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En un hogar geriátrico de Medellín, un encuentro entre una mujer de 75 años y un perro rescatado de la calle demostró cómo el vínculo entre humanos y animales puede convertirse en una herramienta para combatir la soledad y fortalecer el bienestar emocional.
La historia fue compartida por la Alcaldía de Medellín a través de una publicación de la Secretaría de Medio Ambiente sobre el programa de Intervenciones Asistidas con Perros, liderado por el Centro de Bienestar Animal La Perla.
De acuerdo con la entidad, todo ocurrió en el hogar San Cristóbal, ubicado en el barrio Boston, donde varios perros rescatados llegaron para compartir una jornada con los residentes. Entre ellos estaba Chagualo, un canino que pronto captó la atención de Ligia Londoño, una adulta mayor de 75 años que vive en el lugar desde hace casi tres años.
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Aunque perdió la visión hace años, Ligia conserva intactos muchos de sus recuerdos. Aquella mañana esperaba sentada mientras escuchaba el movimiento que provocaban los animales en el salón. Cuando Chagualo se acercó a ella y rozó sus piernas, la reacción fue inmediata. “¡Ay, qué belleza!”, exclamó mientras lo acariciaba.
Según relató la Alcaldía de Medellín, el perro permaneció tranquilo junto a ella, permitiéndole recorrer con sus manos el lomo y sentir su compañía. Entre risas, Ligia contó cómo el animal le ofrecía una de sus patas cuando ella se lo pedía. “Yo lo acariciaba y él me daba la manito”.
El encuentro despertó también numerosos recuerdos. Mientras compartía con Chagualo, Ligia comenzó a hablar de los perros que tuvo a lo largo de su vida. Recordó uno a uno sus nombres y confesó cuánto los extrañaba.
La conversación también la llevó a mencionar momentos difíciles, como la pérdida de su vivienda y la distancia que la separa de su hijo. Sin embargo, cada vez que la tristeza parecía aparecer, la presencia del perro lograba devolverle la sonrisa.
De acuerdo con la Alcaldía de Medellín, el programa de Intervenciones Asistidas con Perros busca utilizar la relación entre personas y animales como una herramienta terapéutica para fortalecer la salud emocional, estimular la memoria y disminuir la sensación de aislamiento en poblaciones vulnerables.
Los perros que participan en estas jornadas también tienen historias de superación. Muchos fueron rescatados de situaciones de abandono o maltrato y pasaron por procesos de recuperación antes de convertirse en animales de apoyo terapéutico.
Para ello, profesionales de distintas áreas trabajan en su preparación y adaptación, con el fin de garantizar que puedan interactuar de manera segura y tranquila en espacios sensibles como hogares para adultos mayores.
Durante la visita al hogar San Cristóbal, otros residentes también aprovecharon la oportunidad para acercarse a los animales, acariciarlos y compartir momentos de afecto que rompieron con la rutina habitual del lugar.
Para Dora Mejía, directora del hogar, estas actividades tienen un impacto significativo en la calidad de vida de los residentes. “Aquí en el refugio tenemos muy claro que estas personas son nuestra prioridad y que el afecto para ellos es fundamental. El cariño que sienten por los animales les da un significado a sus vidas”, afirmó.
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Al finalizar la jornada, Ligia volvió a extender las manos en busca de Chagualo. El perro se acercó de inmediato y ella sonrió nuevamente. El encuentro reflejó cómo la compañía de un animal puede convertirse en una fuente de consuelo, conexión y bienestar para quienes enfrentan la soledad.
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