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Las herramientas de calor son grandes aliadas para conseguir un alisado o unas ondas bien definidas. Sin embargo, lograrlo no requiere de aplicar el máximo calor, sino de utilizar la temperatura adecuada.
Aunque la recomendación más común es aplicar protector térmico antes del peinado, cada estructura capilar es única y requiere un nivel de calor específico para evitar la resequedad, el quiebre y el daño.
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Cada tipo de cabello requiere una temperatura diferente
El estudio del pelo realizado por Dyson, una empresa global y familiar fundada en 1993 y dedicada a la investigación y tecnología capilar, profundiza en las características y necesidades de los distintos tipos de cabello.
Según dicho estudio, el grosor y la textura del cabello determinan cuánto calor necesita para cambiar de forma.
Utilizar más grados de los necesarios no mejorará el resultado, sino que aumentará el riesgo de quiebre y pérdida de brillo.
Vale la pena mencionar que la forma del cabello se clasifica en cuatro grupos principales (1, 2, 3 y 4). Cada uno de ellos se divide en tres subtipos (A, B y C) que describen la intensidad del patrón del rizo, donde la A corresponde a la forma más suelta.
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Estas son algunas generalidades del estudio de pelo de Dyson:
Tipo 1 (liso a ondulado): el pelo más liso tiene un corte transversal redondo.
Tipo 2 (ondulado a rizado): suele describirse como con ondas en S y con un corte transversal redondo, pero más plano que el del tipo 1.
Tipo 3 (rizado con bucles más apretados): puede sufrir sequedad por la falta de sebo a lo largo del tallo del cabello. Es importante no aplicar calor excesivo al peinarlo, y es crucial retener el máximo de aceites naturales posible.
Tipo 4 (de cabello rizado a muy rizado): este tipo tiene una forma más plana y elipsoidal que crea rizos muy definidos. Es más fácil que estos se enreden y pueden ser frágiles si se les aplica calor excesivo.
Así las cosas, el cabello fino o delgado, al ser más sensible, puede trabajarse a una temperatura de 165 °C.
El cabello ondulado o de grosor medio requiere de maximo 185 °C.
Las texturas más resistentes, como el cabello grueso, abundante o con rizos muy cerrados, pueden requerir alrededor de 210 °C.
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El cabello dañado o con procesos químicos requiere de más cuidados
Si su cabello está dañado o ha pasado por procesos químicos fuertes, como alisados permanentes o decoloraciones, lo ideal es mantener la temperatura de la plancha lo más baja posible y evitar los peinados con herramientas de calor tanto como sea posible.
El cabello dañado puede sufrir un mayor deterioro al exponerlo a altas temperaturas.
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La preparación
Un buen acabado depende tanto de la herramienta como de la preparación previa. Los expertos recomiendan utilizar protectores térmicos y trabajar siempre con el cabello completamente seco (a menos que se use tecnología diseñada para moldear desde lo húmedo).
Dividir el cabello en secciones pequeñas también permite distribuir el calor de manera uniforme y evita la necesidad de repasar el mismo mechón varias veces, minimizando el desgaste de la cutícula capilar.
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