquitectos como el estadounidense Frank Lloyd Wright exploraron la posibilidad de crear espacios específicos para animales. Décadas después, iniciativas como Architecture for Dogs, impulsada por Kenya Hara, director creativo de MUJI, reunieron a reconocidos arquitectos internacionales para desarrollar propuestas adaptadas a las necesidades de distintas razas caninas.
Más allá de su valor conceptual, estas iniciativas mostraron que comprender el comportamiento de los animales también puede hacer parte del proceso de diseño. En el presente esa conversación adquiere una dimensión más cotidiana: pisos resistentes al desgaste, materiales fáciles de limpiar, mobiliario integrado, zonas de descanso, terrazas seguras, áreas verdes y recorridos que faciliten el movimiento de los animales comienzan a aparecer como soluciones en viviendas, espacios comerciales y proyectos corporativos.
La vivienda y la ciudad, en ese sentido, están respondiendo a una transformación que no se limita al afecto hacia los animales: también modifica hábitos, consumo, movilidad cotidiana y uso de los espacios. El fenómeno también puede analizarse desde la construcción sostenible. Angélica Ospina, presidenta del Consejo Colombiano de Construcción Sostenible (CCCS), explica que la incorporación de mascotas en los espacios habitables puede entenderse desde el bienestar integral de las personas y la calidad de los entornos.
Un referente es la certificación internacional WELL. Dentro del WELL Community Standard existe una optimización denominada "Pet Support", que reconoce la relación entre las mascotas, el bienestar y la actividad física.
Esta contempla estrategias para facilitar la convivencia con animales mediante espacios públicos pet friendly, parques o zonas para perros, senderos y áreas para caminar, además de elementos como bebederos y puntos para la disposición de residuos.
"En Colombia, de acuerdo con el boletín Enlace Verde del Consejo Colombiano de Construcción Sostenible, con corte a junio de 2026 se registran 29 proyectos asociados a WELL, de los cuales 5 corresponden a WELL Health-Safety, principalmente en tipologías como oficinas comerciales y financieras, bodegas y alojamiento. Esto es un indicio de que desde la construcción sostenible ya existen referentes que incorporan el bienestar de las personas que viven con mascotas dentro de la planificación de comunidades", explica.
La casa se adapta y el consumo también
La transformación también se refleja en lo que las familias compran para sus viviendas. Andrés Limongi Aparicio, gerente de negocio de Petizoos Pet Center, explica que los hogares con mascotas están destinando parte de su presupuesto a productos que no solo buscan atender a los animales, sino también proteger y conservar los espacios que comparten con ellos. Entre estos aparecen protectores para muebles, productos de limpieza especializados, telas resistentes a los arañazos y soluciones de seguridad como mallas para balcones, ventanas y terrazas. “Son un elemento cada vez más importante en las decisiones de dotación, amoblamiento y decoración de los espacios”, señala.
Al mismo tiempo, algunas soluciones comienzan a incorporar tecnología para facilitar el cuidado de las mascotas dentro de la vivienda. Areneros, comederos y bebederos inteligentes hacen parte de una oferta que busca responder a las rutinas de hogares donde los animales permanecen solos durante algunas horas. Para Limongi, estas tendencias muestran que la adaptación de una vivienda no termina en escoger muebles resistentes o reservar un espacio para la mascota, también está creando un mercado de productos para mantener los ambientes, prevenir su deterioro y atender nuevas necesidades de cuidado y bienestar.
¿Una ciudad para perros?
La transformación no ocurre solamente dentro de las viviendas. También empieza a verse en las calles, los parques y los sistemas de transporte de las ciudades, donde la presencia cada vez más habitual de perros y gatos plantea nuevas necesidades sobre cómo se diseñan y utilizan los espacios públicos.
Según información de la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte de julio de 2026, el Instituto Distrital de Recreación y Deporte (IDRD) administra más de 5.000 parques en Bogotá. Aunque en la mayoría las mascotas pueden ingresar bajo la responsabilidad de sus cuidadores, algunos cuentan con infraestructura especializada para el juego, el entrenamiento y la socialización canina.
Entre los espacios con zonas caninas estructurantes se encuentra el Parque Metropolitano Simón Bolívar, cuya zona especializada cuenta con cerramiento, bebederos, bancas con anclajes para correas, áreas verdes y senderos alrededor del lago.
El Parque Metropolitano El Tunal, en el sur de Bogotá, dispone de dos zonas estructurantes para que los perros puedan ejercitarse y socializar. El parque también es escenario de jornadas de vacunación, adopción responsable, bienestar animal e identificación con microchip.
El IDRD también ha adecuado zonas especializadas para perros en otros parques de la ciudad, entre ellos Chicó Norte, Villas de Aranjuez, Quintas de La Sabana, Llano de Bosa, La Esperanza, Gran Colombiano, El Claret, Tímiza, Bertha Hernández, Carvajal, San Andrés, Laguneta, Veraguas Central y Torre Molinos.
Sin embargo, la adaptación del espacio público no se limita a construir zonas para perros. También puede implicar revisar elementos que durante años hicieron parte del mobiliario urbano sin considerar necesariamente la interacción de los animales con ellos.
Un ejemplo son las canecas metálicas instaladas en algunos parques de Bogotá. En 2024, el Concejo de Bogotá alertó sobre más de 300 denuncias de perros que habían resultado lesionados con los pines expuestos de estos recipientes. El llamado incluía que la Secretaría de Planeación eliminara ese diseño del manual de espacio público para nuevos parques y que en las nuevas instalaciones se utilizaran modelos con los pines hacia adentro.
El caso muestra cómo la experiencia cotidiana de los animales en la ciudad también puede poner en discusión decisiones aparentemente menores de diseño urbano.
La movilidad es otro de los espacios donde esta transformación resulta visible. En Bogotá, el debate sobre el acceso de los animales de compañía al transporte público ha llevado a incorporar medidas y condiciones para facilitar su desplazamiento junto con sus cuidadores. El sistema TransMilenio permite el ingreso de mascotas, mientras que el futuro Metro de Bogotá también ha anunciado que será pet friendly y permitirá el acceso de animales de compañía.
Así, la discusión no se limita a si un perro puede entrar o no a un sistema de transporte. También involucra la manera en que se diseñan los recorridos urbanos, las estaciones, los accesos y los espacios de espera para una población que se desplaza con sus animales.
Algo similar ocurre con los desplazamientos a pie. En sectores de la ciudad, los andenes y corredores peatonales más amplios permiten que las personas caminen con sus perros con mayor comodidad y reducen los conflictos entre quienes transitan por el espacio público. Aunque estas intervenciones no son necesariamente diseñadas exclusivamente para mascotas, terminan favoreciendo una ciudad en la que caminar con un animal de compañía hace parte de la vida cotidiana.
A esto se suma una oferta de actividades que empieza a considerar a los animales como parte de los planes familiares. Parques, establecimientos comerciales, espacios de recreación y algunos destinos cercanos a Bogotá incorporan condiciones para que las personas puedan salir acompañadas de sus mascotas, ampliando la idea tradicional de ocio familiar.
El cambio, entonces, no consiste únicamente en reservar algunos metros cuadrados para los perros. También supone preguntarse cómo se movilizan, descansan, caminan y conviven con las personas en una ciudad que fue construida durante décadas bajo una lógica principalmente humana.
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HaroldFer(32718)•Hace 21 horasEn esta sociedad tan deshumanizada, agobiada por la desconfianza, la falta de cooperación, la indiferencia por el otro, las guerras, lo que queda son las mascotas. La moda gringa que llena las arcas de los mercaderes de comida de las multinacionales.