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¿Bogotá se posiciona como un nuevo referente de moda en Latinoamérica?

Bogotá Fashion Week mantiene un equilibrio entre los diseñadores consolidados y las nuevas generaciones, lo que hace que cada marca se destaque.

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Lucety Carreño Rojas
20 de mayo de 2026 - 03:44 p. m.
Pasarela de TRUE en BFW. / CCB
Pasarela de TRUE en BFW. / CCB
Foto: CCB
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Bogotá reunió durante tres días a más de 31.000 personas interesadas en la moda, el talento local, el diseño de autor y los negocios, lo que posiciona a la ciudad como una de las capitales de moda más relevantes de Latinoamérica.

El centro de convenciones Ágora, del 12 al 14 de mayo, volvió a ser el espacio para que los amantes de la moda mostraran sus mejores apuestas estilísticas antes de entrar a las pasarelas de la novena edición de Bogotá Fashion Week (BFW), evento organizado por la Cámara de Comercio de Bogotá.

Lea: ¿Por qué Bogotá se viste como se viste?

“He visto crecer el Bogotá Fashion Week, de hecho fui una de las creadoras, y me parece que la industria bogotana siempre ha estado muy interesante en temas de moda”, dijo Pilar Luna, experta en comunicación de moda.

Aunque el foco principal del evento está en hacer negocios y apoyar la internacionalización de las marcas, en esta edición se evidencia un interés por posicionar a la ciudad como referente de moda, al nivel de una fashion week como Colombiamoda o internacional.

Las expectativas de negocios

El resultado comercial, de acuerdo con la entidad, dejó expectativas de negocios por USD 4,5 millones a corto plazo con compradores internacionales y USD 10,1 millones proyectados a largo plazo, además de USD 1,6 millones adicionales con compradores nacionales a mediano y largo plazo, para un total de USD 11,7 millones en expectativas de negocio.

“En esta edición de BFW pudimos ver la evolución y madurez de las marcas, que mantienen su esencia lograron presentar propuestas comercialmente llamativas. Además la selección de los diseñadores que hicieron parte de esta edición de BFW estuvo impecable, ya que tuvo en cuenta diferentes tipos de propuestas, estéticas y creaciones”, dijo María Juliana Marín Villarreal, experta en derecho de la moda.

Vea: ¿Cómo se visten en Bogotá?: así es el estilo de la capital

El evento mantiene un equilibrio entre los diseñadores consolidados y las nuevas generaciones, lo que hace que cada marca se destaque y se sienta novedoso frente a ediciones anteriores.

BFW mostró que en el país hay vanguardia, creatividad, investigación y moda experimental y comercial. Es aquí en donde se destacan las propuestas de La Petite Mort con su sastrería artesanal; Old Maquiina con una puesta en escena disruptiva que causó sensaciones al estilo de Balenciaga y Margiela; Lyenzo expresando en ropa la experiencia de su creadora con la rosácea; Sixxta con su colorida colección y su estrategia de traer a influenciadoras de otros países para poner en el mapa y en la conversación a Bogotá y a su marca; la remanufactura de Alejandro Crocker con GEF; y Culdebal una marca divertida que muestra que la moda también puede ser arte.

Mantener los negocios y elevar la moda

El componente de las pasarelas fue el más ambicioso en la historia del evento, se presentaron 27 puestas en escena con las colecciones de 44 marcas. La estratégica estuvo enfocada en que compradores, invitados y prensa internacionalconocieran en tiempo real el nivel de producción, concepto y calidad del diseño colombiano.

“Lo que más me gusta es el gran movimiento de moda bogotana, la capital de Colombia se está consolidando, esa era la gran apuesta de lo que queríamos hacer cuando creamos el Bogota Fashion Week. Ese era el sueño, que se viera todo lo que hace la industria en Bogotá, que reúne a todo el país”, agrega Luna.

Según cifras de la Cámara de Comercio de Bogotá, la ciudad cerró 2025 con 34.109 empresas activas en el sector moda. Este récord no solo representa un crecimiento anual del 1,4 %, sino que consolida un repunte del 8,5 % frente a los niveles de 2021.

La capital concentra más del 33 % del mercado nacional gracias a una cadena productiva integrada en un 95 % por microempresas, que sostiene más de 200 mil empleos directos.

“Uno de los propósitos de BFW es el fortalecimiento empresarial de los diseñadores. En esta edición se incluyó, por segunda vez, el proyecto de Artesanías de Cundinamarca, donde también se buscaba llevar sus oficios y el de los diseñadores a un nivel mucho más competitivo y comercial. Esto también se vio reforzado con la posibilidad que tenían los asistentes de conocer y comprar las prendas y accesorios de los diseñadores en la tienda Multimarca y de los artesanos en el showroom”, dijo Marín.

El evento también contó con una tienda multimarca que dejó ventas superiores a COP 226.854.500. “Este espacio permitió a los asistentes adquirir directamente colecciones exclusivas, productos de alta rotación y piezas seleccionadas de las marcas participantes, demostrando el interés del mercado por el diseño local”, aseguraron los organizadores.

Las conversaciones: ¿hacia dónde va la moda?

Además de los negocios, se realizaron 24 conversaciones con más de 84 panelistas nacionales e internacionales para hablar sobre lujo, sostenibilidad, casos de éxito, entre otros temas.

“BFW 2026 fue para mí, sobre todo, el espacio de las conversaciones. Más allá de los desfiles y a la imposibilidad de acceso a la zonas de wholesale para conversar con las marcas, encontré valor en aquellas escasas conversaciones que se permitieron cuestionar la moda desde los materiales, los oficios, la ética, la imagen, el territorio y las maneras en que estamos construyendo futuro desde Latinoamérica", dijo Carolina Agudelo, experta en cultura material.

Uno de los temas más presentes fue la necesidad de volver a mirar nuestra cultura material con profundidad: “entender que los materiales no son únicamente recursos productivos sino memoria, biodiversidad, conocimiento y posibilidad de futuro. Hubo conversaciones especialmente valiosas alrededor del agro, las fibras, los sistemas artesanales, el backstage invisible de la moda y las tensiones entre innovación, ciencia y saberes ancestrales”, explica Agudelo.

También fue evidente una inquietud compartida sobre la necesidad de desacelerar ciertos procesos y construir desde tiempos más honestos y coherentes con nuestros territorios y comunidades, en contraposición con el ritmo vertiginoso de los negocios y el comercio. “Me pareció importante que varios invitados insistieran en la responsabilidad ética detrás de las prácticas creativas y en la necesidad de reconocer de manera justa a quienes sostienen los oficios y las cadenas productivas”.

Agudelo valora que BFW continúe abriendo espacios para la reflexión y el encuentro entre distintos actores de la industria. Sin embargo, “sigo creyendo que aún hace falta más profundidad crítica y conceptual en muchas de estas conversaciones. Curadurías en manos de personas que realmente conozcan los temas álgidos a tratar y que sean más propositivas a la hora de proponer invitados, moderadores y sobretodo, líneas temáticas. Latinoamérica no puede quedarse únicamente como una estética o una tendencia discursiva; requiere discusiones más complejas sobre poder, materiales, economía, negocios, educación, cultura y futuro”.

Aunque las conversaciones tuvieron a invitados relevantes, sí es clave que las charlas se enfoquen en narrativas más centradas en las dinámicas locales y no en discusiones propias del norte global.

¿Qué tan abierto al público es realmente el evento?

El evento es abierto al público, pero para ingresar a las pasarelas es necesario tener invitación. Los organizadores han buscado la manera de incluir las experiencias como eventos de ciudad.

En redes sociales muchas personas comentan que no sienten que “pertenecen”, pues no pueden acceder a todos los espacios. Lo bueno en esta edición fue que incluyeron pantallas en diferentes pisos para que los que no podían ingresar a las pasarelas, las vieran.

El cambio de un evento enfocado solo en los negocios, a una semana de moda conlleva retos importantes, pero el escenario se está dando y se ve el interés porque BFW sea un espacio inclusivo, democrativo y lucrativo para las marcas, que mantenga el enfoque de los empresarial, pero que posicione la moda colombiana ante el mundo.

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Lucety Carreño Rojas

Por Lucety Carreño Rojas

Comunicadora social de Uninpahu, vinculada a El Espectador desde 2016. Periodista de moda y negocios. Directora de El Hilo, el formato audiovisual de moda de EE.@LucetyClcarreno@elespectador.com
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