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Cuidar la ropa no solo hace parte del higiene personal, también es un ritual para preservar la vida útil de las prendas.
También es todo un reto, pues las prendas ya no se fabrican con el mismo cuidado y con materiales que perduran, como ocurría en el pasado, gracias a la moda rápida (que parece más económica, pero tiene un alto costo detrás).
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Es importante diferenciar los materiales: los jeans no se deberían lavar en cada postura, hay prendas que no se meten en la lavadora ni en la secadora como la seda o el lino y es fundamental separar la ropa blanca de la de color.
Cada detergente tiene su papel. “El líquido protege los colores oscuros y vence las manchas grasas; el polvo devuelve la pureza a los blancos; el delicado es el guardián de la seda y la lana. Escoger bien es cuidar mejor”, dice Piluka de Echegaray, experta en imagen personal.
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La ropa que destiñe también se debe lavar por separado, al revés, en agua fría o tibia y con detergente para ropa de color.
Conservar el color en la tela es sencillo, dice la experta, si se es fiel a las reglas de siempre: lavar en frío, dar la vuelta a las prendas, evitar el sol directo y huir de la secadora. “Pequeños gestos que hacen que los tonos se mantengan vivos como el primer día”, afirma.
Además, el clima dicta lo que vestimos y cómo cuidamos lo que vestimos. “El frío exige lana y cachemir; el calor pide lino y algodón. La humedad, el sol y el aire de cada ciudad son aliados o enemigos silenciosos de la ropa”, agrega.
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