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¿Es necesario lavar la ropa nueva antes de usarla? Esa es una pregunta constante que genera debate en redes sociales o en conversaciones entre amigos y familiares.
Algunos prefieren usarla tan pronto como pueden y mencionan que les gusta “el olor a ropa nueva”. Otros, por el contrario, la lavan antes de estrenarla.
“Es una recomendación que uno hace, particularmente, para las prendas de bebé, pero aplica para toda la ropa, porque estas pasan por cientos de manos”, dice Laura Manrique, consultora en innovación, diseño consciente y economía circular para el sistema moda.
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Cuando Manrique menciona las cientos de manos, no exagera. Para que usted pueda comprar una camiseta, por ejemplo, que está exhibida en una vitrina, esta tuvo que pasar por un largo proceso y, una vez hecha, viajar de un lugar a otro hasta llegar a sus manos.
La prenda comienza, por lo general, con la hilatura. “Una persona tuvo que montar el telar y poner los hilos para hacer la tela”, explica Manrique.
Otra, se encargó del corte; otra llevó los textiles a otro proceso y así sucesivamente. Después, los recibió la persona o el equipo de confección.
Dependiendo de la prenda, pueden seguir otros pasos, como la tintorería y el lavado. Por ejemplo, el jean generalmente se lava con ácido y con diferentes elementos químicos para darle determinado acabado.
Así que la ropa se ve sometida, “no solamente al paso de las manos, sino también expuestas a diferentes químicos que muchas veces dejan residuos dentro del textil”, dice Manrique.
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En esa línea, Luis Miguel Zabaleta, médico dermatólogo, explica que “ciertos tintes, especialmente algunos dispersos utilizados en prendas sintéticas, pueden desencadenar dermatitis”.
Adicionalmente, los textiles pasan por procesos de importación y exportación a través de transporte marítimo, terrestre o aéreo. En esa línea, uno se debería preguntar “¿cuánto tiempo duró en el contenedor, bajo qué condiciones de humedad, expuesto a qué otros elementos del ambiente?”, recomienda Manrique.
Cuando las prendas ya están en la tienda, también pueden permanecer por mucho tiempo en la bodega y, finalmente, cuando son exhibidas, son manipuladas tanto por el vendedor como por los consumidores que se las prueban.
Ahí, la ropa vuelve a estar expuesta a otros elementos y bacterias, y sigue pasando de mano en mano. “Una prenda recién comprada que se usa directamente sobre la piel combinaría residuos de la fabricación con el sudor y la fricción, aumentando la posibilidad de irritación”, comenta Zabaleta.
“Cuando lo ves desde esa perspectiva, dices: ‘claro, debería lavar mi ropa siempre antes de ponérmela, porque ni idea de dónde vino, por cuántas manos pasó y qué residuos tiene’”, comenta Manrique.
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Sin embargo, más que una regla, Manrique dice que esa decisión debe ser del consumidor.
“Si el consumidor tuviera más de conocimiento de lo que pasa en toda la cadena textil para que esa ropa efectivamente llegue a su clóset y en qué condiciones, creo que efectivamente sí la lavarían”, dice la consultora.
De acuerdo con Manrique, hay más conciencia en cuanto a la ropa para bebés, pues los responsables se suelen hacer más preguntas, como “¿si esa prenda trae algo y mi bebé está expuesto, de pronto se le irrite la piel? En esos casos, se suele hacer ese lavado previo”.
Por su parte, Silvia Bernal, asesora de imagen, recomienda lavar la ropa nueva antes de usarla, especialmente “cuando son piezas que van a estar en contacto directo con la piel o más íntimas como la ropa interior”.
Según Bernal, también le parece importante pensar en cómo queremos cuidar nuestra ropa desde el primer momento. “Ese primer lavado ayuda a eliminar el exceso de tintes y residuos y, además, puede disminuir la posibilidad de que la piel se irrite o presente alguna reacción”.
Para ella, la regla es simple: entre más contacto directo y prolongado tenga la ropa con la piel, más importante es lavarla antes de estrenarla. “Y tendría especial cuidado con prendas oscuras o de colores muy intensos, porque suelen liberar más tinte durante los primeros lavados”.
Finalmente, los expertos recomiendan considerar el lavado previo particularmente en ropa interior, pijamas y ropa deportiva; “al estar en contacto prolongado y directo con la piel, tiene más sentido lavarlas antes del primer uso”, dice el dermatólogo.
No hace falta hacer un lavado agresivo. Un lavado normal siguiendo la recomendación de la etiqueta suele ser suficiente. “Si tienes piel sensible, opta por un detergente sin perfume y evita suavizantes muy perfumados. Lavar la ropa nueva es una buena medida preventiva, sobre todo si tienes tendencia a irritarte”, agrega Zabaleta.
En últimas, es un pequeño hábito que ayuda tanto a cuidar la piel como a empezar a prolongar la vida útil de la prenda desde que llega a su clóset.
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