
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Para construir las casitas, reutiliza materiales como madera sobrante de las obras, retazos de tejas y tubos de PVC. Con esta iniciativa, busca promover la empatía hacia los animales y demostrar que recuperar espacios y aprovechar materiales puede contribuir a crear ciudades más incluyentes.
En Pasto, Nariño, Jeison Castillo encontró una manera de unir su profesión con una causa social que lo mueve: mejorar las condiciones de vida de los animales que no tienen un hogar. Con materiales reutilizados y soluciones pensadas para las necesidades de cada perro, el arquitecto, conocido en redes sociales como “El Arqui de los que no tienen voz”, construye casitas y propone transformar espacios urbanos para ofrecerles refugio.
Su iniciativa nació de una pregunta: ¿por qué la arquitectura no puede convertirse también en una herramienta para ayudar a los animales? Desde entonces, Castillo ha dedicado sus conocimientos a identificar lugares que pueden recuperarse, aprovechar materiales que suelen desecharse en las construcciones y convocar a personas que quieran sumarse a la causa.
Su propósito va más allá de instalar casitas en distintos puntos de la ciudad. Busca promover la empatía hacia los animales, involucrar a la comunidad y demostrar que el diseño de los espacios urbanos también puede tener en cuenta a los seres que viven en las calles.
“Un día me pregunté: ¿y si la arquitectura fuera una solución también para poder diseñar y construir más con ellos? En algún momento tenía un propósito firme, que era tratar de ayudar a los animalitos que están en la calle y que muchas veces son ignorados”, cuenta.
El arquitecto desarrolla esta labor de manera independiente, sin trabajar con una entidad o una gobernación. Buena parte del impulso de su iniciativa proviene de las personas que conocen su trabajo a través de las redes sociales y deciden aportar a las construcciones o colaborar con los animales.
Antes de instalar una casita, Castillo visita el lugar y conoce la historia del perro que podría beneficiarse de ella. También observa si hay personas que ya lo alimentan o cuidan, cuáles son las condiciones del entorno y qué ubicación sería más adecuada para protegerlo.
Para él, cada refugio debe responder a las necesidades particulares del animal y a las características del espacio. La orientación, la ventilación, la exposición al sol y la seguridad son aspectos que analiza antes de definir el diseño.
“Lo primero que hago es ir a conocer la historia del animalito, conocer a mi cliente. No vemos a un animalito como un objeto, sino que también debe ser parte de nuestro diseño como arquitectos”, señala.
Osito, el perro que inspiró el proyecto
El primer beneficiario de esta iniciativa fue Osito, un perro senior que hacía parte de una manada y terminó quedándose solo en un sector de Pasto. Aunque anteriormente habían intentado instalarle casitas, las soluciones no habían conseguido responder de manera duradera a sus necesidades.
Castillo lo encontró en un andén, donde pasaba las noches a la intemperie porque no tenía un lugar adecuado para resguardarse. La situación lo llevó a pensar cómo podía utilizar sus conocimientos profesionales para ofrecerle una alternativa que no se limitara a resolver el problema de manera temporal.
Así surgió la idea de construirle un refugio que, además de protegerlo, llamara la atención de quienes transitaban por el lugar. La casita se convirtió en un punto visible dentro del sector y ayudó a que más personas conocieran a Osito y se interesaran por su bienestar.
“Yo lo conocí y vi la dificultad que tenía para pasar sus noches ahí, que no tenía dónde refugiarse y pasaba a la intemperie en un andén. Dije: voy a poner mi conocimiento al servicio de él”, recuerda.
La intervención también buscaba cambiar la relación de la comunidad con ese espacio. Castillo explicó que el sector presentaba dificultades relacionadas con el uso del lugar y la presencia constante de habitantes de calle. Por eso, consideró que una estructura bien diseñada y cuidada podía contribuir a generar una percepción diferente y motivar a las personas a protegerla.
Según contó, la casita despertó interés entre los vecinos, quienes comenzaron a reconocer al perro y a llevarle comida. Para el arquitecto, esa respuesta demuestra que una intervención pequeña puede abrir la puerta a nuevas formas de participación ciudadana.
La experiencia con Osito también le permitió reafirmar a idea de que la arquitectura no tiene que estar destinada únicamente a las personas ni a los espacios convencionales. Con creatividad y conocimiento técnico, puede convertirse en una herramienta para atender necesidades que suelen quedar por fuera de las decisiones urbanas.
Materiales reutilizados y ciudades pensadas para los animales
Uno de los componentes centrales de la iniciativa es el aprovechamiento de materiales de construcción que todavía pueden tener una segunda vida. Castillo utiliza, entre otros elementos, madera que queda como sobrante de las obras y retazos de tejas para construir las estructuras de los refugios.
También emplea tubos de PVC en algunas partes de las casitas, aunque tiene en cuenta las características de cada material para decidir cómo utilizarlo. La elección no responde únicamente a la disponibilidad de los recursos, el arquitecto busca que las construcciones sean funcionales y ofrezcan condiciones apropiadas para los animales. “Muchas veces, para las constructoras o para algunos arquitectos e ingenieros, esos materiales son basura. Yo los reutilizo para construir las casitas de los animales”, explica. Esta práctica permite reducir el desperdicio y, al mismo tiempo, desarrollar soluciones con los recursos que tiene a su alcance.
Otra de las propuestas de Castillo consiste en adaptar elementos del mobiliario urbano, como las bancas, para que también puedan funcionar como refugio para los animales. La idea es recuperar espacios existentes y darles un uso que responda a las necesidades de los perros que viven en las calles, sin perder de vista las condiciones del entorno.
“¿Por qué no transformar también las bancas para que sean refugios para los animales? La idea es recuperar esos espacios y darles un nuevo propósito, para que los perritos tengan un lugar donde protegerse”, plantea el arquitecto.
Esta visión también se ha materializado en la reutilización de una jardinera que estaba en malas condiciones y que fue transformada para convertirse en el hogar de tres perros en condición de calle. En la intervención se conservó el árbol que ya estaba en el lugar y se incorporó al diseño para aprovechar su sombra.
La propuesta demuestra cómo un espacio deteriorado puede convertirse en una alternativa de refugio sin necesidad de empezar desde cero. En lugar de desechar la estructura, Castillo aprovechó sus condiciones para crear un lugar pensado para los animales y mantener un elemento natural que contribuye a su bienestar.
La intervención reúne principios como reutilizar espacios, cuidar el medio ambiente y promover la empatía hacia los animales. Para el arquitecto, estas acciones también hacen parte de la construcción de ciudades incluyentes, en las que los perros en condición de calle sean tenidos en cuenta al momento de pensar y transformar los espacios urbanos.
“Los animalitos también deben estar incluidos en el diseño y la construcción de las ciudades del futuro. Tanto la movilidad como los parques deberían estar diseñados y construidos para ellos, no ser simplemente algo que está ahí puesto”, afirma.
Por ahora, la iniciativa se sostiene gracias a la participación de la comunidad. Castillo invita a quienes quieran sumarse a donar materiales, realizar aportes voluntarios o proponer alianzas con emprendimientos que puedan contribuir con productos para actividades destinadas a recaudar fondos.
Aunque ha recibido mensajes de apoyo, asegura que la mayoría de las personas que se han involucrado no necesariamente pertenecen al sector de la arquitectura o la ingeniería. Son ciudadanos que sienten empatía por los animales y encuentran en el proyecto una manera concreta de ayudar.
El arquitecto también busca compartir los criterios que tiene en cuenta para diseñar los refugios. A través de sus redes sociales, ha intentado construir una especie de diario digital que reúna sus experiencias y sirva como referencia para personas animalistas y responsables de refugios que quieran mejorar los espacios destinados a los animales.
Su objetivo es que el proyecto crezca más allá de las casitas y pueda llegar a otras ciudades de Colombia. Para conseguirlo, espera reunir los recursos necesarios y desarrollar propuestas que contribuyan a transformar espacios y mejorar las condiciones de los perros que viven en las calles.
La apuesta es que, con el tiempo, las ciudades incorporen a los animales en sus planes de diseño y construcción. Mientras trabaja para hacer realidad esa idea, continúa utilizando la arquitectura para ofrecerles un lugar donde resguardarse y para recordar que una ciudad más incluyente también debe pensar en quienes no tienen voz.
🐾 ¿Quiere estar al día y conocer las últimas noticias sobre el mundo animal? Lo invitamos a verlas en La Red Zoocial. 🐶🐱
-
Alberto(3788)•10 de octubre de 2026 – 17:18Gracias y mil felicitaciones.